EL PAíS › OPINION

La agenda del vetador serial

 Por Claudio Presman *

En los últimos días, el adjetivo “serial” ha cobrado popularidad asociado al sustantivo “vetador”, para definir las acciones del jefe de Gobierno Mauricio Macri. Más allá de aclarar que tal sustantivo no existe, aceptemos por un momento que el uso popular lo ha impuesto y será más tarde reconocido por la RAE. Lo que nos interesa aquí es destacar el término “serial”. Ya nadie lo usa para referirse a las series de TV. Su uso se asocia más a los asesinos. Pero si Macri es “serial”, ¿quiénes son las víctimas de su “vetomanía”?

Un análisis somero de los vetos totales y parciales decretados por Macri desde su asunción en 2007 nos permite observar que su agenda “serial” apunta a aspectos centrales de la calidad de vida de los ciudadanos porteños y en particular al daño de los sectores populares de nuestra urbe.

El principal ámbito de legislación afectado por los vetos tanto totales (14) como parciales (tres) ha sido el Espacio Público. Leyes de permisos de uso precario y cesión de terrenos que benefician a diferentes asociaciones civiles y cooperativas han sido particular objeto del ukase macrista. El segundo lugar en materia de vetos corresponde al área de Trabajo, con nueve vetos totales. Aquí se destacan los vetos al Programa de inclusión laboral para jóvenes en situación de vulnerabilidad (Ley 3721) y la prórroga hasta 2017 del régimen de protección a 29 fábricas recuperadas (Ley 4008). En tercer lugar, el área de derechos humanos. De los ocho vetos totales macristas, se destacan los referidos a las leyes relativas a la creación del Fondo para la localización y restitución de niños en cautiverio y a la creación de la Oficina contra la trata de personas. No queremos someter al lector a un largo listado de 95 vetos. Los casos aquí referidos expresan claramente que el Ejecutivo porteño marcha hacia un lado mientras la sociedad lo hace hacia otro. ¿Quién podría objetar estas leyes sancionadas por la Legislatura porteña?

Si concluyéramos aquí nuestro análisis, sería incompleto. Es necesario considerar también que, si bien el veto es una facultad de la cual gozan los Poderes Ejecutivos, la misma debe ejercerse con moderación y cautela. Entre otras razones, porque, a diferencia del Ejecutivo, el poder del cual emanan las leyes es representativo del conjunto de la sociedad. El Ejecutivo representa a una mayoría circunstancial. En el Legislativo estamos representados todos. Es obvio que el partido del jefe de Gobierno también está presente en la Legislatura pero, además, ha votado buena parte de las leyes que su líder veta luego. Podemos encontrar ejemplos históricos de legisladores que se han enfrentado a sus respectivos Ejecutivos. Pero es difícil hallar bloques legislativos completos enfrentados a su Ejecutivo.

El ejercicio del veto debe ser “responsable” y, de ser así, es obvio que no puede transformarse en una práctica de obstaculización constante de la labor legislativa. Si el ingeniero Macri desea desplegar sus instintos agresivos, será conveniente que sus víctimas sean la contaminación ambiental, la privatización del espacio público, el caos del transporte público y la negación de derechos elementales de salud, educación, vivienda y alimentación, entre otros muchos problemas que nos aquejan. Esa es la agenda que se impone en nuestra querida Buenos Aires.

* Legislador porteño, Unión Cívica Radical.

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