EL PAíS › DE QUé ACUSAN A MACRI Y CóMO TRATA DE EVITARLO

Pasos rumbo al juicio oral

El mes que viene la Casación tendría que resolver cinco planteos del jefe de Gobierno porteño para evitar ser enjuiciado en el caso de las escuchas. Las claves para entender la trama y los interrogantes que se abren ahora.

 Por Raúl Kollmann e Irina Hauser

La Cámara de Casación resolvería en junio los cinco planteos presentados por Mauricio Macri para tratar de frenar el proceso judicial por el espionaje telefónico. Lo habitual es que los integrantes de Casación rechacen recursos planteados ante resoluciones que no sean definitivas o en casos en que no haya personas presas. De manera que la lógica es que dé vía libre para que se siga adelante hacia la designación de un Tribunal Oral, después de que el juez Norberto Oyarbide determinó el final de la etapa de instrucción y puso en marcha las cosas hacia un juicio oral que, por lo que ocurre habitualmente, tarda más de un año en ponerse en marcha.

El caso le plantea a todos los imputados una serie de interrogantes a los que les tendrán que encontrar respuestas:

¿Cuál es la principal acusación?

La imputación formulada por el juez y por la Sala I de la Cámara Federal es que en el marco del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se armó una estructura de espionaje. Las pruebas centrales tienen que ver con que el hombre-clave de esa estructura, el espía Ciro James, fue contratado por el gobierno porteño, ubicándolo en el Ministerio de Educación. El titular del área, Mariano Narodowski, nunca pudo explicar qué hacía James en su ministerio. No se presentó ni un papel ni siquiera un mail que acredite su trabajo allí. De manera que el magistrado y la Cámara consideraron que la administración Macri financió una organización de espionaje a la que le dio su lugar dentro de la estructura del propio gobierno porteño. Más allá de que Macri dice que el caso es un armado del kirchnerismo, no lograron hasta el momento explicar los hechos.

¿Por qué Macri?

Los elementos en su contra son variados. El primero es que James tenía un puesto en su administración, sin que realizara ningún trabajo. El segundo es que James era un hombre postulado por el policía de confianza de Macri, Jorge “el Fino” Palacios. En principio, Palacios trató de negar esa relación sosteniendo que James sólo quería entrar en la Metropolitana. Lo que se probó es que Palacios y James hablaron más de dos veces por día a lo largo de tres meses y en varias oportunidades después de las diez de la noche o antes de las ocho de la mañana, es decir en horarios que no se condicen con un hombre que está pidiéndole trabajo a otro, casi en forma burocrática. A esto se agrega que varias comunicaciones se produjeron enseguida después de que James retirara de la SIDE las grabaciones de las escuchas ilegales. Macri hasta hoy reitera su apoyo a Palacios, lo que muestra su comunión con él. Por último, uno de los espiados fue Daniel Leonardo, una especie de parapsicólogo, cuñado de Macri, casado con su hermana Sandra. El jefe de Gobierno ha dado a entender que la escucha fue contratada por su padre, Franco, pero es difícil de creer que Palacios haya dado el visto bueno a esa operación sin el visto bueno de Macri. Todo indica que espiaron a Leonardo para luego convencer a Sandra de que se divorcie, haciéndole escuchar las conversaciones de Leonardo sobre sus inclinaciones sexuales. Pese a estos elementos, Macri insiste en que la causa es un armado.

Ciro James y Palacios, ¿qué actitud están adoptando?

En verdad, mantienen silencio. Sus explicaciones hasta el momento zozobraron, entre otras cosas porque quedaron demasiadas pruebas de las maniobras de espionaje. El método es que armaban causas falsas en Misiones, conseguían órdenes de jueces de esa provincia para espiar a personas a las que vinculaban con secuestros e incluso asesinatos –el empresario Carlos Avila, por ejemplo– y luego las escuchas eran retiradas personalmente por James en la SIDE. Uno de los argumentos con los que se defienden, incluyendo a Macri, es que el origen de la causa es una llamada a Sergio Burstein, cuya esposa murió en el atentado contra la AMIA, advirtiéndole que estaba siendo escuchado por Palacios. Buena parte de los acusados dicen que la comunicación fue hecha por un agente de la SIDE, lo que, según ellos, nulificaría la causa. En cierta forma están diciendo que los hechos son ciertos, pero que sería irregular el origen del expediente. Respecto de Palacios, el caso tiene dos elementos más. En primer lugar, la escucha a Burstein se hizo justo cuando el juez Ariel Lijo estaba decidiendo si procesaba o no a Palacios por las irregularidades en la investigación de la AMIA. En segundo lugar, también se detectó que desde su oficina se pidieron informes económicos de varios legisladores porteños de oposición e incluso del jefe de Gabinete de Macri, Horacio Rodríguez Larreta. Ni Oyarbide ni la Cámara consideraron que semejante cantidad de indicios sean casualidades y, por lo tanto, dictaron los procesamientos y ahora el magistrado dio por finalizada la instrucción.

Lo que se viene

Parece cantado que todos los imputados van a tratar de demorar el juicio oral lo máximo posible. Aunque públicamente Macri ha dicho que quiere el juicio oral para “demostrar la verdad”, es obvio que planteará recursos y una serie de medidas para cuando sea designado el Tribunal Oral. Habrá que esperar previamente lo que diga la Casación en junio. Oyarbide, a quien se le endilgan demoras en sus expedientes, criticó esta semana a la Casación porque tiene casi dos años de demora en este caso. Para dar una idea, María Julia Alsogaray tiene todavía un juicio oral pendiente, viene logrando postergaciones y se trata de un caso de los años ’90. Sobre esa base, no resulta fácil pronosticar cuándo se hará el juicio oral. Parece claro que no va a ser en 2012 y es dudoso que se haga en 2013.

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Imagen: DyN
 
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