EL PAIS › DURAS CRITICAS A LA MUESTRA POR LOS TREINTA AÑOS DE LA CONADEP EN EL SAN MARTIN

El PRO sigue creyendo en los dos demonios

Desprolija, con recortes inexplicables y hasta con faltas de ortografía, la muestra de “homenaje” al Nunca Más es un manifiesto ideológico de cómo ve el tema de los derechos humanos este gobierno porteño.

La muestra por el trigésimo aniversario de la Conadep organizada por el gobierno porteño en el Centro Cultural San Martín generó especial rechazo entre sus ex trabajadores. “La Conadep fue un comienzo, importante, pero pretender que se congele la historia en la Conadep es una falta de respeto, un gesto de egoísmo y de cortoplacismo político”, destacó Eduardo Schiel, uno de los redactores del Nunca Más. Roberto Berdún, que tuvo a su cargo el archivo de la Conadep, se indignó al ver a Graciela Fernández Meijide, desde una pantalla, calificar de “aberrante” la actualización del prólogo de 1984, que contiene la teoría de los dos demonios. “Era una reparación histórica necesaria que vino a saldar (Eduardo Luis) Duhalde. Era inadmisible un prólogo con la teoría de los dos demonios cuando las 500 páginas que siguen muestran que el terrorismo de Estado fue el único demonio”, afirma.

Pero la visión de dos demonios se impone desde el de acceso a la muestra. El primer documento expuesto no es el decreto de creación de la Conadep sino el que ordenó enjuiciar a dirigentes de Montoneros y del ERP. La muestra en sí es mínima. De las inspecciones a centros clandestinos sólo hay fotocopias en blanco y negro tamaño anotador. El texto guía es una cronología que mezcla hechos históricos con datos intrascendentes (el día que Fernández Meijide aceptó ser secretaria), insólitos (Independiente campeón), algunos que ameritarían explicaciones (renuncias de miembros de la comisión o el día en que el Congreso “ordenó arrestar” a Von Wernich) y otros cuya inclusión sólo se puede entender como guiños PRO (una conferencia de prensa de Raúl Alfonsín “sin cuestionarios previos ni temas prohibidos”). La mención a “asociaciones de derechos humanos” en referencia a los organismos pone en evidencia la ajenidad a la temática, que se complementa con ejemplos de falta de rigurosidad como “Arguindegui” sin hache y con i.

Un párrafo que sobresale por lo que oculta refiere que en marzo de 1984 “la Conadep propone que su tarea debería consistir” no sólo en la búsqueda de “desaparecidos” sino en “la identificación de los ‘desaparecedores’, como estrategia para permitir saber qué sucedió con los primeros a partir de llevar a los segundos a la Justicia”. Los segundos no sólo vivieron más de veinte años sin noticias de la Justicia sino que –dato central que la muestra silencia– el Nunca Más no incluyó el anexo con más de un millar de nombres de represores, que en 1986 publicó El Periodista de Buenos Aires.

María Eugenia Lanfranco, que trabajó ad honorem en tareas de archivo y recibiendo denuncias, valoró como “un acto de coraje” el rol de los miembros de la Conadep. “Pero quienes siguen vivos podrían explicar que aquel contexto los limitó y que por eso se recurrió a la teoría de los dos demonios”, planteó. “Que la sigan reivindicando treinta años después es inaceptable. Se pierden la oportunidad de tener un acto de grandeza”, destacó, y repudió “la actitud oportunista” del macrismo al realizar la muestra. “¿Dónde están las banderas amarillas del PRO en las marchas de derechos humanos o en los juicios a represores?”

“La muestra me hizo ruido desde que supe que venía del macrismo”, confesó Silvia Di Florio, que trabajó en el archivo de la Conadep y hoy es documentalista. “Da bronca porque son los mismos sectores que apoyaron las leyes de impunidad y que hoy están lejos de los juicios”, señala y lamentó el rol de algunos ex miembros de la Conadep. “Nuestra historia política muestra que hemos crecido como pueblo y hoy todos sabemos que gran parte de los desaparecidos no eran gente ingenua e inocente sino militantes que peleaban por un mundo diferente. En 1984 no se podía hablar, pero hemos atravesado todo un proceso político y hoy sí se puede hablar, entonces veo una suciedad que no me gusta”, resumió. “Si son coherentes deberían respaldar la legitimidad de los juicios”, remarcó.

“Genera irritación el grado de hipocresía de determinados discursos. Se pueden tener distintas lecturas de los procesos políticos, pero pretender usar a la Conadep para confrontar una política de derechos humanos es inadmisible”, destacó Schiel. “Nadie discute la importancia del Juicio a las Juntas, pero no podemos descontextualizarlo de las leyes de impunidad y los indultos que vinieron después, hay que respetar los hechos”, reclamó.

Roberto Berdún, que tuvo a su cargo el archivo de la Conadep y de la Subsecretaría de Derechos Humanos hasta la sanción de las leyes de impunidad, recordó el trabajo contrarreloj para depurar el anexo de víctimas y destacó que el día antes de su entrega formal les pidió sin suerte a Ernesto Sabato, Fernández Meijide y Magdalena Ruiz Guiñazú que se postergara la publicación para subsanar errores. “Se publicó como estaba y hasta hoy se usa políticamente –lamentó–. Es horrible ver a Graciela decir que fue aberrante la corrección del prólogo. Era una reparación histórica necesaria que vino a saldar Duhalde. Era inadmisible un prólogo con la teoría de los dos demonios cuando las 500 páginas que siguen muestran que el terrorismo de Estado fue el único demonio.”

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Críticos vocales de una muestra que es “una falta de respeto” a la historia de una lucha.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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