EL PAíS › VIKTOR KLIMA, DE VOLKSWAGEN

“No reducir salud ni educación”

No lo dice un piquetero, sino el presidente de la multinacional, ex canciller y ex ministro de Economía de Austria. Que agrega que hay que negociar bien y no preocuparse por los fondos buitres, y que en Europa entienden más de lo que parece.

 Por Cledis Candelaresi

En boca del ex canciller y ministro de Economía de Austria y actual presidente de Volskwagen Argentina, Viktor Klima, la reflexión resulta impactante: “Los argentinos no pueden reducir costos de educación y salud para pagar a los fondos buitres”, señaló durante su diálogo exclusivo con Página/12, trazando una divisoria entre esos acreedores y los inofensivos jubilados. Es más. Para el ex funcionario socialdemócrata no es pecado destinar a aquellos rubros sensibles el dinero de un superávit superior al proyectado, en lugar de orientarlo a cancelar las obligaciones. Aún así, para el ejecutivo llegar a un acuerdo con los bonistas desairados es vital para que Argentina consiga capitales externos y evite un colapso por falta de inversiones.
–¿La actual mejora de los indicadores económicos es lo que llamamos un “veranito” o indica una mejora auténtica y sostenible?
–En términos reales, el PBI es más bajo que el del 2001. Necesitamos algunos años más para recuperar el standard de vida que tenía Argentina. Pero hay indicadores no temporarios en buen sentido. Conozco gente que está repatriando dinero para invertirlo aquí.
–¿Conoce casos de repatriación de capitales?
–Sí. Y creo que es un gran desafío para las autoridades argentinas, para los políticos y empresarios, convencer de que este es un país creíble. Para mí fue una sorpresa negativa saber que había miles de millones de dólares de los argentinos fuera del país. ¿Cómo pueden esperar que los extranjeros inviertan si ellos no creen en su propio futuro? Pero creo que esto está cambiando.
–¿Usted traería capital propio para hacer una inversión de riesgo?
–No sólo el propio sino el capital de la empresa, que es más importante. Una oportunidad de negocios la ofrece el desarrollo de la Argentina. Otra, la integración regional a través del Mercosur. Hoy tenemos un mundo unipolar, liderado con los Estados Unidos. Pero en cinco o diez años tendremos un mundo multipolar. Un polo adicional será la Unión Europea. Otro, Asia. Y Sudamérica tiene la chance de ser algo más que el vagón de cola de los EE.UU.; por el contrario, puede ser un polo de desarrollo político y económico independiente. Los presidentes Lula y Kirchner tienen voluntad de desarrollar el Mercosur con este sentido.
–¿Cómo bloque político o comercial? Porque en este rubro aún hay muchos problemas...
–En el largo plazo un bloque económico no funciona si no está consolidado políticamente. Primero hay que concretar el acuerdo económico. Después, reforzarlo con otras normas. Argentina merece credibilidad. Pero sus políticos tienen la responsabilidad de fortalecer las instituciones. Me da miedo que un país dependa de una sola persona, como el Presidente.
–¿Es el caso argentino?
–Por ejemplo. Cuando la Corte Suprema, el Parlamento u otras instituciones son más fuertes, el desarrollo es menos dependiente de una sola persona. ¿Por qué la inversión en América del Sur es más riesgosa que en Europa o en China? En Europa tenemos cambios políticos, pero el sistema legal es tan fuerte que las reglas de juego principales no cambian. En China no hay cambios políticos ni de reglas repentinos. América del Sur tiene, afortunadamente, una democracia, que entraña cambios políticos. Pero las instituciones son tan débiles, que esos cambios suelen modificar también las reglas de juego. El desafío adicional para un presidente es que su país siga funcionando cuando él ya no lo maneje.
–¿Le parece que Kirchner entiende esto?
–Creo que Kirchner entiende esto, y una gran ventaja es que piense en el balance social. Un desarrollo no puede ser sustentable cuando los pobres van a ser más pobres y los ricos más ricos. La paz social y la distribución del ingreso son muy importantes para la sustentabilidad de un país. Y Kirchner tiene este feeling: sabe que tiene la obligación demejorar el sistema de salud, de educación y empleo. Combatir el desempleo es prioritario: el 15 por ciento de desempleados es un peligro para la seguridad y la paz social.
–Justamente, el Gobierno argumenta que no es posible hacer una propuesta más generosa a los acreedores porque la prioridad es atender la demanda social. ¿Ese argumento es irrefutable entonces?
–En general, sí. En detalle, no sé si el presupuesto de la Argentina no tiene posibilidades de mejorar la eficiencia en prestaciones públicas o reducir gastos en burocracia. Si el Gobierno focaliza la plata adicional del crecimiento en educación y la salud para todos, no sólo para quienes pueden pagar una prepaga de 300 pesos por mes, tiene razón.
–Pero éste no parece ser un argumento atendible por el G-7...
–Yo discutí con Hans Eichel, el ministro de Finanzas de Alemania, y otros amigos de Europa y le aseguro que ellos entienden la situación de Argentina, pero esperan que demuestre voluntad de solución. Además, hay un problema legal. Cuando una jubilada alemana compró bonos argentinos por 100, es lógico que espere que le devuelvan 100. Pero cuando un fondo buitre compra por 20 un título de 100 y espera una ganancia en pocos meses de cinco o seis veces lo que invirtió, no es justo. Los argentinos no pueden reducir los costos de la educación y salud para pagar a esos fondos. El problema es que resulta muy, muy difícil diferenciar legalmente entre los pequeños y los grandes. Pero la idea de un bono atado al crecimiento de la economía en el futuro es favorable y puede ofrecer la chance de un acuerdo con los bonistas. Yo entiendo la argumentación del Gobierno. Pero el futuro de Argentina depende de las inversiones extranjeras.
–Es el argumento que el otro día expuso Anne Krueger...
–No sólo ella. Argentina puede crecer hasta agotar su capacidad instalada. Pero en uno o dos años alcanzaremos el límite y se necesitarán nuevos capitales. Entre otras cosas, para eso un acuerdo con el FMI y con los acreedores es importante en el mediano y largo plazo. Creo que el Gobierno sabe esto y quiere alcanzar este acuerdo. Creo que Kirchner quiere integrar a la Argentina en el mundo político y sabe que la lucha contra la corrupción es importante. Yo espero que, además, deformaciones en el sistema laboral como la doble indemnización sean sólo medidas temporarias. Cuando pienso como político entiendo que se mantenga para los empleados “viejos”. Pero no entiendo por qué también rige para los nuevos.
–¿Cree que habría aumentos generales si no fueran inducidos por decretos?
–Entiendo que en una situación confusa y de gran desempleo el Gobierno intervenga a favor del consumo y los salarios. Pero en una situación normal, éstos deben surgir del acuerdo entre empresarios y sindicalistas.
–La industria automotriz tiene aún mucha capacidad ociosa y, al mismo tiempo, demanda inversiones. ¿Cómo es esto?
–Estamos en una fase de tránsito donde las empresas pueden usar la capacidad para nuevos modelos. La estrategia del sector automotor es inteligente: no luchar entre socios del Mercosur sino complementarse. Los coches con gran volumen se producen en las grandes plantas brasileñas. Y aquellos de hasta 100 mil unidades, se producen aquí. Pero no sólo es importante el ensamble para el empleo futuro. La clave es el valor agregado: cuántas partes se producen localmente. No sólo importa cuánto se exporta sino el valor agregado incluido en esos bienes.
–¿No hay que preocuparse porque el grueso de los autos que se consumen en Argentina son fabricados en Brasil?
–Austria importa el 100 por ciento de los coches completos. Son 55 mil millones de euros. Pero exporta 80 mil millones en motores y cajas de transmisión. Buen negocio para la sociedad de Austria.
–¿Este podría ser el esquema para la Argentina?
–No totalmente. Argentina tiene capacidad para producir coches y hay que mantenerla. Exportamos a Brasil pocos, pero 100 millones de dólares de cajas de transmisión. Nosotros vamos a aumentar en un 30 por ciento la capacidad de nuestra planta de Córdoba y también subir la producción de los coches. Es un mix.
–¿El bajo poder adquisitivo del salario condiciona esos planes?
–En el pasado el mercado argentino era muy parecido al mexicano, mucho más cerca al europeo. Pero después de la devaluación, es parecido al brasileño: la capacidad de compra para importados cayó y el mercado de los autos se piensa en dólares, porque tienen muchos componentes dolarizados.

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