EL PAíS › LA INSOLITA POLITICA ANTISINDICAL DE LA MULTINACIONAL NORTEAMERICANA

Wal Mart, la empresa que odia los gremios

Fue denunciada hasta por Human Rights Watch por su dureza ante todo lo que sea dejar que se organicen los trabajadores. En cada país en que opera, aplica manuales antigremio notables, con “herramientas” que “nos salvaguarden” de los sindicatos. En Argentina sufrieron un solo paro, produjeron despidos y operaron fuerte entre sus “asociados”: ni siquiera dejan usar la palabra “empleado”.

 Por Mariana Carbajal

La empresa de supermercados Wal Mart fue denunciada en Estados Unidos por la organización de derechos humanos Human Rights Watch por su política corporativa para mantener sus tiendas libres de sindicatos. En Avellaneda la compañía estadounidense está librando una batalla cuerpo a cuerpo con una comisión gremial recientemente elegida que logró romper el cerco de silencio que pretende imponer el gigante minorista a sus empleados y pronunció por primera vez palabras desterradas hasta entonces: reclamos laborales y salariales. A partir de ese momento se desató “una fuerte persecución, que incluye el despido de trabajadores por su participación gremial”, denunciaron dos delegados de la sucursal Avellaneda a Página/12. A uno lo echaron dos veces. La constante prédica antisindical no se ejecutaría sólo en territorio norteamericano, aunque Wal Mart Argentina lo niegue rotundamente (ver aparte). Una investigación del Centro de Estudios de Investigaciones Laborales del Conicet revela el abanico de dispositivos que desarrolla la firma para debilitar cualquier intento de organización gremial. Como muestra vale el caso de la sucursal porteña de Wal Mart, ubicada desde hace 11 años en Villa Pueyrredón, donde ante la sorprendente pasividad del sindicato de comercio que encabeza Armando Cavalieri, no existe ningún cuerpo de delegados que represente a sus trescientos empleados. “La cultura antisindical de Wal Mart se ve bendecida y potenciada por la contratación para su nivel gerencial de mano de obra proveniente de las fuerzas armadas, con toda la carga nefasta que eso implica para la memoria de los militantes sindicales, teniendo en cuenta la historia reciente de la Argentina”, señaló la socióloga Paula Abal Medina, docente de la UBA y becaria del Conicet, autora del estudio sobre la cadena de supermercados.

En Estados Unidos, Wal Mart es el principal empleador privado, con 1.900.000 empleados y casi 4000 tiendas. La empresa se ha expandido por otros 13 países y en 2006 tuvo una facturación mundial de 351.000 millones de dólares. En Argentina, el año pasado facturó más de mil millones de pesos, según informó la propia compañía a este diario, con 5600 empleados en 15 tiendas distribuidas en distintas provincias. En 2006 abrió hipermercados en San Luis y San Juan, y un autoservicio más pequeño en La Rioja. Cada tienda tiene un promedio de trescientos empleados, la mayoría muy jóvenes, con modalidades de contratación diversas: hay quienes están bajo el régimen del convenio colectivo de trabajo, otros son tercerizados o contratados a través de agencias.

La investigación de Human Rights Watch reveló que ninguno de los trabajadores de Wal Mart en Estados Unidos se encuentra representado por sindicato alguno. “En Brasil, ninguna de sus 290 tiendas tiene un delegado”, comentó a Página/12 Pedro Orlando Machado, secretario general del Sindicato de Comercio de Avellaneda y Lanús.

Para la reconocida organización de derechos humanos no se trata de un hecho fortuito. Según pudo determinar en Estados Unidos, en la mayoría de los casos Wal Mart empieza a adoctrinar a sus gerentes desde que se los contrata para que se opongan a cualquier intento de organización gremial. “Los gerentes reciben instrucciones explícitas sobre cómo evitar la formación de sindicatos, muchas de las cuales forman parte de la ‘Caja de Herramientas Gerenciales’, una guía explicativa sobre ‘cómo permanecer libres de sindicatos en el caso de que los representantes sindicales elijan su establecimiento como el próximo blanco’.” HRW aclara en su reciente informe que la mayoría de las tácticas empleadas por la compañía se ajustan a la “débil legislación” laboral estadounidense, aunque también apela a mecanismos ilícitos, como mandar a sus gerentes a escuchar conversaciones de sus empleados o incluso “reposicionar la cámaras de vigilancia para monitorear a los simpatizantes sindicales”. Carol Pier, investigadora sobre derechos laborales y asuntos comerciales de HRW, concluyó que la gigantesca compañía “está dispuesta a hacer casi cualquier cosa para mantenerse libre de sindicatos”.

“Lo que sucede en Estados Unidos es muy similar a lo que pasa en Argentina. Es un molde corporativo que aplican en todo el mundo”, señaló Martín Falcón, delegado gremial de la sucursal Avellaneda. Allí, hace un año empezaron a romper el molde. De las 15 sucursales sólo diez tienen comisión interna. Pero en la única en la que alguna vez se realizó un paro activo, con bloqueo de buena parte de las entradas con changuitos para demandar mejoras laborales fue en la de Avellaneda, el 4 de febrero: cajeras, repositores, personal de ventas, todos juntos reclamaron el pago doble de los domingos, luego de la sanción de una ley provincial. “Fue una medida inédita en esos espacios empresariales”, apuntó Abal Medina. Según su visión, los sindicatos han sido “generalmente funcionales o cómplices de los intereses de la empresa”.

Entre las tiendas que carecen de cualquier tipo de representación sindical se destaca la de Avenida de los Constituyentes, a dos cuadras de General Paz, en Villa Pueyrredón, dominio de Cavalieri. Tiene 11 años de antigüedad y nunca tuvo delegados.

Asociados

“Wal Mart, como tantas otras empresas, viene a usufructuar los efectos de una historia de terrorismo de Estado y debilidad de los trabajadores. Salarios bajos, condiciones precarias, trabajadores jóvenes sin experiencias laborales previas pero principalmente sin antecedentes de actividad sindical o política de ningún tipo. Paradójicamente, la cultura antisindical de Wal Mart se ve bendecida y potenciada por la contratación para su nivel gerencial de mano de obra proveniente de las fuerzas armadas, con toda la carga nefasta que eso implica para la memoria de los militantes sindicales, teniendo en cuenta la historia reciente de la Argentina”, señala Abal Medina. La máxima autoridad en materia de Seguridad de Wal Mart Argentina es Alfredo Oscar Saint Jean, militar que se desempeñó durante la última dictadura en destinos tan complicados como Tucumán, Bahía Blanca, Tandil y Azul (ver aparte).

La socióloga analizó en profundidad la política “antisindical” del gigante minorista en su trabajo “Dispositivos de poder en empresas. Un estudio de la relación capital-trabajo en grandes cadenas de supermercados”, publicado por el Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo, del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales del Conicet. Para Abal Medina, “la forma que adopta la política antisindical de la compañía es el destierro de la alteridad”. Es decir, “evitar a partir del ejercicio de una multiplicidad de prácticas ínfimas y cotidianas en los lugares de trabajo que los trabajadores perciban a la empresa como un alter; como un actor con intereses divergentes, antagónicos a los del colectivo de trabajadores. El trabajador modelo de Wal Mart es aquel que, despojado de una percepción del mundo como campo de fuerzas, sea capaz de ‘entregarse’ a la reiterada metáfora empresaria de la ‘gran familia’”, describe la socióloga.

La práctica más emblemática en este punto, advierte Abal Medina, es el uso de la palabra “asociado” para denominar a cualquier integrante de la empresa: desde el director general hasta el trabajador eventual contratado por una agencia. “Así, Wal Mart pretende invisibilizar, negar la condición de trabajador, el carácter asimétrico del vínculo entre el trabajador y la empresa”, analizó.

Abal Medina accedió a un manual confidencial para ejecutivos de la firma en el que hay expresas indicaciones de evitar contratar personal que pueda llegar a tener ideas sindicales. “Se investiga el pasado del aspirante, sus formas de pensar y concebir las relaciones, su opinión sobre la empresa. Miles de indicios son alarmas para la sospecha y la negativa al aspirante: participación en alguna marcha estudiantil, afiliación a un sindicato, etc. Cualquier expresión que ponga de manifiesto que se está ‘contra el management’”, describe la becaria del Conicet.

En la introducción del manual confidencial se explica claramente su objetivo: “Esta guía ha sido desarrollada para asistirlo en una mejor comprensión de la filosofía de Wal Mart, recordando diversas medidas preventivas que nos salvaguarden de los sindicatos y para brindarle elementos que le permitan comprender cómo operan esas organizaciones”. El gerente de Relaciones Institucionales de Wal Mart Argentina, Hernán Carboni, dijo a Página/12 que desconocía la existencia de este instructivo y negó de plano que exista una política corporativa “antisindical” (ver aparte).

Entre las iniciativas desarrolladas por la compañía para mantener a los sindicatos alejados, se destaca la llamada “política de puertas abiertas”, precisa a este diario Abal Medina. A través de ella, los empleados (“asociados”) están invitados a dirigirse directamente a su superior inmediato hasta llegar a la gerencia de Recursos Humanos si tienen algún problema. Abal Medina comprobó en la sucursal de Villa Pueyrredón hasta qué punto los empleados confunden la oficina de RR.HH. con la de una delegación gremial. “Fue para mí una constatación muy dolorosa porque ocurría de manera reiterada que frente a la pregunta ‘¿hay delegados sindicales en la sucursal?’ muchos trabajadores contestaran ‘no, pero acá tenemos algo parecido que es la política de puertas abiertas’. Lo cierto es que para que esta confusión prospere en los trabajadores se requiere de la complicidad de dos actores: la empresa y el sindicato”, reflexiona Abal Medina.

La excepción

En Avellaneda, sin embargo, un grupo de empleados logró vencer el cerco que pretendía mantener al cuerpo de delegados como gestor de turnos de la obra social, como venía ocurriendo desde hacía una década. El cambio se produjo en mayo de 2006, cuando al producirse una vacante ingresó a la comisión interna Leonardo Camil. Este hombre generó un hecho histórico: por primera vez en la vida de esa sucursal –la más antigua del país, con casi doce años– convocó a una asamblea. En ese ámbito comenzaron a escucharse reclamos laborales. Menos de un mes después, el 20 de julio, Camil hizo una presentación en la sede de Avellaneda del Ministerio de Trabajo bonaerense: denunció que Wal Mart descontaba el premio de presentismo a los empleados que llegaban tarde, cuando la ley prevé que sea cuando se falta al lugar de trabajo. “La tarde en que hace la presentación Wal Mart echó a la hermana y a la cuñada, que también eran empleadas, acusándolas de robar. Al día siguiente, el director de la tienda, Mariano Pochat, reunió a todos los empleados y les anunció el motivo de despido de ambas”, señaló el delegado Falcón. El caso está en la Justicia. Pero a partir del planteo de Camil, Wal Mart tuvo que cambiar su forma de descontar el presentismo. No fue el único reclamo que realizó. En agosto denunció al Inadi que la empresa discriminaba a los afiliados al sindicato escatimándoles los pines. También hizo pedidos de aumento de sueldo y de otras mejoras laborales.

En septiembre estaban previstas elecciones de delegados. Tres de los que pensaban postularse por la lista de Camil fueron sorpresivamente despedidos sin causa antes de que notificaran su decisión a Secla. Uno de ellos fue Gustavo Córdoba, un vendedor del área de electrodomésticos. Intervino el Ministerio de Trabajo y Secla y fueron reincorporados. Pero decidieron, para calmar las aguas, no presentarse como candidatos. De todas formas, ganó la lista que impulsaba Camil y llegó al cuerpo de delegados Falcón. Un grupo de empleados de Wal Mart, entre ellos estaba Córdoba, marchó a La Plata para reclamar la sanción de una ley que obligue a compensar el trabajo de los domingos, que finalmente fue aprobada. Pero como la empresa no la ponía en práctica, se resolvió otro hecho histórico: un paro activo el 4 de febrero, con bloqueo de buena parte de las entradas con changuitos. Córdoba estuvo entre sus fogoneros. Poco después volvió a ser despedido. Según los cálculos de la comisión interna, “es el décimo despedido por tener alguna actividad gremial”. “El primero –recuerda Córdoba–, en marzo de 2006, fue Sergio Smith, un compañero que comenzó a juntar firmas para pedir un aumento y para que el menú del comedor cueste más barato.” Córdoba tiene 31 años y es padre de seis hijos. En diciembre había enviado un e-mail a la Oficina de Etica de la casa matriz en EE.UU. denunciando que se discriminaba en la política de premios a los afiliados al sindicato.

Entre fines de febrero y principios de marzo, la empresa le ofreció un tentador arreglo monetario para irse de la firma a Camil. Después de un gran desgaste, Camil aceptó. Pero la actividad gremial sigue.

“Lo que sucedió en la sucursal Avellaneda es una terrible y magnífica falla de un sistema que dispuso una compleja ingeniería de recursos, manuales, personal, capacitaciones, etc., justamente para prevenir y evitar la organización gremial. Creo que los directivos de esa tienda deben encabezar un ranking interno de ‘qué no le puede ocurrir a un gerente’”, opinó Abal Medina.

Casualidad o no, hace pocas semanas, tras el segundo despido de Córdoba, el director de Relaciones Laborales de Wal Mart Argentina, Federico Spoturno, se alejó de la compañía y la empresa decidió separar el área de Recursos Humanos y Logística, que hasta ese momento estaban unificadas, y designó a un nuevo director de RR.HH. Y a fines de abril Wal Mart lanzó el Programa de Asistencia al Asociado (PAA), que ofrece contadores, abogados y psicólogos “que te orientan gratuitamente a vos y a tu familia”, según promete el folleto. En el híper de Avellaneda ya lo rebautizaron como Programa de Asistencia Antisindical.

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