EL PAíS › CRISTINA KIRCHNER LE TOMO JURAMENTO A SUS MINISTROS

El equipo en el Salón Blanco

Cristina Kirchner le tomó juramento a sus ministros en un repleto Salón Blanco de la Casa Rosada. Se emocionó cuando le tocó el turno a su cuñada, Alicia Kirchner. Luego del acto, la Presidenta subió al escenario donde tocaban los artistas en Plaza de Mayo a saludar.

 Por Fernando Cibeira

Promediaba la jura de los ministros. Le tocó el turno a la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y por primera vez en la ceremonia la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se quebró. En los últimos tiempos había comentado cuánto le habían molestado las versiones que aseguraban que estaba peleada con su cuñada, los Kirchner recordaban aquel episodio que la ministra había tenido que pasar en Río Gallegos, cuando le tiraron harina y huevos. La Presidenta casi no pudo completar la fórmula de juramento de Alicia Kirchner, la ministra apenas si le alcanzó para un “sí, juro” inaudible y se abrazó con su hermano, el ya ex presidente Néstor Kirchner, quien también se puso a llorar. Fue un momento emotivo y familiar en plena ceremonia en el Salón Blanco, que lució repleto y, salvo por ese tramo, eufórico.

Cristina Fernández completó el recorrido desde el Congreso hasta la Casa Rosada y se detuvo a descansar un rato en el despacho presidencial junto a Néstor Kirchner y sus hijos Máximo y Florencia. “Ah, cómo pesa esta banda”, se quejó CFK sobre el símbolo presidencial que dejó sobre su escritorio. Quienes pudieron espiar cuentan que ahí ya hubo un rato de emoción íntima entre los Kirchner. La Presidenta firmó los decretos designando a sus ministros, su primer acto en ejercicio del mando.

Poco antes de la ceremonia, recibió a una delegación de actores que se acercaron a saludarla. Cristina sentó a China Zorrilla en el sillón presidencial. También estuvieron Pablo Echarri y Nancy Duplaá, Jorge Marrale, Soledad Silveyra y Pepe Soriano, el más contento. “Sólo con Perón viví algo parecido”, le aseguró.

Los actores entraron al Salón minutos antes que la Presidenta. La ceremonia comenzó a las 18 y desde hacía una hora larga estaba todo completo. Tanto así que varios secretarios de Estado debieron seguir las alternativas de pie al fondo. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, por ejemplo, que se paseaba con una botellita de agua mineral en la mano y saludaba a los empresarios que andaban por ahí. O la secretaria de Ambiente, Romina Picolotti, que se sentó sobre la baranda que separaba el público de la prensa para poder ver algo.

Hubo mezcla de estilos entre los invitados. Estaba el juez español Baltasar Garzón sentado junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, con varios intendentes del conurbano, como Mario Ishii, Fernando Bruera y radical K Gustavo Posse. También había embajadores, como Carlos Bettini, Héctor Timerman y Alicia Castro, y empresarios de automotrices, como el austríaco Victor Klima y el italiano Cristiano Rattazzi. Fue notoria la ausencia de autoridades de la Iglesia Católica.

La Presidenta apareció junto a su familia –además de sus hijos, estaban su madre Ofelia y su hermana Giselle–, precedidas por las debutantes edecanas. El aplauso de recepción, puede imaginarse, fue sostenido. Luego el escribano general mencionó a los ministros que jurarían, y los primeros aplausos fueron para Julio De Vido. Ya roto el hielo, hubo aplausos para varios. Los secretarios que juraron –los que dependen de Presidencia como Héctor Icazuriaga, Oscar Parrilli, Carlos Zannini, Enrique Meyer, entre otros–, se notó, llevaron hinchada propia.

Dios y la Patria

Cinco de los funcionarios juramenteros lo hicieron únicamente por la Patria: fueron los ministros de Ciencia, Lino Barañao; el de Economía, Martín Lousteau; la de Salud, Graciela Ocaña; el de Educación, Juan Carlos Tedesco, y el secretario de Cultura, José “Pepe” Nun. Curiosamente, cuatro de los cinco se estrenaban en el cargo. Cristina, tal vez un poco nerviosa, igual lo completó con un “Que Dios y la Patria se lo demanden”.

El primero en jurar fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. “Gracias por la confianza”, le dijo a la Presidenta. Los ministros que iban cumpliendo con el rito saludaban a Cristina, luego al ex presidente Kirchner y al vicepresidente Julio Cobos –sentados en primera fila–, por último a Alberto Fernández y se colocaban en el sitio asignado sobre el escenario. Los siguieron el de Interior, Florencio Randazzo, y el canciller Jorge Taiana. La de Salud, Graciela Ocaña, fue otra muy aplaudida. Uno que improvisó fue De Vido, que bajó a saludar a su mujer Alessandra Minnicelli, ex síndica de la SIGEN.

En su único furcio, la Presidenta se trabó en el juramento de José Granero como secretario de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico. “¡Qué largo!”, se quejó Cristina cuando en la mitad del cargo se confundió. Granero debió jurar dos veces. Con quien se mostró más risueña fue con Aníbal Fernández. Kirchner también saludó con efusividad al ahora ministro de Justicia.

Al fin de la ceremonia, la Presidenta fue la primera en bajar del escenario a saludar a Estela Carlotto. Los ministros aprovecharon para sacarse fotos con sus familias. Fue curioso, pero los que continuaron en sus cargos se mostraron tan contentos como los que estrenaron cargo. En lo que hubo diferencias fue en la destreza para escabullirse.

El debutante Lousteau conversaba risueño con familiares y amigos cuando de repente se encontró rodeado de cámaras y micrófonos. El ministro de Economía quiso comenzar a balbucear algunas respuestas, pero lo pensó dos veces y optó por una retirada veloz. De Vido fue de los últimos en abandonar el Salón Blanco. Se lo notaba contento por la confirmación cuando durante meses se lo había dado como una baja segura en el nuevo elenco ministerial. “Vamos a hablar a partir de mañana”, respondió cuando le pidieron una declaración.

Kirchner fue otro que aceptó sacarse fotos con cuanto celular le pusieron adelante. El ex presidente fue luego a juntarse con Cristina en su despacho. Cuando terminaron de saludar a todos los invitados, bajaron hasta el hall central de la Casa Rosada y salieron por una alfombra roja colocada apenas unos minutos antes hacia el escenario donde ya estaba tocando Mercedes Sosa. Lo acompañaron algunos gobernadores, como José Luis Gioja y Juan Schiaretti, y varios funcionarios como Carlos Tomada, Icazuriaga y Parrilli. Cuando se abrazó con Mercedes Sosa, Cristina Kirchner volvió a llorar y esta vez no trató de contenerse. Luego sorprendió al sumarse a los coros del “Himno de mi corazón”, el clásico de los Abuelos de la Nada que cantó Mercedes con Alejandro Lerner, Gustavo Santaolalla, el Bahiano y Pablo Romero.

Bajaron del escenario y por primera vez en el día, Néstor y Cristina Kirchner separaron sus caminos. El ex presidente había resuelto darle una alegría a Daniel Scioli y viajar a La Plata para participar de su asunción como gobernador. Cristina volvió a la Casa Rosada. Le quedaba un rato hasta que llegara el primer ministro de Francia, Francois Fillon, en su primera audiencia como presidenta en ejercicio.

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Cristina Fernández lloró cuando le tomó juramento a su cuñada Alicia Kirchner.
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