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Jueces macristas

 Por Mario Wainfeld

El presidente Mauricio Macri anunció en su discurso ante la Asamblea Legislativa que durante su mandato no habría “jueces macristas”. A la semana digitó ilegalmente dos nuevos integrantes de la Corte Suprema.

Algunos comentaristas explican que el mandatario lo hizo para demostrar autoridad. El diario La Nación añade análisis más precisos: el Gobierno se prepara para gobernar durante casi tres meses mediante Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). Muchos serán “polémicos”, se judicializarán posiblemente. Un alto tribunal afín vendría bien.

Los magistrados “en comisión” no gozarán de la estabilidad vitalicia propia de su función. Un decreto en sentido contrario los devolvería a sus bufetes. Macri puede valerse de métodos más florentinos. No enviar el pliego al Senado, aunque prometió lo contrario. O, en un extremo, no laburar en pos de los votos necesarios para el acuerdo en la Cámara hacerlo y hacerlos caer.

Si la estabilidad es garantía de independencia, acá faltan ambas.

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La discusión jurídica es técnica, a veces latosa. Esta columna ya incursionó en ella. Recapitulemos, recalculemos y sinteticemos mucho:

El inciso 19 del artículo 99 de la Constitucional invocado por Macri no es aplicable a nombramientos en el Poder Judicial. Las respectivas potestades presidenciales se establecen en el inciso 4 del mismo artículo. Los “empleos” pasibles de cubrirse son los que están en órbita del Poder Ejecutivo.

En el más transigente de los casos para el macrismo, una de las designaciones añade un vicio más. La norma habla de vacantes que ocurren durante el receso legislativo. La de ex supremo Eugenio Raúl Zaffaroni es muy previa. Para refutar este argumento un jurista de derechas desempolvó una (solita y sola) cita doctrinaria de 1904, el período paleozoico. Bueno.

La polémica pública fue interesante y hasta sorpresiva, “transversal” porque muchos aliados de Macri lo cuestionaron duramente. Dirigentes de Cambiemos o de otras fuerzas no kirchneristas, académicos, juristas, ONGs usualmente sesgadas a derecha. Los reproches se acumularon y hablan de una sociedad no partida en dos bloques, enhorabuena.

Todo indica que se sumó, en voz baja pero firme, la jueza Elena Highton de Nolasco, quien actúa desde hace meses como digna minoría permanente en la Corte. El Tribunal divulgó que postergaba la jura hasta después de la sacrosanta feria de enero.

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Se repite como mantra: los jueces cuestionados son “intachables”, “prestigiosos”, “impecables”. Negociemos, don Inodoro: podían ser intachables o impecables antes de aceptar colarse por la ventana en la Corte. Si aceptaron esa maniobra deplorable, algún desagio sufrió su reputación previa. Cada quien tendrá un intachablómetro: si antes medía cien sobre cien, ahora medirá entre uno y 99. Nunca igual.

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La vara del prestigio depende de valoraciones, no es jamás objetividad pura. Centrémonos en Rosenkrantz, el más criticado. Como a Rosatti,

se le reconocen ecuménicamente versación jurídica, obras publicadas, formación. Vale. Se alaba su participación como asesor del presidente Raúl Alfonsín y su condición de discípulo del gran jurista Carlos Nino. Vale y suma.

Pero hay otras calidades exigibles para un cargo tan elevado, perdurable y poderoso. El fallecido presidente Néstor Kirchner, que cambió virtuosamente a la Corte, no quería “abogados de grandes estudios” en el Tribunal. Es un criterio ideológico valioso pero no obligatorio. El imaginario del macrismo es diferente, basta con repasar la integración de su gabinete.

Rosenkrantz tiene un pasado lejano encomiable. Su perfil profesional actual es el de un abogado dedicado al asesoramiento de grandes empresas. Se podía leer la extensa nómina en el portal de su estudio: alguna mano anónima podó al Grupo Clarín y empresas vinculadas. Qué le va a hacer.

Ser rector de la Universidad de San Andrés (UdeSA), una de las privadas más elitistas y de matrículas más caras, es otro aspecto abierto a la controversia. Otra vez: en el imaginario de Cambiemos esa es una virtud republicana. Se puede compartir o disentir.

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Más objetivables son los potenciales conflictos de intereses para un juez que podría resolver pleitos de sus flamantes ex clientes. La lista es muy prolongada, el Grupo debería estar comprendido aunque se haya borrado informáticamente. Tal vez Su Señoría, que presentó un CV escueto y sin alusiones a tales asuntos mundanos, debería ampliarlo para que la ciudadanía conozca mejor a quienes le han pagado por su labor profesional hasta hace una semana.

Otra relación intensa liga a Clarín con la UdeSA. Están asociadas: la maestría de periodismo del medio se desarrolla en ese amable ámbito académico. Hay, por tanto, relaciones permanentes, vínculos, acuerdos, convivencia habitual. Buenos motivos para una recusación, en un porvenir todavía posible y enojoso.

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Macri reculó, ma non troppo. Mantuvo la mala praxis aunque la postergó hasta febrero. El gambito fue celebrado como un salto de calidad institucional aunque lo sustantivo de la movida queda en pie.

Tal vez la cronoterapia y un balance de ventajas versus pérdidas lo induzcan a retractarse del todo. Sería lo mejor, dentro de lo disponible. Consecuencia no de su voluntad sino de la activa oposición democrática que lo enfrentó.

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