EL PAíS

Pasado y presente

Remo Carlotto solicitó Derecho a Réplica por la nota del 18 de octubre firmada por Horacio Verbitsky sobre el incendio en la cárcel de Magdalena donde murieron calcinados o por asfixia 33 personas. Dice así, con su propia sintaxis y grafía.
“Son sumamente agraviantes las palabras expresadas por este periodista cuando dice: ‘Remo Carlotto, quien ofreció asistencia psicológica a los familiares de las víctimas. Son más hábiles que Videla, Massera y Cía., que también perseguían a los familiares. Creerán que esa es la diferencia entre dictadura y democracia? (sic)’. De esta manera, iguala el accionar de la Secretaría con los Grupos de Tareas que perseguían y secuestraban a los militantes populares de la década del 70; también a los familiares de las personas desaparecidas durante la última dictadura militar. Esta comparación es una gravísima ofensa a los que aún hoy luchamos por esclarecer la verdad. Provengo de una familia perseguida, secuestrada y torturada en aquellos años, que todavía continúa buscando a los desaparecidos con vida –son los niños nacidos en cautiverio y apropiados por aquellos con quienes me compara este señor. Desde esta Secretaría nos hemos presentado como querellantes en diversas causas judiciales vinculados a crímenes de lesa humanidad, que datan de aquel período. Sin embargo, parece ser que esto también es cuestionado por este periodista con vocación de servicio. Hemos presentando 195 denuncias penales vinculadas sobre el accionar del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) durante mi gestión. Aún esperamos el pronunciamiento de la justicia. Desconozco las razones por las cuales el señor Horacio Verbitsky compara a militantes de los derechos humanos, a quienes dice representar, con asesinos y torturadores. La memoria, aquella que tanto nos ha costado recuperar y por la que venimos luchando desde hace años, será en definitiva quien señalará en qué lugar estuvo cada uno, cuál fue el aporte y la entrega para la construcción de una sociedad más justa o quien se ha dedicado difamar, a acomodarse y erigirse como paladín de los derechos humanos, mientras denosta a antiguos y jóvenes militantes. Desconozco cuál es la intencionalidad del señor Verbitsky al hacer estas afirmaciones que menoscaban no solo la lucha por los derechos humanos -que se vienen llevando adelante desde las estructuras del Estado- sino también son una falta de respeto para la memoria de aquellos compañeros que resistiendo la dictadura militar dieron su vida y de la cual yo me siento orgullosamente parte. No comprender el rol del Estado frente al dolor de las víctimas, no identificar las funciones y obligaciones de la Secretaría de Derechos Humanos, despreciar el rol activo de sus trabajadores en Magdalena –donde Verbitzki nunca estuvo– y en todas las cárceles de la provincia, es una señal clara de su pequeñez. La Justicia, la Verdad y la Memoria son partes inclaudicables por los derechos humanos del pasado y del presente. Remo Carlotto.”
N. de la R. Provenir de una familia que fue perseguida no atenúa sino agrava la indiferencia ante las violaciones graves, masivas y sistemáticas de los derechos a la vida y la integridad personal que se producen en las cárceles de la provincia de Buenos Aires. El dolor pasado no es una condecoración que habilite a desentenderse de las situaciones similares del presente que ocurren en las cuarenta ESMAS de Felipe Solo. A todos nos juzgarán por lo que hacemos, no por lo que nos hicieron. Vale tanto la vida de una persona privada hoy de su libertad bajo la acusación de haber cometido un delito que la de los militantes políticos asesinados hace tres décadas debido a su lucha por una Argentina distinta. Merece igual respeto la madre de uno que la del otro. En eso consisten los derechos humanos; son inherentes a la dignidad de cada persona. Por eso no puede haber víctimas de primera y de segunda. Pero en Buenos Aires, tal como durante la dictadura, rige el castigo sin juicio y la pena de muerte sin ley. El gobierno provincial es responsable de esta situación aberrante, que ha obligado a la intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de la que el Estado Nacional cargará con la responsabilidad internacional si no le pone pronto remedio. El número total de muertes en las cárceles bonaerenses se ha duplicado en un año y el de muertes violentas se ha triplicado. Después de la masacre de Magdalena, ya ronda la impresionante cifra de uno por día, en ejecución de lo que la Comisión Provincial por la Memoria llamó “un plan de exterminio”, derivación natural del “sistema de la crueldad” vigente tras los muros carcelarios. Invocar títulos añejos para encubrir semejante estado de cosas es mofarse de las víctimas de ayer y de hoy. El gobierno bonaerense quiso que la Comisión Provincial se limitara a la memoria de los crímenes del pasado y no interfiriera con el sistema que los sigue cometiendo hoy. En dictadura las víctimas eran los “subversivos”; en democracia los “negritos chorros”, unos y otros subhumanos a los que es lícito someter a cualquier iniquidad. Cuando personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Cañón y Laura Conte rechazaron esa transacción indigna, Solo recurrió a la denominada “secretaría de derechos humanos” como instrumento político para neutralizar la tarea insobornable del organismo empeñado en proteger de la barbarie a los más vulnerables. La misma Constitución burlada que ordena que las cárceles serán limpias y sanas, para seguridad y no para castigo de los detenidos, establece que la Nación Argentina no admite prerrogativas de nacimiento, que no hay en ella fueros personales, que todos sus habitantes son iguales ante la ley y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. Horacio Verbitsky.

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