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Los asambleístas con un nuevo estilo de protesta

Cambiaron los cortes de ruta por los escraches a las embajadas en Buenos Aires. Ayer los vecinos de Gualeguaychú manifestaron frente a la representación de Finlandia, donde entregaron un petitorio para que no avalen los créditos que solicitó la empresa Botnia.

 Por Laura Vales

Javier Villanueva, secretario de Cultura de Gualeguaychú y además asambleísta, fue el encargado de entregar el petitorio en la Embajada de Finlandia mientras la manifestación esperaba en la calle. Entró al edificio de Santa Fe al 800 a las 12, y salió de él medio minuto después. “Por el recibimiento que nos dan, compruebo que vamos creciendo de a poco en rango”, anunció a los reunidos en la puerta. “Esta es la tercera vez que venimos a la embajada, y realmente tengo que agradecer al portero del edificio, que ha sido tan amable en recibir nuestros petitorios en las oportunidades anteriores; hoy ya nos atendió una secretaria. En un par de veces más, tengamos la seguridad de que vamos a ser atendidos por la embajadora”, agregó. Así comenzó el escrache con el que ayer la asamblea ambientalista cambió su estrategia en el reclamo contra las papeleras, reemplazando el corte de ruta por movilizaciones en Buenos Aires.

Frente a la representación finlandesa se reunieron, llegadas en caravana desde Gualeguaychú, cerca de mil personas. Muchos estaban preparados para llamar la atención, con barbijos, carteles al cuello o incluso disfrazados como esqueletos andantes. Alicia Watters eligió algo más simple: se puso sobre el pullover el chaleco anaranjado que identifica a los ambientalistas. “El bloqueo del puente nos sirvió para instalar el tema ante el gobierno nacional, lo que conseguimos. Ahora creemos que cortar la ruta no se justifica, por lo menos hasta que la Corte de La Haya se expida. Vamos a concentrarnos en las embajadas”, señaló a Página/12.

Una gran bandera argentina con la consigna “Sí a la vida” cubría la mitad de la cuadra, desplegada ante las cámaras de televisión. Pero lo que esperaban los canales que apareciera era la reina del Carnaval, Evangelina Carrozzo, cuya presencia en el escrache había sido anunciada. La primera hora de la protesta pasó sin que Carrozzo se dejara ver. Había, sí, un manifestante ataviado de rey, con corona dorada y un traje de lentejuelas que le dejaban al aire unas costillas flacas.

Los vecinos contrataron una camioneta con un equipo de sonido e instalaron en la calle un micrófono, en el que se turnaron para hablar. Señalaron que el petitorio a la embajada le reclamó a Finlandia que no otorgara su aval a los créditos para la construcción de Botnia. “No pueden venir acá con un doble discurso. Que sepa Finlandia que no vamos a parar hasta que las pasteras se erradiquen de la cuenca del río Uruguay y que no van a venir a contaminarnos”, sostuvo el asambleísta Roberto Caglione. También advirtieron sobre el proyecto de la compañía Stora Enzo para instalar en Durazno, Uruguay, otra planta de mayor tamaño incluso que las de Fray Bentos, que estará ubicada sobre un río interno pero que desemboca en el río Uruguay.

El escrache ya estaba casi sobre el final cuando llegó la reina. El asambleísta que tenía en ese momento el micrófono, un sexagenario al que la memoria de mejores tiempos le jugó una mala pasada, la anunció con un traspié:

–Con nosotros está por fin, la presencia esperada... ¡de Evangelina Salazar! –dijo y, mientras intentaba corregirse, sobre la figura de Carrozzo ya se tiraba una avalancha de camarógrafos.

La entrada de la reina cambió la naturaleza del acto: entre empujones, encimados, todos los medios se trenzaron en una guerra para sacarle una declaración. Ella debió quedar medio ahogada entre tanta efusividad, o eso es lo que se podía imaginar desde afuera, hasta que un alma caritativa la subió sobre sus hombros elevándola por encima de la multitud. Desde allí, como desde una carroza, ella saludó con las dos manos y una sonrisa. Llevaba anteojos de sol y un atuendo poco carnavalesco –pantalón, remera y saco– con el que de todas formas bailó al ritmo de la batucada. “Lo importante es que estemos todos juntos, que la Argentina sea una, que no estemos solos reclamando que no se hagan las papeleras”, atinó a expresar, rodeada de periodistas. Los organizadores tuvieron que sacarla del lugar para poder seguir adelante con el acto con alguna chance de ser escuchados.

El escrache tuvo el apoyo de organizaciones porteñas, como la Multisectorial contra las Papeleras, dentro de la cual están las asambleas de pueblo. También de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y Fedecámaras.

“En esta etapa –dijo Juan Veronessi, de Gualeguaychú– queremos dedicarnos a que todo el país conozca toda la información sobre las papeleras. Estamos yendo donde nos inviten, organizados en grupos, para explicar por qué rechazamos que se instalen en Fray Bentos. Buscamos llegar también a Europa con el mismo mensaje”, redondeó.

Los asambleístas denunciaron como una falsa ilusión la promesa de que las plantas de celulosa serán una buena fuente de empleo. La noticia del despido en Finlandia de 672 operarios de la empresa UPM –accionista mayoritaria de Botnia– como parte de un plan de ajuste en la industria papelera, en proceso de traslado al Hemisferio Sur, fue la mejor demostración de sus advertencias. El cierre de la jornada se hizo frente a la embajada sueca, a la que la asamblea reclamó que los inversionistas de aquel país no participen del financiamiento del proyecto de Botnia.

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La reina del Carnaval, Evangelina Carrozzo, estuvo en el escrache.
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