EL PAíS › OPINION

Otra jugada más de Roma

 Por Washington Uranga

La designación de un obispo del Opus Dei, Francisco Polti, para suceder al renunciante Juan Carlos Maccarone en Santiago del Estero, no puede leerse sino como un paso más del Vaticano en la línea de consolidar a los sectores conservadores dentro del Episcopado argentino. Cuando todavía no se ha encontrado una resolución para el caso del obispo castrense Antonio Baseotto, repudiado por el Gobierno, la curia romana acaba de agregar un factor más de irritación en una relación ya de por sí tensa con las autoridades argentinas. El Episcopado local sigue al margen de esta situación, sin muchas posibilidades de incidir realmente, al menos por el momento, en este tipo de acontecimientos.

Es verdad que, aun siendo del Opus Dei, Polti es una persona que goza de respeto entre sus pares y quienes lo conocen de Santo Tomé, su responsabilidad actual, aseguran que se trata de un hombre sereno y buen pastor de su gente. Pero de lo que nadie duda es de sus convicciones conservadoras. Es también, como buen hombre del Opus Dei, un fiel intérprete y seguidor de las directivas romanas. Nadie podría esperar de él, como de cualquier otro de los miembros “de la Obra”, una actitud de audacia o de diferenciación de lo que Roma diga y ordene. La ortodoxia está asegurada. Vale aclarar, sin embargo, que ni los conservadores ni el Opus Dei han sumado un obispo nuevo. Polti, el segundo obispo del Opus Dei en el país (el otro es el arzobispo de San Juan, Alfonso Delgado), ya era obispo y ha sido trasladado de Santo Tomé (Corrientes) a una sede más importante por su historia y por sus circunstancias actuales, como es Santiago del Estero. Pero además no puede dejar de leerse que el Vaticano intenta torcer allí el rumbo de los dos últimos titulares. Gerardo Sueldo –muerto en un accidente que todavía no terminó de ser esclarecido por la Justicia– y Juan Carlos Maccarone, obligado a renunciar, tuvieron una clara preocupación por los temas sociales, por el compromiso de la Iglesia junto a los más pobres y, en esta tónica, desarrollaron duras batallas contra el poder de la familia Juárez y sus aliados económicos en la provincia. “Así les fue”, reflexionaba hace no mucho tiempo uno de los sacerdotes santiagueños recordando esta realidad.

La designación de Polti pretende cambiar el rumbo de los acontecimientos. Nada debe extrañar. Salvando las distancias y las diferencias, basta observar lo que el mismo Vaticano hizo en San Salvador (El Salvador). Allí impuso un arzobispo del Opus Dei, Fernando Sáenz Lacalle, para suceder nada menos que al mismísimo Oscar Arnulfo Romero (el mártir asesinado en el altar de su propia iglesia catedral) y a otro progresista que fue su discípulo, Arturo Rivera Damas. En Lima (Perú), otro Opus Dei que luego fue creado cardenal, Juan Luis Cripriani, sustituyó al muy progresista cardenal Juan Landázuri, crítico pero también protector del teólogo peruano de la liberación Gustavo Gutiérrez.

Los santiagueños tienen ahora obispo del Opus Dei. Y el Vaticano sigue avanzando para garantizar que los más conservadores de la Iglesia aumenten su influencia en la vida del catolicismo argentino y, por esa vía, la incidencia en la sociedad en general. Otra jugada más de Roma. ¿Cuántas van? Y la jerarquía católica argentina ¿seguirá guardando discreto silencio en público mientras en privado murmura su molestia? Todo indica que sí. El peso de la institución es demasiado fuerte como para permitir el camino de la libertad a quienes pretenden seguir estando adentro.

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