LA VENTANA

La ventana / medios y comunicación

A partir de una iniciativa de un grupo de alumnos de una escuela neuquina que imaginaron cómo habría sido la Revolución de Mayo si los próceres hubieran usado Facebook, Luciano Sanguinetti aporta elementos para pensar sobre problemas de actualidad atravesados por las tecnologías de información y comunicación (TIC). Roberto Samar analiza las producciones de Disney Junior y pone en evidencia el discurso machista allí presente, advirtiendo que lo mismo sucede en otras propuestas dirigidas al público infantil.

Por Luciano Sanguinetti *

¿Y si los próceres usaran Facebook?

El título no es mío. Es de los alumnos de una escuela secundaria de Neuquén. Se lo puede ver por YouTube. Con ingenio y documentación, los alumnos imaginaron cómo hubiera sido la Revolución de Mayo con la plataforma de relaciones sociales que inventó Mark Zuckerberg. En el pequeño video que colgaron de la red podemos seguir los contactos de Manuel Belgrano, la noticia de la caída de la Junta de Sevilla y las repercusiones que esto va generando entre los criollos, las tribulaciones del Virrey Cisneros, las operaciones mediáticas de French y Beruti.

La experiencia que desarrollaron estos estudiantes sobre un hecho ocurrido hace doscientos años pone sobre la mesa una serie de problemas de inesperada actualidad.

El primero es el rol de la información en el mundo.

El segundo es el de la relación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) con los aprendizajes.

El tercero es lo que algunos llaman el Complejo de Prensky, en referencia al autor que acuñó hace diez años el concepto de nativos e inmigrantes digitales.

El cuarto es el del rol de los intelectuales en la Argentina.

Voy por partes.

Ignacio Ramonet. En el último trabajo de este especialista en medios, fundador del Observatorio Global de Medios y promotor de las cumbres de Porto Alegre, se pregunta cómo hacemos hoy en este mundo inundado de información para saber cuál es cierta. Vivimos un nuevo síndrome, el de la inseguridad informativa. La tesis de Ramonet se funda en el hecho de que el periodismo que informaba sobre lo que había ocurrido a lo largo de un día ha dejado de existir. Ese tiempo, que servía para que los medios validaran la noticia, desaparece con la información al instante, con la necesidad del mercado de producirla de manera continua, sin intervalo. ¿Hace doscientos años nadie parece haber dudado del dato que comenzó a circular en Buenos Aires sobre la caída de la “famosa” Junta de Sevilla ante el avance napoleónico? ¿Qué hubiera pasado hoy? Ramonet sostiene que pasamos de medios de masa a masa de medios, pero que paradójicamente los periodistas hoy son más necesarios que nunca.

Segundo problema: Información/conocimiento. Supongo que a estos estudiantes haber traducido al lenguaje de Internet la Revolución de Mayo les permitió un salto crítico. Traducir es también apropiarse de algo. Pasar un texto de su idioma original al nuestro es interpretarlo. ¿Acaso este trabajo no es también un método para interpretar las movilizaciones populares en el mundo árabe que destronaron a viejos dictadores? Para los que todavía estamos en tiempos de las cavernas en materia tecnológica, ver el video de estos chicos también interpela lo que nosotros hacemos en clase.

Esto no significa caer en el Complejo de Prensky. Tercer problema. Hace unas semanas, este mismo medio publicó un artículo del reconocido psicoanalista Juan Carlos Volnovich en el cual se deslizaban algunas descripciones que reproducían conceptos de Alejandro Piscitelli, inspirados en gran medida en la referida conceptualización de Marc Prensky. En un blog más que interesante que administra Gustavo Cucuzza, paraquesepan.blogspot, un especialista real de las TIC en el aula, se observan una serie de desmentidos a la sobrevaluada expresión “nativos digitales” (esta observación no implica necesariamente cuestionar el argumento de Volnovich, sino quizá reforzarlo en referencia a la ausencia del Otro), en la cual los adultos, en particular los maestros, podemos caer rápidamente en el llamado “complejo de Prensky”, es decir, la idea de que las nuevas generaciones son superiores a las pasadas. Por el contrario, la experiencia de la escuela de Neuquén es valiosa porque es un proyecto de jóvenes y adultos, de estudiantes y profesores. Como dice Susana Espiro, coordinadora de la capacitación en TIC del programa Conectar Igualdad para docentes de superior del INFD, “la diferencia de nativos e inmigrantes digitales no es generacional, sino de horas de exposición e inte-racción a los entornos virtuales”.

Cuarto problema. Acaso los que leemos diarios todavía hemos sido testigos del interesante debate entre Horacio Verbitsky y Jorge Lanata, además de los comentarios aledaños a la cuestión de Jorge Fontevecchia, que pone en relación todo lo que venimos exponiendo. ¿Quién califica, clasifica, jerarquiza, valida, la información en este mundo superpoblado de datos ahora asequibles, en una manera inédita, al conjunto de las masas? La respuesta la dio Antonio Gramsci hace tiempo: los intelectuales. Estos son los mediadores, dijo el pensador y militante italiano, entre la organización y la masa. Pequeña observación del propio Gramsci: todos los seres humanos somos intelectuales, pero no todos ejercemos la función. Y se refiere a esa traducción, como la que implementó el profesor o profesora, seguramente de historia, de esta escuela de Neuquén. ¿Quiénes son hoy “intelectualmente” más necesarios que nunca? Todos aquellos preparados y dedicados a la transmisión de la cultura. Los periodistas, los científicos, los militantes, los maestros.

Tres millones de netbooks en marzo de 2012. ¿Alguien pensó que eso significa tres millones de adolescentes conectados? Faltarán maestros.

El que piensa que esto sirve para adoctrinar no entiende la lógica del increíble invento de Tim Berners-Lee, inventor de los protocolos que facilitaron la comunicación entre las computadoras, creador de la telaraña mundial. Preguntémosle si no a Mubarak.

* Docente investigador, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

Por Roberto Samar *

El machismo de Mickey

Si le pregunto a un chico quién es Minnie, seguramente me contestará que es la novia de Mickey. Sin embargo, si le pregunto quién es Mickey, el personaje emblemático de la Disney, me dirá algo así como que es un ratón que enfrenta a los malos.

En la serie televisiva La casa de Mickey Mouse, el ratón tiene una casa, un perro y una novia. Es decir, Minnie es en función del él.

En ese sentido, en las películas y series de Disney, que es una de las mayores empresas de industrias culturales para chicos, circulan discursos que muchas veces naturalizan el rol pasivo de la mujer.

De hecho, Disney Junior, que es la señal dirigida a los chicos de menor edad, coloca a lo masculino como protagonista de la mayoría de las producciones. En ese sentido podemos encontrar a: Many, un hombre que arregla todo con sus herramientas; un oso, que es un agente especial; Los Imaginadores, que resuelven problemas con imaginación; Jake, el niño que enfrenta piratas y, en contraposición, Bárbara y su florería.

Es decir, los hombres resuelven problemas y enfrentan a los malos. Por el contrario, el rol de la mujer en la mayoría de las veces es pasivo, trivial o en función del género masculino.

A partir de lo expuesto cabe preguntarse: ¿cómo nos sorprendemos de que sigan circulando discursos machistas si desde los tres años consumimos estos mensajes?

Sin embargo, los discursos machistas no se agotan en la señal Disney Junior, también atraviesan sus películas.

Repasemos algunas situaciones.

En La familia del futuro, una chica hace un comentario claramente sin sentido. En ese contexto, un adulto le sugiere al niño protagonista que a las mujeres siempre hay que decirles que tienen razón (como a los locos). El chico le dice “tenés toda la razón” a la niña y ella sonríe feliz.

Asimismo, en El club de los villanos, Minnie intenta enfrentar a un hombre malo, y él la subestima, la empuja y se ríe. Hasta que llega Mickey, lo enfrenta y lo vence. ¿Cuál es el rol de la mujer que no puede resolver el conflicto?

Recientemente en Toy Story 3, uno de los malos le saca la boca a la “señora cara de papa”. A lo cual, el “señor cara de papa” afirma: “El único que le saca la boca a mi mujer soy yo”.

En base a lo expuesto podemos deducir que en los mensajes que atraviesan a las películas citadas, los hombres están facultados para callar a las mujeres, ellas se quejan sin sentido, no pueden enfrentar a los malos y son objeto de risa.

Cabe aclarar que tomamos el discurso de las producciones de Disney a modo de ejemplo, pero los discursos machistas no son patrimonio exclusivo de esta productora.

Con el paso del tiempo, estos discursos que circulan en la sociedad van incidiendo en la construcción de nuestra subjetividad y naturalizan prácticas machistas que dan sustento a las relaciones de poder. Sin ir más lejos, actualmente, según un relevamiento del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en el ámbito de la sociedad civil tan sólo el 8,1 por ciento de los cargos de más alta jerarquía corresponde a mujeres.

Sin embargo, la realidad es una construcción colectiva y no es lineal. Está en nuestras manos la posibilidad de construir nuevos relatos y nuevas prácticas. El hecho de contar con una presidenta de la Nación, una ministra de Seguridad, una presidenta del Banco Central y líderes opositoras dan cuenta de que un nuevo paradigma se está creando.

* Licenciado en Comunicación Social, docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

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