SOCIEDAD › OPINION

El encanto de lo (im)posible

 Por Adrián Paenza

La vorágine en la que vivimos (todos) nos hace perder perspectiva. Lo que acucia (el hambre, la falta de trabajo) no da espacio interno para separar lo importante de lo accesorio. Lo relevante, de lo pueril.

Garantizar salud, educación y trabajo digno para todos es sólo el comienzo. Me da pudor tener que enfatizarlo, pero igual lo hago.

Sin embargo, me queda siempre una esperanza: recurrir a las ideas, al mundo de las ideas, al mundo de lo que parece imposible. Gente que ofrece un ángulo distinto, que se corre del “molde”, que piensa desde otro lado.

De eso se trata TED. En febrero de este año estuve en la conferencia que se realiza desde hace 25 años. Fue en Long Beach, California. Cinco días de fascinación. Cinco días en donde la oferta era tan grande, que me sentí “perdido en la abundancia”, sin saber con quién conversar, a quién escuchar.

Anoté todo lo que pude, guardé tanto material como me fue posible, pero en un momento determinado, paré. Y me dejé llevar por lo que sucedía a mi alrededor. Me dejé seducir por el encanto de lo imposible o, mejor dicho, de lo que parecía imposible pero fue realidad.

Eso es TED. O pretende serlo. Ofrecer un foro para que aquellos que pensaron o piensan algo distinto, realizable y que pueda tener impacto en la sociedad, lo puedan contar.

Mientras eso me sucedía en febrero, me propuse contar lo que había vivido tanto como me fuera posible, ya sea en Página/12 o en los programas de radio y/o televisión en los que participo.

Pero más importante que la comunicación personal, que termina siendo un esfuerzo individual, efímero y quizás irrelevante, quería que hiciéramos nuestro propio TED, un TED argentino.

Entiendo que no tenemos los mismos medios, pero sí tenemos –-sin ninguna duda– la gente para hacerlo. Sólo necesitaba los “socios intelectuales”.

No fue difícil encontrarlos porque ya había muchos que estaban en la misma tarea. En todo caso, nos encontramos rápido porque nos estábamos buscando sin saberlo.

En California hay un proceso de selección que elige 1500 personas entre más de 40.000 aspirantes. Y además, hay que pagar para poder participar.

Quizás por eso, para mí había dos condiciones esenciales, no negociables.

a) “Nuestro” TED tiene que ser gratuito; b) “Nuestro” TED tiene que ser “inclusivo”. Dicho de otra manera, la única restricción aceptable es la física, la del lugar.

Pero hay que buscar la manera de que sea “para todos”.

El objetivo es tratar de encontrarse con la maravilla de la idea. Y de la realización. La idea que cambia, la idea que revoluciona. La idea que enternece y la idea que ayuda. La idea que sorprende tanto como aquella que estimula. La idea que conmueve como la que anticipa. La idea que predice como la que advierte. La idea que trae justicia como la que trae innovación. La idea que fascina o la que permite entender.

Pero siempre, la idea. O mejor dicho, ideas. Ideas que valga la pena desparramar, esparcir.

Algunos privilegiados (como yo) tenemos acceso a saber lo que sucede en el mundo casi instantáneamente. Somos los privilegiados que vivimos en un mundo distinto, vivimos “incluidos”. La gran mayoría de la Argentina (y del mundo) se queda afuera. Y ni siquiera ya hay vidrio para que nadie apoye “la ñata”. Las barreras son cada vez más altas y menos transparentes. Las distancias que nos separan son cada vez mayores.

No está bien sólo reclamar por una distribución más equitativa de la riqueza (material). Es imprescindible hacer una redistribución más equitativa de la riqueza intelectual.

No hay un único camino a la felicidad, ni siquiera hay una “única” felicidad. Pero construir una Argentina mejor es un objetivo de mínima.

En el mundo del pensamiento, somos todos iguales. No hay ni “ricos” ni “pobres”. Sólo es cuestión de oportunidades. Y eso se propone TED. Ofrecer ese tipo de foro, hasta que algún día, tener un sueño forme parte de nuestros derechos humanos.

Ese es el TED que yo me imagino para la Argentina, y el primer paso lo vamos a dar el 8 de abril. Será sólo un aporte más a una sociedad que necesita “revoluciones” culturales e inclusión para todos.

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