SOCIEDAD › UNA MUJER ASESINADA POR TENER UNA RELACION CON OTRA

La discriminación que también mata

Natalia Gaitán tenía 27 años. Vivía en un barrio pobre de las afueras de la ciudad de Córdoba, trabajaba en un comedor popular alimentando a sus vecinos y estaba en pareja con una joven una década menor que ella. El sábado pasado fue fusilada a poco menos de cien metros de su casa. Por el crimen está acusado el padrastro de su novia. Ayer a la tarde, en un estado de descomposición muy avanzado, sus familiares enterraron sus restos en un cementerio local. Desde el domingo, el hombre está preso y, el lunes, el arma homicida fue secuestrada.

“No fue algo pasional ni algo loco, fue un crimen de género lisa y llanamente”, dijo con voz ronca Graciela Vázquez de Gaitán, la mamá de Natalia. Entre dolor y enojo, la mujer explicó que durante años su hija sufrió distintos maltratos y marginaciones debido a su condición sexual. “Estábamos acostumbrados a la discriminación, pero nunca nos esperamos que una bestia pudiera cometer semejante horror”, relató Vázquez y, después, repitió tres veces: “La mató como a un perro”.

El asesinato de Natalia fue un fusilamiento. Desde hacía poco más de un año, la joven y una chica de 16 años mantenían una relación amorosa. El barrio Parque Liceo 2ª Sección –un vecindario humilde de la periferia cordobesa–, las había encontrado y las mantuvo juntas pese a las adversidades sociales y las oposiciones familiares. “A diferencia del entorno de Natalia, la mamá de su novia no quería que estuvieran juntas, y parece que el padrastro mucho menos”, contó a Página/12 Natalia Milisenda, abogada del colectivo Encuentro por la Diversidad de Córdoba.

El sábado, cerca de las 19.30, Daniel Flores –según sostiene la familia de Natalia– disparó su escopeta calibre 16 a menos de un metro y medio de la mujer y, después, entró en su casa sin apuro. Durante los últimos cuatro meses, las chicas habían convivido en una precaria vivienda, ubicada a unos 100 metros del lugar del crimen. “Al tipo no le gustó nada que la hija de su mujer abandonara el supuesto hogar familiar y se fuera a vivir con una chica, entonces, la fue a buscar y se la llevó”, aseguró Milisenda.

Con un disparo en el hombro y sangre por doquier, Natalia esperó sobre la calle más de una hora hasta que llegara la ambulancia. Después de que Flores tomara por la fuerza a la novia de Natalia y la obligara a dejar la vivienda que compartía con Natalia, una amiga de la pareja fue hasta la casa en la que vivía la familia de la menor “con la intención de hablar con la mamá de la chica y explicarle el cariño que tenían entre sí las jóvenes”. Pero, según Milisenda, “cuando la chica empezó a tardar, Natalia se asustó y la fue a buscar. En el lugar, la víctima discutió con la progenitora de su pareja y, poco después de que Natalia se marchara, a plena luz del día, Flores salió del patio, buscó su arma y la hirió de gravedad”.

Natalia murió el domingo a la madrugada en un hospital zonal. Graciela Vázquez de Gaitán recibió el cuerpo de su hija recién el lunes a la noche y en estado de descomposición avanzado. La explicación: la morgue judicial de la ciudad de Córdoba no cuenta con la refrigeración adecuada para una buena conservación. “El crimen se perpetuó en una situación social muy difícil –explicó la abogada–. Durante su vida y, al momento del hecho, a estas chicas se les cruzaron tres condiciones muy excluyentes de la sociedad: eran mujeres, lesbianas y pobres.”

“Resulta paradójico que en horas en que conmemoramos la lucha por la igualdad que las mujeres llevamos adelante en todo el mundo, un crimen de esta envergadura nos recuerde cuánto falta por construir en esta materia”, advirtió ayer María Rachid, titular de la Falgbt, y agregó: “Cuán expuestas estamos aún las mujeres a las expresiones más brutales de la violencia y la desigualdad”.

Informe: Mariana Seghezzo.

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