SOCIEDAD › EL RESTABLECIMIENTO DE LA ENERGIA EN LA CENTRAL ELECTRICA PODRIA FACILITAR LA REFRIGERACION

Conexión hacia un escenario alentador

Hasta ayer, el enfriamiento de los reactores no había dado demasiado resultado. La reconexión, sin embargo, podría ser inútil si las bombas refrigerantes no funcionan. En ese caso, los reactores se fundirán y habrá emisiones radiactivas.

 Por Pedro Lipcovich

“¡Pero esto nos acerca al escenario optimista!”, exclamó el experto en ingeniería nuclear: casi simultáneamente con el llamado telefónico de Página/12, la Agencia Internacional de Energía Atómica anunciaba que se había logrado hacer llegar electricidad a la central de Fukushima Daiichi. En el escenario optimista, el restablecimiento de la energía eléctrica permitirá hacer funcionar el sistema de refrigeración o, simplemente, inundar hasta dejar bajo el agua los reactores y la pileta con combustible nuclear, que ciertamente nunca volverán a funcionar. Hasta anoche, los recursos en busca del ansiado enfriamiento no habían dado mayores resultados: los últimos intentos incluyeron dejar caer agua de mar desde helicópteros –pero se evaporaba antes de llegar al reactor– y manguerear con camiones hidrantes, diseñados para dispersar movilizaciones callejeras –pero las barras de plutonio presentaron más resistencia que los manifestantes desarmados–. En cuanto al escenario pesimista, según los expertos, “sería mucho menos grave que Chernobyl y podría no causar víctimas fatales en la población”. De todos modos, admitió uno de los expertos, “no se puede predecir mucho ante algo que no pasa todos los días..., algo que no pasa nunca”.

En la mañana de ayer, en una conferencia, el ingeniero nuclear Jorge Barón –docente en la Universidad de Cuyo– había planteado dos escenarios: “El optimista partía de que se obtuviera lo que acaba de lograrse –dijo a este diario, a las siete de la tarde–: restablecer la electricidad”, algo que anunciaba la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), inicialmente para el reactor 2 de Fukushima Daiichi.

–¿Y si los equipos de refrigeración que funcionarían con esa electricidad están a su vez dañados? –preguntó Página/12.

–Sí –admitió Rubén Navarro, gerente de Licenciamiento y Control de Reactores Nucleares de la Autoridad Regulatoria Nuclear de la Argentina–: existe el riesgo de que los sistemas hayan sido dañados por el terremoto, pero los técnicos tienen muchas esperanzas de que funcionen, por eso se esforzaron en hacer llegar la electricidad. El tiempo que tardó en restituirse la energía eléctrica se explicaría “por el daño que el sismo y el tsunami causaron en los caminos y la infraestructura”.

Hasta anoche, en ausencia de suministro eléctrico, los tres reactores que estaban en actividad cuando se produjo el terremoto seguían sin poder refrigerarse: es, digamos, como si el agua que refrigera el motor de un auto no pudiera disipar su calor porque la correa del ventilador se ha roto; entonces el agua, del auto o del reactor, se calienta, lo cual no sólo pone al motor o al núcleo atómico en riesgo de fundirse, sino que aumenta la presión del agua hecha vapor. En el reactor, este aumento de presión pone en riesgo nada menos que la cubierta protectora del combustible radiactivo, y por eso en Fukushima los técnicos, cada tanto, ventean, dejan que salga un poco al ambiente: este vapor, contaminado por el combustible nuclear, genera radiactividad en la atmósfera. El vapor además contiene hidrógeno que, en contacto con el aire, causó las explosiones que hicieron volar los techos. Pero “estos techos eran sólo paneles para proteger de la lluvia, que incluso los operadores habían pensado retirar”, aclaró Barón.

A esto se agregó que, por fisuras que produjo el terremoto, una pileta con combustible nuclear para otro reactor perdió gran parte del agua que lo cubría: las barras de combustible quedaron expuestas emitiendo radiactividad: “Intentaron reponer el agua mediante camiones hidrantes, de esos que se usan en las manifestaciones –contó Navarro–, pero la pileta está en un piso alto y desde abajo llegaba muy poca agua”.

El otro recurso, para enfriar los reactores como para inundar las piletas, fue echar agua desde helicópteros: “Tampoco fue muy útil –admitió Navarro–: el helicóptero no deja caer un chorro, sino una llovizna y cada aparato no carga más de mil litros que, por las altas temperaturas sobre el reactor, muchas veces se evaporan antes de llegar”.

–El uso de helicópteros se había desestimado por el riesgo de radiactividad sobre sus operadores: ¿por qué cambió ese criterio?

–Hay que tomar en cuenta el tiempo de exposición: el operador del helicóptero está expuesto a una dosis alta pero permanece muy poco tiempo y entonces la dosis resulta aceptable –contestó Navarro.

En cuanto a los que trabajan en el interior de la planta, ¿qué grado de protección ofrecen sus mamelucos especiales? “Protegen contra la contaminación, pero no contra la irradiación –explicó Barón–: al cubrir totalmente a la persona, impiden que ésta se ponga en contacto con sustancias radiactivas, pero no bloquean la radiación del ambiente.”

Sin perjuicio del destino de esos trabajadores, subsistía anoche la opción entre los dos escenarios posibles. En el optimista, la electricidad restituirá la refrigeración o permitirá simplemente “inundar hasta que todo quede bajo el agua”, graficó Navarro. Claro que, como observó Barón, “estas centrales no volverán a operar nunca más”. En el pesimista, sin refrigeración, “llegaría a fundirse el dióxido de uranio del núcleo de los reactores : es esperable que hubiera liberación de material radiactivo pero, a diferencia de Chernobyl, sin víctimas fatales entre la población: parecen eficaces las actuales medidas de evacuación, distribución de tabletas de iodo, refugio en las casas”.

–¿Tampoco habría víctimas a largo plazo, por cánceres?

–Podría haber algún aumento en la incidencia de cáncer, pero mucho menos que en Chernobyl .

Navarro sostuvo que “en este caso las presiones son relativamente bajas: no tiene por qué generarse una ‘pluma’ (columna) radiactiva de 4000 metros de altura, como en Chernobyl: la pluma sería baja y, por eso, localizada”. De todos modos, “en una situación como ésta, no es posible predecir con exactitud: es algo que no pasa todos los días; es algo que no pasa nunca”.

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Helicópteros cargaban agua en el mar y la derramaban sobre los reactores.
Imagen: AFP
 
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