SOCIEDAD › COMO SIGUE LA VIDA DE LOS DAMNIFICADOS

La nueva tragedia

“No pedimos lujos. Todo lo que queremos es una indemnización, pero el gobierno ha sido terriblemente lento”, dice Teiichi Sekizawa, que un año después de la catástrofe vive en un container, en un asentamiento de 180 casillas en la ciudad de Fuku-shima; en realidad el contenedor es un avance con respecto al gimnasio donde, junto con centenares de damnificados, pasó los primeros meses. Sekizawa sabe que no podrá volver a su casa, a diez kilómetros de la planta de Fukushima Daiichi, donde la radiactividad seguirá alta durante muchos años. Las quejas de la población damnificada por el desastre en la central atómica se dirigen por igual al gobierno japonés y a la empresa Tepco, a cargo de gestionarla.

Pocos evacuados recibieron hasta ahora indemnizaciones de Tepco. Cerca de dos millones de personas deberían ser compensadas. Para los evacuados de la zona de exclusión, Tepco ofreció un subsidio mensual por “sufrimientos mentales”, pero los beneficiarios deben probar cada tres meses que continúa su “sufrimiento”. Tsutomu Aoki, uno de los abogados de los desplazados, señaló que “las personas no saben durante cuánto tiempo recibirán ese dinero, que necesitan, no por sufrimiento mental sino para vivir”. Por ejemplo, Mia Isogai, de 31 años, tuvo que mudarse con su marido y su hijito a la ciudad de Yokohama: “Comemos con mi sueldo, pero no podemos pagar el alquiler, porque mi marido todavía no encontró trabajo”.

Además, un millón y medio de personas vio cómo sus cultivos se contaminaban o tuvo que cerrar sus negocios. Tepco les ofrece un único pago equivalente a unos mil dólares, que sube a 6000 para las embarazadas y los niños. Y les exige que firmen un compromiso de no reclamar más. Pero, como advirtió Izutaro Managi, otro de los abogados de los damnificados, “los efectos de las radiaciones pueden aparecer años después”.

También se critica que en la evacuación no se tomaron en cuenta las relaciones sociales de las personas: Ken Horikawa, uno de los voluntarios que trabajan en la zona, observó que “muchos ancianos que vivían solos, ahora, sin el apoyo de los vecinos y amigos del barrio, se sienten aislados, no duermen bien y están estresados”, ejemplificó.

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