SOCIEDAD › VERSIONES Y FALTA DE PRUEBAS SOBRE EL CUADRUPLE CRIMEN DE LA PLATA

Cuatro muertes sin resolver

Tres mujeres y una nena apuñaladas, una explicación pasional que naufraga y un caso que se dice esclarecido, pero sigue abierto. Con dos detenidos, el asesinato múltiple todavía necesita muchas pruebas más sólidas.

 Por Raúl Kollmann

Medio caso Candela. El expediente por la cuádruple masacre de mujeres en La Plata oscila hoy entre una detención que tiene el respaldo de pruebas –la del albañil Javier Quiroga– y una historia de crimen pasional armada al principio por el fiscal Alvaro Garganta, el juez Guillermo Atencio y los funcionarios de la Policía Bonaerense. Esa historia ya naufragó en la Cámara de Apelaciones por falta de pruebas. A contramano de las declaraciones públicas que ya dan el caso por resuelto y que le achacan a Osvaldo “el Karateca” Martínez la autoría intelectual de los cuatro asesinatos, el expediente requiere que se junten pruebas con seriedad, discreción y solidez. El objetivo no puede ser satisfacer una historia oficial que ya hizo agua en el caso Candela.

La detención de Quiroga dio un vuelco a la causa por el cuádruple crimen de La Plata, en el que fueron asesinadas a cuchillazos y con un palo de amasar cuatro mujeres: Bárbara Santos –a la que mataron con particular saña–; su hija de once años, Micaela; la madre de Bárbara, Susana; y una amiga, Marisol, que por infortunio llegó a la vivienda aquella noche.

De todas maneras, el caso plantea varios interrogantes:

- ¿Es valiosa la detención de Quiroga?

Indudablemente. El hombre aparece seriamente implicado. En primer lugar, porque él mismo admite haber estado presente en el momento en que se produjeron los homicidios. En segundo lugar porque su ADN está presente en cinco lugares: en el cuchillo, el palo de amasar, las uñas de Marisol y Susana, y un guante de látex de cocina.

- ¿Es Quiroga el homicida?

Todo lo indica. Su ADN aparece en dos de las víctimas. No se puede descartar que Quiroga, que fue albañil en esa casa, haya pensado en mantener alguna relación con Bárbara. Tal vez ella lo rechazó y eso desató el drama, derivando en el asesinato de todas las que estaban en la casa para no dejar testigos. No se trata de un caso sofisticado ni un plan preconcebido. Hasta el criminal más primario, si planifica matar a alguien, lleva el arma del crimen. En este caso, es obvio que se trató de un conflicto que se armó allí mismo: el cuchillo y el palo de amasar son de la propia cocina de esa casa y son armas –¿armas?– elementales.

- ¿Actuó una persona sola o actuaron dos?

El crimen pasional es muy personal, muy de la persona que sufre el desengaño o el rechazo. Parece inconcebible un crimen pasional compartido entre dos, más si eso incluye matar hasta a una nena de once años. Quiroga trata de mejorar su situación diciendo que él sólo estuvo presente y amenazado, pero eso no se sostiene. La idea de que lo hicieron tocar el cuchillo y el palo de amasar para dejar su ADN es descabellada, lo mismo que su versión de que el Karateca le llevó las zapatillas en la mano. Este crimen, como hace años diagnosticó el criminalista Raúl Torre, fue desorganizado, no planificado.

El fiscal argumenta que se incorporó ahora un estudio que indica que actuaron dos personas. Ese trabajo, hecho por la Asesoría Pericial de la Corte y firmado por la doctora Gabriela Tinto, es llamativo: se presentó en el expediente el 3 de mayo. Hasta ahora, los estudios científicos demostraban todo lo contrario: por las pisadas, las manchas de sangre y el ADN se consideraba que intervino un solo homicida. Así lo señalaron dos camaristas que actuaron en la apelación. Los doctores Carlos Silva Acevedo y María Riusech señalaron que “se trató de una escena criminal desplolija, con sangre en el piso de todas las habitaciones, que salpicó paredes y muebles y con pisadas que iban y venían. Quien mató a las mujeres no pudo no mancharse y no pisar la sangre, por lo que debe concluirse que las pisadas corresponden al homicida”. Y eso fue lo que se determinó: que las pisadas eran de una sola persona. Habrá que analizar la solidez del nuevo estudio.

- ¿Cuáles son las pruebas que incriminan al karateca Martínez?

Ahora, la prueba más importante es la declaración de Quiroga, aunque parece más bien endeble. El segundo indicio es la declaración del remisero Marcelo Tagliaferro. Tampoco es muy contundente: primero dijo que vio al hombre que estaba en la casa por un espejo retrovisor y después manifestó que cuando lo vio en la televisión y en los diarios, ahí lo reconocíó. Martínez afirma que estuvo en su casa durante las horas en que se produjeron los asesinatos. El informe de la empresa de celulares indica que su celular cursó señal por tres antenas distintas, por lo que el fiscal concluyó que mintió.

Otros sostienen, en cambio, que eso es posible, porque aunque una persona no se mueva, dependiendo de las llamadas de ese momento, la señal puede variar de antena. Por último, hay un vecino que dice que vio al karateca llegar apurado con su auto y casi chocar el portón del garaje. Según la defensa de Martínez, eso quedó aclarado: no fue aquel día, sino el anterior. Por supuesto que, de todas maneras, uno de los argumentos centrales es que Martínez era una persona muy celosa y la hipótesis que trazó el fiscal de entrada fue que se volvió loco porque Bárbara iba a salir a bailar esa noche con Marisol y, supuestamente, por eso la mató y por eso es la que más cuchilladas tiene. Al resto las terminó matando para que no quedaran testigos.

Si uno aceptara la versión de Quiroga, habría que preguntarse por qué Martínez, que mató tres mujeres para que no queden testigos, no mató también al propio Quiroga, más aún teniendo el karateca –supuestamente– un arma.

- ¿Por qué existe la posibilidad de que el cuádruple crimen produzca un gravísimo naufragio, como fue el del caso Candela, en que todos los imputados quedaron el libertad?

Desde el primer momento, el fiscal Alvaro Garganta realizó virtuales conferencias de prensa en las que acusó a Martínez por los homicidios. El juez Atencio lo acompañó. Y, lo más curioso, una vez más apareció el mediático abogado Fernando Burlando respaldando el trabajo de la Bonaerense y del Ministerio de Seguridad. En el caso Candela, Burlando dijo: “Los detenidos son los culpables y no van a salir por mucho tiempo de la cárcel”. Hoy todos están en libertad y nadie cree la hipótesis de que a Candela la mataron porque se trató de una venganza contra su padre, que llevaba un año y medio preso, y le reclamaban 10.000 pesos en una disputa entre piratas del asfalto.

En este cuádruple crimen hay un evidente paso adelante, la detención de Quiroga, aunque sigue estando poco claro cómo se llegó a él. Un testigo de identidad reservada, una llamada al 911, todo con cierto tufillo a buchones de la Bonaerense. De todas maneras, el ADN, que no es cuestionado por nadie, y la virtual confesión de Quiroga demuestran su responsabilidad en los hechos.

El grave peligro es que se produzca una ejecución jurídico-mediática contra Martínez, sin pruebas sólidas, con el único objetivo de justificar los dichos públicos y la investigación oficial del fiscal, el juez, Burlando y la Bonaerense. Hay familiares que han puesto el corazón en esto, como el papá de Micaela, Daniel Galle, quien acompañó la investigación. Pero en lugar de un trabajo serio y silencioso, asistimos a estruendosas declaraciones de los funcionarios y del asombroso Burlando –cuyos honorarios no está claro quién los paga– dando por confirmadas hipótesis que no están probadas.

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Imagen: Télam
 
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