SOCIEDAD › LA ESTRATEGIA DE LOS ABOGADOS DE LOS ACUSADOS POR MARITA VERON

Más que defensores, críticos

La defensa de los acusados por el secuestro de Marita Verón sostuvo que la causa es una “embestida” del gobierno contra la Justicia independiente y pidió la absolución de todos los imputados. También criticó a la fundación que dirige Trimarco de lucha contra la trata.

 Por Soledad Vallejos

Desde San Miguel de Tucumán

La defensa pidió que los acusados como autores intelectuales y materiales del secuestro de Marita Verón sean absueltos. En el primer turno de alegatos de los imputados, el abogado Cergio Morfil aseguró que María Jesús Rivero, ex dueña de la remisería “5 estrellas” –en uno de cuyos autos habría sido raptada la joven– y su hermano Víctor –acusado por la fiscalía de ejecutar el secuestro por orden de ella– deben terminar el juicio “absolutamente libres de culpa y cargo”. A esa conclusión llegaba después de desacreditar los testimonios de mujeres rescatadas de redes de trata y comparar el estrés postraumático de víctimas de explotación sexual con el de un accidente vial o dudar de un testigo por su personalidad supuestamente pendenciera. Pero no sólo eso: el caso, por su “exposición mediática”, dijo, porque Susana Trimarco “tiene una gran cuota de poder” y fue recibida por la presidenta Cristina Fernández, formaría parte de “una embestida” gubernamental contra la Justicia independiente. Sus clientes y los demás imputados, aseveró, corren riesgo de convertirse en “chivo expiatorio” a causa de una injusticia. Por eso pidió a los jueces que echaran mano de “hidalguía e independencia” y absolvieran a los Rivero. En el transcurso de su exposición, en la que no se privó de misoginia explícita, también había trazado una curiosa cadena de desplazamientos al hablar del motivo del juicio: de “secuestro”, pasó a hablar de “la desaparición” de Marita; en las últimas intervenciones, ya refería lo sucedido como “ausencia”. “Marita se ha ido”, llegó a decir el abogado Morfil.

Entre lunes y miércoles, la fiscalía y la querella habían coincidido en sindicar a los Rivero como la punta del ovillo capaz de explicar el secuestro de Marita Verón. Para ellos, además, tanto los fiscales Manuel López Rougés y Carlos Sale como la querella habían pedido 25 años de prisión. Los alegatos continuarán el lunes a las 8.30 de la mañana.

Para el defensor Morfil, los indicios coincidentes que se desprendieron de los testimonios brindados en el debate resultan endebles, aun cuando la mayor parte de la argumentación que desplegó se limitó a criticar –confundiendo a veces contenidos de declaraciones (algo no dicho con algo dicho, versiones)– palabras de la instrucción de la causa. Cuando refirió las audiencias, procuró desacreditar por “pendenciero” a un hombre que, en las audiencias, testimonió que Víctor Rivero le contó que él había seguido órdenes de su hermana y secuestrado a Verón. Al referir las víctimas de trata y explotación sexual, como las que testimoniaron ante el tribunal y contaron haber visto a Marita, detallaron el funcionamiento de la red e identificaron a muchos de los imputados, Morfil se permitió dudar sobre la veracidad de los alcances del estrés postraumático. “Pero todas las víctimas sufren estrés: las víctimas de violación, las de accidentes”, dijo, antes de recordar que días antes, cuando una mampostería se derrumbó sobre una vereda, casi aplasta a un conocido suyo. “Eso es estrés postraumático”, agregó. En la misma línea relativizó los dichos de “la señora Gatti”, en referencia a Zaida Gatti, la titular del Programa Nacional de Rescate de Víctimas de Trata. A esas mujeres rescatadas de las mafias que las esclavizaron sexualmente, señaló, “no las hemos visto bajo tratamiento psicológico, ni tampoco sabemos qué trabajo hacen en la Fundación” María de los Angeles Verón. “¿Alguna de ellas está en la mesa de entradas, en la recepción? No. Estarán en su casa. O tendrán un comercio. Otras habrán regresado a la prostitución en las calles.”

Durante el juicio, Susana Trimarco había contado ante el tribunal que ella conoció a su propia madre a los 18 años, a poco de casarse con Daniel Verón, el padre –ya fallecido– de Marita. Morfil recordó el dato una, dos, tres veces. Finalmente sugirió que Marita no habría sido secuestrada: habría abandonado voluntariamente su vida, a consecuencia del trauma, del de-samor. “¿Por qué –preguntó– de todas las mujeres que desaparecieron en Tucumán de los ’90 a la fecha”, el único caso notorio es el de Marita? “Las que se van, desaparecen”, dijo; “después vuelven”. Explicó que no era poco usual: a “cuántas mujeres, cuántos travestis... seamos inclusivos” sucede.

A Susana Trimarco, la cercanía a los gobiernos nacional y tucumano, su manejo de la fundación para ayudar a víctimas de trata (“¿adónde se va esa plata?”, que “es nuestra”), su postulación al Premio Nobel de la Paz (cuya mención, en términos económicos, abonó nuevas suspicacias), la vuelven un personaje de intenciones oscuras. Quizás aviesas. Eso dijo, eso insinuó Morfil.

Pero los hermanos Rivero son inocentes. Ella, María Jesús, ex vicepresidenta del Club San Martín cuando era presidido por su entonces pareja Rubén Ale, “es desenvuelta y capaz de pelear la vida”, definió el abogado para delinear un perfil de respetabilidad. “Tiene familia y tiene hijos. No viene de la calle, no se prostituyó, no andaba subiendo y bajando de camiones”, detalló. Quizás el defensor olvidó que la propia Rivero contó que años ha, cuando Ale tenía un puesto de verduras en el mercado de abasto, era ella quien manejaba el camión para hacer las entregas. Rivero, argumentó el abogado, “no es una gran madama. Es mi amiga”.

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Susana Trimarco fue blanco de cuestionamientos por parte de la defensa.
 
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