SOCIEDAD › UNA MIRADA DESDE EL MUNDO PSI AL CASO DE LA PERIODISTA DE CORONEL SUAREZ

“No son monstruos”

El psiquiatra Enrique Stola combate los lugares comunes en torno de la historia de la mujer cautiva y abusada. Las motivaciones, el lavado de cerebro, las similitudes con las víctimas de trata o los presos en cárceles.

 Por Mariana Carbajal

El caso de Coronel Suárez puso en primer plano los alcances de la crueldad humana. Tal vez, generó mayor conmoción porque una de las involucradas es una periodista, cara famosa de un canal local. Pero los tormentos a los que fue sometida Sonia Marisol Molina durante su cautiverio en la casa de Jesús Olivera y su esposa, Estefanía Heit, no distan mucho de los que sufren diariamente las víctimas de trata para la explotación sexual o presos en cárceles del país: torturas, malos tratos, violaciones y falta de comida. Esa es la mirada que aporta el psiquiatra y psicodramatista Enrique Stola, al reflexionar sobre los hechos de Coronel Suárez, en una entrevista de Página/12. “Hay que asumir que muchísima gente de todas las clases sociales, con presiones siniestras pueden tener este tipo de conducta. En la estructura patriarcal hasta el hombre más miserable de la tierra posee algo que lo hace sentir y ser: es dueño de una mujer. Miremos las cárceles, donde a los presos se los mata de hambre y se los tortura, esas monstruosidades son parte de nuestras sociedades también. No nos extrañemos de que surjan personajes como estos que están detenidos por el cautiverio de esta mujer en Coronel Suárez. Nuestras sociedades son terriblemente agresivas, violadoras, expropiadoras. No hay que pensar que nosotros somos los buenos y ellos los monstruos”, dice Stola, casi como una provocación.

Profesor de Derechos Humanos y Memorias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, Stola analiza también las motivaciones que pueden mover a una pareja, como la de Coronel Suárez, a llevar adelante las acciones por las cuales ahora están detenidos, las personalidades en juego, y los procesos de lavado de cerebro que pueden darse para reclutar a sus víctimas.

–¿Se puede hacer lo que se conoce como un lavado de cerebro a una persona para someterla, como aparentemente ocurrió con la mujer mantenida en cautiverio durante tres meses en la casa del matrimonio de Coronel Suárez?

–Cuando una persona quiere dominar generalmente encuentra personas que cumplen roles complementarios. A veces son vínculos de baja intensidad en cuanto a la autonomía que pierde el dominado, a cambio de la ilusoria seguridad –podemos verlo en nuestra sociedad en cómo se dan gran parte de los vínculos de pareja–. Cuando esa intensidad vincular en el marco del rol dominador-dominada aumenta, disminuye drásticamente la autonomía y la capacidad de decisión de las personas, se producen distorsiones cognitivo-afectivas y la persona dominada pasa a ser un apéndice del dominador. Estamos aquí hablando de vínculos que comienzan con una implicación afectiva: confianza en el dominador, confianza en la creencia que propone, en sus cuidados y propuesta de protección. Por otro camino se pueden lograr similares niveles de sometimiento, es el caso de las víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual, que sufren un “ablande” que puede durar varios días hasta llegar a someterlas totalmente. También se usan la tortura, violaciones, descalificaciones, privación de comida, denigración, humillación, etc.

–¿Qué tipo de personalidades son más proclives a caer bajo del dominio de este tipo de gente?

–Personalidades abandónicas con fuertes carencias afectivas. Personalidades borderline.

–Se presume que Olivera conducía una supuesta secta y se creía un mesías. ¿Hay ahí un trastorno de la personalidad?

–No se puede definir un trastorno por el tipo de creencia religiosa o ideológica. Puede ocurrir que tenga un delirio místico, puede ser una personalidad paranoide o ser un psicópata. O tener una X personalidad con mecanismos psicopáticos.

–¿Qué los mueve a someter y humillar a otra persona?

–Las personas psicópatas o las personas con X personalidad con trastornos psicopáticos gozan con el ejercicio del poder en forma destructiva, con la manipulación, humillación y aniquilación de la víctima.

–Llamó mucho la atención a los habitantes de Coronel Suárez que la periodista, cara de un canal de cable local, estuviera involucrada en este terrible hecho. ¿Cómo se puede explicar ese tipo de conducta, donde aparentemente mostraba una doble personalidad, que hace que cueste asociarla con tanta barbarie?

–Ahí anda mucha gente de Coronel Suárez calificándola de monstruo y supongo que queriendo lincharla. Calificarla de monstruo significa que es algo anómalo a lo que calificamos como ser humano. Hay que asumir que muchísima gente de todas las clases sociales, con presiones siniestras pueden tener este tipo de conducta. En la estructura patriarcal, hasta el hombre más miserable de la tierra posee algo que lo hace sentir y ser: es dueño de una mujer. Miremos las cárceles, donde a los presos se los mata de hambre y se los tortura, esas monstruosidades son parte de nuestras sociedades también. No nos extrañemos de que surjan personajes como estos que están detenidos por el cautiverio de esta mujer en Coronel Suárez. Nuestras sociedades son terriblemente agresivas, violadoras, expropiadoras. No hay que pensar que nosotros somos los buenos y ellos los monstruos.

–En otros casos donde hay supuestas sectas, han salido a la luz abusos sexuales de por medio. ¿Tienen un significado especial ese tipo de agresiones brutales?

–Estos grupos que ejercen poder o dominación terminan muchas veces abusando a mujeres, varones y niñas y niños. Se juega ahí el poder sexual. Como también se usa la violación de las mujeres en las guerras. Es una estrategia de destrucción. Es parte del sometimiento. También en los centros clandestinos de detención de la última dictadura militar se violaron mujeres y también a los varones.

–También sorprenden las condiciones en que la mantenían secuestrada a la mujer, casi sin alimentación. Su grado de desnutrición era elevado, al parecer. ¿Qué buscaban?

–Matarla, descuartizarla, quemarla, comerla, cualquier cosa puede ocurrir en ese contexto. Si es un psicópata no resuena con el sufrimiento, sólo goza destruyendo. Si no es un psicópata, puede tener argumentos ideológicos o religiosos que justifiquen su conducta. ¿Acaso prestigiosos académicos católicos no se autoflagelan? o ¿cuántos obispos han dicho ante una niña embarazada y con riesgo de muerte que es preferible eso a que se realice un aborto? La maldad siempre encuentra justificativos morales.

–Se tiende a catalogar a estas personas como “monstruos”...

–No son monstruos. La maldad existe también mezclada con la bondad. Y en cuanto a la periodista, supongamos que no sea víctima de este hombre, entonces tampoco es un monstruo. Como dice Amelia Varcarcel, las mujeres tienen derecho a la maldad. No es privativa de los hombres. Pero la mayoría de las estructuras más terribles de dominación las dirigen hombres.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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