SOCIEDAD › UNAS 6500 PERSONAS EN LA NUEVA MARCHA DEL SILENCIO

Santiago crece desde el pie

El reclamo por justicia crece cada viernes en la provincia. Una multitud marchó desde los tribunales de La Banda hacia la ciudad de Santiago. Y pidió por el fin de la impunidad en la provincia.

 Por Alejandra Dandan

Desde Santiago del Estero

Era su primera vez. Casi a la caída del sol, sobre el final de la columna repleta de bicicletas, carteles y hombres de a pie, una de las chicas hacía equilibrio con un alfiler y una foto de Patricia Villalba. “Se me hace que muchos casos más saldrían a la luz si se conoce éste.” Carolina también se llama Villalba, de casualidad. Y también marchaba cargando la imagen de un crimen distinto, uno propio y todavía no resuelto. Fue una de las primeras que ayer se sumó a la marcha que desde hace dos semanas ha cambiado de punto de partida. Ahora es el Tribunal de La Banda el punto para una cita a la que han comenzado a plegarse no sólo los habitantes de Santiago sino aquellos del barrio de Patricia Villalba. Hubo siete kilómetros de espera para tocar con los pies la plaza del centro de Santiago. Hubo unas 6500 personas, cuando hace tres semanas eran apenas 100. Hubo pedidos de justicia, pero también mucho silencio, banderas levantadas con las caras de más muertos y preguntas por las fiestas del poder.
Esta vez Santiago no tuvo visitas estelares que alimentaran la marcha. Desde la mañana se sabía que se había postergado el viaje de la monja Martha Pelloni y de los delegados de la Cámara de Diputados que llegarían con el dictamen de la intervención judicial a la provincia. Un problema técnico del avión impidió el traslado de la delegación, pero no desalentó la procesión, que a las cinco de la tarde tenía a Juan Domingo Villalba, el padre de Patricia, en la cabecera de la columna de La Banda.
“Pero olvídese –decía el hombre–. Si yo trabajara para el gobierno, olvídese de que pudiera hacer esta marcha.” Los Villalba viven del trabajo de Juan Domingo en una textil de Santiago, así vivió Patricia hasta que terminó el secundario, cuando ocupaba su tiempo libre de la escuela como cuidadora de chicos. “¿Sabe qué trabajadora que era?”, contaba el hombre, y se acordaba del paso de su hija por un locutorio y por la verdulería, el lugar desde donde se la llevaron así porque sí, un miércoles después de la medianoche, cuando nadie sabía que, a lo mejor, tenía una cita. “Pero le digo la verdad –repetía Juan Domingo–, mi hija de una fiesta nada, si yo la conocía bien: nunca iba a irse a una fiesta si no tenía la ropa para cambiarse.” Aquel día, sus padres se quedaron esperándola, y la esperaron hasta las seis de la mañana, cuando él se subió a la moto para preguntar por ella en la verdulería.
Ni Juan Domingo ni muchos de los que caminaban a esa hora sobre la autopista que conecta La Banda con la ciudad de Santiago sabían a ciencia cierta las especulaciones que en este momento tiene la Justicia. En esas especulaciones han aparecido y desaparecido hipótesis en los últimos días, y en estos mismos días se han decretado y disuelto los nombres de una decena de posibles asesinos. ¿Quiénes mataron a las chicas? En las marchas ya nadie pregunta, está presente la sensación de la existencia de culpables y sospechosos más allá del caso de La Dársena. Se habla de una fiesta, pero de una fiesta que tal vez no ha tenido solo un tiempo y lugar, sino a toda la estructura del poder para preservarla hace años.
Poco más tarde, a varios kilómetros de ahí, la procesión entraba a Santiago para repetir, otra vez, esta marcha que va instalándose de a poco como agenda semanal. Allí, a las siete y media, frente a la catedral estaban todos: las Madres del Dolor, la tía de Leyla Bshier Nazar, los piqueteros de La Banda, los sacerdotes de a pie. Y también estaban los otros, los que ya no están, pero aparecen cada viernes sobre pancartas de papel, porque no quieren faltar:
–Justicia por Silvina Saravia.
–Por la memoria de Cacho y Kirilo.
–Justicia por una hija arrancada por la jueza Pizolito.
–Termas de Río Hondo: víctima Manuel Antonio Morales. Justicia.
–Justicia por Roberto Spinosa.
Y hay más.

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Las banderas por Leyla y Patricia fueron también las banderas de las otras decenas de casos.
“Pero olvídese. Si yo trabajara para el gobierno, olvídese de que pudiera hacer esta marcha.”
 
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