SOCIEDAD › EL BALNEARIO MARPLATENSE CABOLARGO ABRIó UNA TEMPORADA DE FIESTAS PLAYERAS NOCTURNAS

Una noche para sacudir la arena

Todos los sábados prometen música y diversión. El balneario, desde hace cuatro temporadas, busca meter onda en la movida playera nocturna. Grupos cumbieros, rock, reggae, hay para todos. La fiesta sigue hasta las cinco de la manaña.

 Por Carlos Rodríguez

Desde Mar del Plata

Los diez integrantes de Pera de Goma se mueven sobre el escenario como si los agitara un tifón de esos que suelen sacudir las playas del Caribe, aunque la noche marplatense, a pocos metros de un mar calmo, tiene la placidez de un buen colchón de dos plazas y media. En Cabolargo, un balneario que va por su cuarta temporada, la fiesta y el baile están en su apogeo. Sobre el escenario, La Tana y Marula festejan sus cumpleaños a todo ritmo y reciben saludos multitudinarios mientras bailan sobre la tarima donde Sebastián Sanguinetti, la voz de Pera de Goma, arenga un happy birthday que mezcla cumbia con rock y rock con reggae. La música suena bien toda la noche y los oídos, cansados de tanto “punchi-punchi” electrónico, disfrutan –perdón por el exabrupto– como lo haría un fanático de lo clásico escuchando un concierto a puro Wagner y Tchaikovsky. El baile, los tragos y algún romance llenan una noche placentera que finaliza minutos después de las cinco de la mañana, con un grito de cancha que repite una consigna que crece con la luz del día: “¡Ya sale el sol, ya sale el sol!”.

Uno de los bailarines más entusiastas –y locuaces– es Carlos Foglia, uno de los dueños del lugar, mientras que su socio, Jorge González, anda de boliche en boliche –tiene más de uno– controlando que “todo ande bien”. Cabolargo es un lugar que promete “sol, arena y mar en estado puro”, según el slogan publicitario, además de la posibilidad, de ahora en más todos los sábados por la noche, de seguir disfrutando del aire que viene del Atlántico, bailando hasta el amanecer. La pista tiene un sector con piso de madera y otro, más amplio todavía, arena suave, a la que llegan los asistentes como fin de fiesta, cuando la noche se está yendo a dormir.

“Somos marplatenses y ahora nos tenemos que ir a trabajar, porque el verano, para nosotras, es hacer dinero con el turismo; pero esto es muy lindo como para no disfrutarlo”, afirma Mariela, una chica local, de 23 años, que vino “no a reventar la noche, sino a reventarnos en una noche, porque ahora vamos derecho a trabajar, sin dormir”. Y allá van, con sus dos amigas, Flor y Micaela, para subirse en la ruta once al 221, que las lleva a los negocios de la peatonal San Martín donde se ganan el pan de cada día. Cabolargo está ubicado en el paseo costero Presidente Arturo Illia sin número, cerca de la rotonda del Faro de Mogotes. Entre la pista de baile y el mar tiene tres piletas para adultos, niños y familias.

El show de los Pera de Goma comienza con una promesa de “mucha cumbia y mucho rock”, en castellano y en inglés. El grupo está compuesto por una “banda” de pibes, diez en total, oriundos de los barrios porteños de Villa Urquiza y Villa Pueyrredón. Hay quienes los comparan con la primera formación de Agapornis, el grupo platense que impuso la “cumbia pop”. Ellos prefieren ser ellos mismos. “No queremos parecernos a nadie, ni ser sucesores de nadie, queremos hacer lo nuestro con buena onda y, sobre todo, con buena música”, aclara Gabriel Guazzaroni, otro de los integrantes del grupo, junto con Sebastián Sanguinetti, Mariano González, Martín González, Martín Rodríguez, Pablo Marcón, Julián Caramanti, Martín Ortiz, Nahuel Paredes y José Sterren.

Todos tienen entre 23 y 28 años, y su performance en las tablas incita al baile. Cantan una canción que pregona “hoy me escapé de mi mujer”, pero más adelante se mandan con una respetuosa versión de “Like a Rolling Stone”, el mítico tema de Bob Dylan.

Sobre la pista, mezcladas con las parejas que estaban o se han formado esta noche, para bailar o algo más, hay una decena de chicas que danzan, mientras una multitud de varones observa y toma cerveza o alguna bebida más estimulante. “Nos gusta bailar y estamos acostumbradas a hacerlo con las amigas. ¿Si me molesta o espero bailar con algún chico? Sí, la posibilidad siempre está abierta cuando una va a una fiesta, pero no es algo que nos parta la cabeza. A veces es mejor divertirnos entre nosotras, conversar, bailar, joder, y no tener que aguantar a un boludo que se cree el centro del mundo. Si vienen con onda, bienvenidos, pero a veces es mejor salir con amigos que vos conocés y que sabés que la vas a pasar bien, que con algún flaco que te rompa la paciencia.” Candela y Rosario tienen como meta “pasarla bien y después ver qué es lo que pasa, si es que pasa; y si no pasa, está todo bien”.

Jalo Gil es el que produce las fiestas en Cabolargo. Dice que ahora se van a realizar todos los sábados, desde la una de la mañana, con la actuación de bandas que, en su mayoría, se adaptan a la moda de la cumbia, con toques de rock. “Es una música festiva, que pega bien con la onda que tiene el balneario.” Cerca de ahí, en La Caseta o en Playa Grande, los boliches tienen una tendencia mayor hacia la música electrónica. Las bandas que se van a presentar los sábados siguientes, más de una por noche, son El Plan de la Mariposa, de Necochea, que hace “música fusión de distintos ritmos”; Los Jiros, un grupo de cumbia pop; Deixa Pra La, unos chicos platenses con integrantes oriundos de Brasil que hacen samba. “También van a estar Joao Terán y Tackle Alto, un grupo de cumbia que viene de Córdoba.”

La fiesta, con el sol por encima del horizonte, culmina con viejos éxitos de la Mona Jiménez, Gilda, Rodrigo, Alcides y siguen las firmas. A contraluz, con el sol de fondo, los besos y arrumacos parecen escenas de una película de Lelouch.

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Contorsionarse al ritmo de la música y a orillas del mar, muy cercano a la idea de felicidad.
Imagen: Pablo Piovano
 
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