SOCIEDAD › LIU MING, EN BUSCA DE LA ARMONíA UNIVERSAL

El monje que ríe

 Por Soledad Vallejos

Es una pequeña celebridad fuera de la comunidad china por propiedad transitiva: su paciente más famoso es Jorge Bergoglio, a quien viajó a atender al Vaticano, una vez que ya había asumido como papa. Pero Liu Ming, en realidad, es algo más que el médico chino de un líder religioso occidental. Por empezar, es un religioso él mismo: monje taoísta, lo que quiere decir, al menos en su caso, que también es maestro de artes marciales. Todo eso hace desde hace algunos años en Buenos Aires, adonde llegó por primera vez en 2002 “por turismo”, para luego, un par de años después, venir a quedarse y estudiar el idioma. ¿Por qué quedarse? “Me gusta más hasta el clima, me siento más cómodo. Y me acostumbré. Además, acá, en el Barrio Chino, donde vivo, hasta consigo la mejor comida”, dice entre risas. Además, emigrar no es fácil, pero Ming cree que siempre hay una búsqueda. “Todos estamos buscando un lugar más comodo para vivir, para trabajar. Y en China somos muchos, ¡hay mucha competencia! Acá hay menos gente.”

Médico y monje, además de poner pincel y tinta a la demostración de caligrafía (ver aparte), hoy alrededor de las 19.20 encabezará en el escenario una exhibición de tai chi. “Es un arte marcial interno muy lindo, que no tiene que ver con pelear, porque lo marcial no es eso que se cree a veces. Lo marcial es la paz”, señala para desmitificar posibles versiones más bien hollywoodenses de esa práctica que también enseña en una escuela que dirige. Para Ming, hablar de lo que hace es una deriva que lo lleva, una y otra vez, a volver a la idea y la necesidad de armonía; dice: “Es muy simple”. “Lo único que hay que hacer es estar en equilibrio. Mirá el cielo, mirá la Tierra, eso enseña a mantener la armonía del cuerpo, todo siempre se trata de cómo hacemos para armonizar ese cuerpo. Para eso hay técnicas. Toda la ciencia es nada más un alto nivel de técnica para eso, para vivir más cómodos. Claro, por ahí ahora tenemos una vida más larga, pero es con pastillas. Eso no es estar viviendo, es no morir nada más”.

Ming explica que está convencido de que nada como saber comer para cuidar esa armonía. Entonces, protesta: “Argentina tiene la mejor comida del mundo, pero mucha gente no sabe comer. Muchos comen mucho, toman gaseosa. Y cuando comemos y tomamos ese líquido, no le hacemos bien al cuerpo. Eso es no pensar en el futuro, no querer cuidarse. Todo tiene una misión en el universo. Tenemos que tratarnos bien, tratarnos con la paz. Así el universo tiene futuro”.

–No es fácil.

–Sí es fácil, pero la gente se hace lío.

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