SOCIEDAD › LA CORTE DEFINE HOY SI CONVALIDA LA CONDENA A UN CURA ABUSADOR

A la espera de un fallo terrenal

La Corte Suprema definirá hoy sobre el caso del cura Fernando Picciochi, condenado en dos instancias a 12 años por abusos a niños del Colegio Marianista a fines de la década del 80. En el año 2000, Sebastián Cuattromo lo denunció como víctima.

La Corte Suprema dará a conocer hoy la sentencia en la causa que tiene como condenado a Fernando Enrique Picciochi, ex religioso del Colegio Marianista acusado de abusar sexualmente de niños que asistían a esa institución. “Si la Corte Suprema mañana (por hoy) ratifica la condena es un paso muy importante, no sólo para mí, sino para todos los que luchamos por visibilizar esta injusticia, por que no siga ocurriendo y porque no quede impune”, sostuvo Sebastián Cuattromo, víctima del cura. Además, Cuattromo consideró “central” lograr la sentencia en el juicio oral de 2012 porque implicó que “más de 20 años después de cometidos los abusos la Justicia los diera por probados”.

Según la condena, en 1989, mientras cursaba séptimo grado en la institución marianista ubicada en el barrio porteño de Caballito, Sebastián fue abusado por Picciochi en dos oportunidades: primero, durante un viaje de egresados y luego, al regreso. “Para un niño, poder poner esto en palabras es muy difícil. En el colegio, además, había un contexto represivo y autoritario, y durante el juicio esto se pudo reconstruir, es decir, no sólo se probó el abuso, sino cuál era el clima que hacía posible que este tipo de injusticias sucedieran”, describió Sebastián, uno de los siete casos argentinos investigados por el equipo de periodistas en el que se basó la película ganadora del Oscar Spotlight.

Después de diez años de silencio, en el año 2000 el joven acudió a la Justicia para realizar la denuncia penal contra su abusador, quien había cometido delitos similares contra otros niños del mismo colegio. “El tribunal en ese momento se movió muy rápido, lo procesó y pidió la prisión preventiva, pero Picciochi logró fugarse en octubre de 2000 a Estados Unidos. Cuatro años después se me ocurrió preguntar en Interpol si tenían la orden de captura internacional y me informaron que la orden no estaba vigente porque el tribunal no había completado el trámite”, recordó. Al enterarse, Sebastián forzó a la Justicia a actuar y seis años después consiguió que lo extraditaran.

En paralelo, Cuattromo realizó una denuncia en la Justicia civil contra el Colegio, que en una instancia de mediación judicial lo obligó a firmar un convenio en el que aceptaba recibir un resarcimiento económico aunque con una cláusula de “confidencialidad”. “En 2012 me presenté en la Defensoría del Pueblo porque no quería seguir callando. Para mí era central que el juicio tuviera estado público, que sirva para dar testimonio, y poco tiempo después este organismo emitió una resolución en la que se me eximía de sostener la cláusula de confidencialidad”, explicó Sebastián.

En septiembre de 2012 el Tribunal Oral en lo Criminal 8 condenó a Picciochi a 12 años de prisión efectiva por “corrupción de menores calificada y reiterada”, en un fallo que contempló tanto el caso de Sebastián como el de otro niño ya adulto, y que luego fue ratificado por la Cámara de Casación Penal. “A partir de allí comenzó otro capítulo de mi vida. El juicio fue reparador a nivel personal y un punto de partida para encontrarme con otros y otras, para construir algo colectivo, que para mí había sido el primer sentido de la lucha, trascender mi historia para que sirva a otros”, sostuvo.

Tras el fallo, Sebastián conoció a sobrevivientes de abuso sexual infantil y conformó la organización “Adultxs por los derechos de la infancia”, que todavía hoy se reúne cada sábado por la tarde en La Cazona de Flores (Morón 2453). “Por un lado realizamos estos encuentros de pares y por el otro visibilizamos la temática. Ambas actividades tienen un efecto reparador en lo personal para quienes participan, es como si el encuentro con otros que pasaron por lo mismo y saber que luchamos porque no le pase a los niños de hoy resignificara nuestras historias, le dieran otros sentidos”, indicó.

Para Sebastián, “la presencia de nosotras y nosotros como adultos en la calle, contando en primera persona lo que nos pasó sigue siendo necesaria. El abuso infantil es un delito muy frecuente, se estima que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños lo padecen y, sin embargo, como sociedad lo tratamos de ocultar”, afirmó.

Sebastián expresó que “en el ámbito de la Justicia penal es muy difícil que haya condena. Pocos denuncian, se habla de que sólo un 10 por ciento se acerca a la justicia, y muchísimos menos son condenados, por eso el juez (Carlos) Rozanski, que ha investigado mucho sobre abuso infantil, siempre dice que es el delito más impune de la historia”.

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Sebastián Cuattromo denunció a Picciochi, y en la Justicia civil también al colegio.
Imagen: Pablo Piovano
 
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