SOCIEDAD

Una agenda y una demanda

La encuestadora universitaria volvió a estudiar la marcha contra el femicidio y la violencia de género. Quiénes fueron por segunda vez, la transversalidad del tema, la presencia de mujeres algo mayores que en 2015.

 Por Washington Uranga

Imagen: Leandro Teysseire.

La demanda ciudadana exigiendo el fin de la violencia machista contra las mujeres suma adhesiones más allá de franjas etáreas, edades, profesiones y perspectivas religiosas. El viernes 3 de junio en la Plaza de los dos Congresos la consigna “Ni una menos” volvió a servir de motivo para cobijar a mujeres y varones que demandaron terminar con los femicidios. La diversidad de la convocatoria, las opiniones de los participantes y sus motivaciones quedaron reflejadas en una encuesta realizada durante la propia marcha por el Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (Copes) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Del trabajo se desprende que el 87 por ciento de las mujeres aseguró no estar identificada con la militancia o ser partícipe de alguna agrupación política, un dato que se repite respecto de un estudio similar realizado el año anterior. Si bien el 39 por ciento de las mujeres dijo tener entre 21 y 30 años, la manifestación logró convocar a personas de diversas franjas etarias, incrementándose la participación de las mujeres de mayor edad respecto de lo acontecido el año anterior: 19 por ciento entre 31 y 40 años, y 24 por ciento de más de 41 años. Las dos terceras partes de las concurrentes ya habían participado el año 2015, mientras que las restantes hicieron ahora su primera experiencia.

El estudio realizado por Copes/UBA bajo la dirección del sociólogo Carlos De Angelis, se concretó el mismo día de la marcha y permitió consultar a 240 mujeres en el evento. El trabajo permitió además hacer comparaciones con un relevamiento similar realizado el año anterior en las mismas condiciones.

Los motivos por los cuales las mujeres asistieron al Congreso fueron unívocos: el 80,4 por ciento expresó de distintas maneras su apoyo a las consignas de la convocatoria antes que hacer mención a situaciones personales. Sólo el 15.8 dijo sentirse convocada por haber sufrido violencia de género o conocer a alguna víctima.

El apoyo asumió distintas expresiones verbalizadas: “que se acaben los feminicidios”, “que se cumpla la ley”, “que la justicia responda”, “que la sociedad se comprometa”, “detener la violencia doméstica”. Si bien la interpelación era a distintos actores y de diversas formas, la sensación subyacente era la misma: algo tiene que cambiar.

Una tercera parte del colectivo de mujeres que participaron de la marcha sostiene que el principal problema continúa siendo la falta de conciencia de la sociedad en su conjunto sobre la cuestión de la violencia específica contra las mujeres. Este número incluso supera al obtenido el año anterior.

Sin embargo, parece existir la percepción de que las leyes no son suficientes o no están implementadas correctamente. Estas dos opciones reúnen el 45,7 por ciento de las respuestas. En cambio la demanda hacia la Justicia por parcialidad en favor de los agresores disminuyó en veinte puntos porcentuales en relación a la medición del año anterior.

Más del cuarenta por ciento de las encuestadas entiende que es fundamental que en todos los niveles del sistema educativo, se trabaje la problemática de la violencia contra las mujeres, mientras simultáneamente se construyen herramientas para que las mujeres salgan de las situaciones de violencia mediante asesoramiento psicológico y jurídico, licencias laborales etc. (26 por ciento). Un diez por ciento plantea que debe darse asistencia inmediata a las víctimas y sólo un ocho propone ayudar a las personas agresoras y poner límites a la difusión de mensajes y/o publicaciones mediáticas que denigran o atentan contra la dignidad de la mujer.

La altísima difusión de la convocatoria, en especial las semanas previas, hizo que muchas mujeres encuestadas no pudieran referir un medio único por el cual se enteraron del evento. No obstante, las redes sociales jugaron un rol fundamental a la hora de que la convocatoria adquiriera la magnitud que finalmente alcanzó. Un 61,3 por ciento de las encuestadas las seleccionaron como la primera opción. El guarismo coincide exactamente con el registrado el año 2015, lo que también denota el poder de convocatoria de las redes. La siguiente opción son los compañeros de militancia (11,3 por ciento), luego la televisión y radios (10,4) y un 7,1 por ciento que dijo haberse enterado a partir de amigos/as y conocidos/as.

Una de las dimensiones abordadas en la estudio de Copes/UBA se refirió a las experiencias personales de las mujeres con respecto a la violencia de género. Un 35 por ciento de las mujeres encuestadas manifestó haber sufrido violencia física, superando en un ocho el valor obtenido el año anterior. El sesenta por ciento padeció situaciones de violencia psicológica y hostigamiento, dos puntos más que en la medición anterior, en tanto un 33,3 dijo haber sido abusada y/o acosada sexualmente, superando en diez puntos la medición del año anterior.

El trabajo permitió también establecer que los maltratos a las mujeres no se limitan al ámbito privado: un 57,5 por ciento refiere haber sido discriminada y subestimada por cuestiones de género en el ámbito laboral. Sin embargo el llamado acoso verbal callejero encabeza el índice: el 91,3 por ciento, la inmensa mayoría de las mujeres, dijo haber recibido comentarios inapropiados y/o humillantes en la vía pública. El número, sin embargo, baja levemente del 95,5 por ciento de 2015.

Sin embargo, cuando Copes/UBA consultó a las mujeres que fueron víctimas de violencia de género sobre si realizaron la denuncia correspondiente, el 81por ciento aseguró no haberlo hecho. ¿Motivos? O bien “por no haber considerado el hecho como una situación suficientemente grave” (52 por ciento), coincidiendo en este sentido con los niveles del año anterior, o bien por “falta de confianza en los organismos correspondientes (24,5 este año, 21 en 2015).

Un aspecto relevante en el contexto de la violencia doméstica y de género, es el rol de los medios de comunicación y el tratamiento de las situaciones que toman público conocimiento. Sobre el rol de los medios se desprenden dos respuestas. La primera indica que no es justo reunir a todos los comunicadores y sus medios en la misma bolsa. Dicho esto se observa una fuerte crítica hacia los medios de comunicación: cuatro de cada diez mujeres encuestadas considera que la problemática es abordada de manera frívola y liviana.

Sin embargo, más del ochenta por ciento entiende que el tratamiento del tema se ha incrementado necesariamente en los medios masivos de comunicación. Por un lado, porque la “realidad” se les ha impuesto a los medios, en tanto, más mujeres hacen públicas las situaciones experimentadas. Pero por el otro lado se identifica una resignificación de los hechos de violencia que finalmente tienen una forma de denominación: ya sea acoso callejero, violencia de género y femicidio.

Las miradas sobre el nuevo gobierno acerca de sus futuras acciones en el campo de la violencia de género, muestra bajas –o nulas– expectativas, dónde sólo el diez por ciento tienen muchas o bastantes.

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