SOCIEDAD › DETUVIERON A UN SOSPECHOSO POR LA MASACRE DEL BAJO FLORES

Con loas al Cristo de los Milagros

La policía apresó a un hombre acusado por las cinco muertes durante una procesión religiosa en un barrio del Bajo Flores, en octubre pasado. Es el primer detenido en la causa. El sospechoso ya declaró en la Justicia y dijo ser inocente y negó tener conflictos en el barrio.

 Por Cristian Alarcón

En los pasillos del Bajo Flores, durante el fin de semana, los fieles del Cristo de los Milagros –el Jesús de los peruanos– rezaron y agradecieron ante su altar en el corazón de la villa. Agradecían así la noticia que llegó como un rumor al barrio: desde el jueves pasado está preso, acusado de las cinco muertes de fieles durante la procesión del 29 de octubre, un conocido enemigo del barrio y del grupo que lo controla, “Ruti”. Ruti, conocido de hace una década entre los vecinos de la villa 1.11.14, es el principal sospechoso de haber liderado al grupo que hace cuatro meses hizo entrar en pánico a los fieles con el fuego cerrado de las ametralladoras. El testimonio de una mujer que fue herida en el ataque, sumado a lo que dos testigos de identidad reservada habían relatado ya ante el juez Domingo Altieri, apuraron la detención. La testigo clave aseguró que fue Alionzo Rutilio Ramos Mariño –tal el nombre completo de Ruti– quien le disparó, primero a una de las víctimas de la matanza, y luego a ella, hasta darle doce tiros en las piernas, mientras ella le suplicaba por su vida, escondiéndose tras un carrito de choripanes de la avenida Bonorino. Ramos Mariño declaró: se dice inocente.

Hasta el jueves Ruti era una sombra, un fantasma que algunos creían muerto desde comienzos de enero. Al día siguiente del Año Nuevo, el 2 a la madrugada, dos hombres armados con rifles con mira telescópica lo atacaron a una distancia de unos cincuenta metros. Era la venganza por la masacre del 29 de octubre, tramada con sigilo por la banda enemiga, manejada con mano firme por Salvador, el líder que genera, sin puntos intermedios, temor y odio, o admiración y respeto entre los vecinos de la villa. El enfrentamiento entre los dos capos, antiguos compañeros de andanzas y de cárcel, es el que habría hecho llegar la sangre al río el día del Cristo de los Morenos, o de los Milagros. La hipótesis más inocente dice que Ruti intentó con el ataque matar a Salvador y a su familia para quedarse así con el territorio en el que el gran negocio es el narcotráfico. La de los que viven allí y hablaron tras el múltiple homicidio con este cronista es más compleja: creen que Ruti intentó –al quebrar todas las reglas matando a mansalva en una procesión religiosa– causar tal conmoción que el Estado se habría visto obligado a “reventar” la villa, desalojando a los que la controlan hoy para luego tomar el poder aprovechando el vacío.

El múltiple homicidio ha sido motivo de controversia entre la Justicia en lo criminal y la Policía Federal. El mismo juez Altieri tuvo que llamarle la atención a Homicidios y Operaciones Federales por su inacción ante el tema. El jefe de la fuerza, comisario mayor Néstor Vallecas, tuvo que presentarse a dar explicaciones ante el magistrado. Sin embargo, no fue la acción de los azules la que logró avances en la causa, según reconocieron fuentes judiciales a Página/12. Se trata de un aporte del propio barrio que vive bajo reglas no escritas. Hace tres semanas se publicó en este medio la historia de los testigos que pretendían declarar, pero que no lo podían hacer porque no se les garantizaba protección y seguridad. De pronto, la última semana, la testigo se convenció de decir su verdad sin siquiera la protección de sus datos en la causa. Es evidente, a juicio de los que conocen la trama del Bajo, que la mujer está protegida en el interior de su territorio por soldados sin insignias.

El juez Altieri había ordenado a la Federal que mantuviera vigilado de cerca a Ramos Mariño desde que –tras pasar unos días en el hospital Penna por los dos tiros que le atravesaron el abdomen en enero– había dejado el respirador artificial y caminaba como buen vecino por toda la Capital, de la Villa 31, en Retiro, al Barrio Illia, en el Bajo Flores. En la causa tenía dos testimonios que lo implicaban. El más contundente era el de un testigo de identidad reservada que lo mencionaba como el capo de una banda narco que había contratado a un joven remisero, Alex Rodríguez, para infiltrarse en la banda de Salvador. Resultado: Rodríguez apareció degollado el 9 de diciembre adentro de un carrito. Los testigos dicen que Alex había cobrado entre 6 mil y 10 mil dólares por hacer de campana durante la matanza para sacar a Ruti del Bajo después de la masacre en un auto blanco.

El Bajo Flores es un territorio en disputa desde hace por lo menos diez años. Salvador es el tercero de una lista de jefes peruanos. Los anteriores, Julio Valderrama –conocido como Julio Voladora– y Julio Chamorro, fueron asesinados en ataques similares en 1996 y 1999. Desde entonces el poder se concentra en torno de Salvador y sus lugartenientes. Ramos Mariño salió de la cárcel en septiembre. Enfrentado al jefe intentó, dicen los investigadores, remover otra vez la dinastía de capos, pero no lo logró. Al contrario, parece haber fortalecido la figura del líder territorial narco que no sólo hace crecer sus negocios sino que además juega un rol de asistencia para necesidades puntuales al interior del barrio, como las de urgencias de salud y la resolución de conflictos.

“Salvador compra el nebulizador para el chico que no tiene y además nos garantiza que no haya ladrones en nuestro pasillo”, dice una mujer que lo respeta y que piensa que terminar con su mando sería complicarles la vida a los “vecinos honestos que vivimos con estas reglas porque otras no tenemos”. La detención de Ruti parece zanjar la guerra que ya ha causado demasiadas víctimas. Aunque dos fuentes judiciales de fiscalías que investigan a los hombres del Bajo Flores aseguran que la decisión del juez Altieri no es suficiente: “No va a conectar las otras causas por hechos en los que también sería responsable”. “Esperamos que esto sea el final de las balas injustas”, dice un vecino, como si existieran de las otras.

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El Cristo de los Milagros, la figura religiosa que dominaba la procesión cuando ocurrió la matanza.
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