SOCIEDAD › EL ARGENTINO ACUSADO EN BARCELONA DE AGREDIR A UN GUARDIA

Un juicio sospechado de xenofobia

La Justicia española arrancó con el juicio a un argentino acusado de dejar en coma a un guardia urbano. El joven se declaró inocente. La familia dice que es una causa armada por discriminación. Organismos de DD.HH. y el cónsul, “observadores” del juicio.

Juan Pintos Garrido, el joven español nacido en Buenos Aires y detenido en Barcelona en febrero de 2006, acusado de participar de la agresión a un guardia urbano que permanece en coma desde entonces, reafirmó su inocencia ayer, en el comienzo del juicio a nueve imputados por el caso originado en un choque entre la Guardia Urbana barcelonesa y asistentes a una fiesta clandestina en un teatro. Todos se declararon “inocentes” y coincidieron en que “la Guardia pegó y detuvo indiscriminadamente”. Pintos aseguró que él no estaba en el local y que pasó por la puerta cuando se iniciaba la reyerta, y sostuvo que tampoco instó a dos jóvenes chilenos a apedrear al policía, como figura en la acusación. De hecho, los tres sudamericanos desmintieron haber participado del apedreo y reafirmaron que la agresión provino “desde adentro del local”. La familia Pintos Garrido ya había denunciado en repetidas ocasiones que se trata de una “causa armada por discriminación”, que bajo el delito de “agresión agravada a la autoridad” podría traducirse en hasta doce años de prisión para Juan. Por ello, la defensa convocó a once observadores para el juicio, entre los que se cuentan la madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora Nora Cortiñas, el cónsul de Argentina en Barcelona, y catedráticos y legistas europeos.

“La presencia de Nora fue emocionante, porque hace 30 años que lucha por verdad y justicia y dio mucha fuerza a los chicos y a los padres. Iluminó la sala, que estaba colmada, al igual que el hall de la Audiencia (Provincial 8 de Barcelona, donde tiene lugar el juicio)”, consideró en diálogo con Página/12 María Inés Garrido, la madre de Juan, que hoy tiene 24 años y lleva dos preso. Garrido dijo estar “conforme con que por primera vez los medios de Barcelona trataran el caso, en especial porque cuestionaron la versión de la Fiscalía, que indica que Juan incitó el apedreo al policía”.

Ese “cuestionamiento” radica en que los medios españoles recuperaron declaraciones del ex alcalde de Barcelona y actual ministro de Industria de España, Joan Clos, dadas a pocas horas del hecho en el que se detuvo a Pintos. En ellas informa en rueda de prensa que las lesiones del guardia urbano –policía municipal que porta arma– se produjeron porque “le cayó una maceta en la cabeza”, según declaró oficialmente. “Nunca nos aceptaron incluir a Clos, con el pueril argumento de que ‘no fue testigo’. Alguien le indicó, por ser alcalde, cómo había sucedido todo, y el salió a decir que había sido una maceta lo que golpeó al guardia. Esa prueba nunca nos la tomaron”, se quejó Inés Garrido ante este diario.

El 3 de febrero de 2006, la Guardia Urbana precintó un ex teatro del ayuntamiento, devenido en “Anarko Penya Cultural”, por varias denuncias de vecinos por ruidos y otras molestias ocasionadas por quienes ocupaban el edificio. Pero esa misma noche se realizaría una de las habituales fiestas clandestinas, algo normal en una Barcelona que tiene una frondosa escena “parakultural, okupa y klandestina”, que es de conocimiento público. La gente comenzó a entrar igual, más allá de que en los alrededores del local de la calle Sant Pere més Baix al 55 había cuatro guardias urbanos.

Según contó su madre a Página/12, alrededor de las 6, Juan regresaba de otra fiesta con unos amigos e iba camino a tomar el subte, en la estación Arc del Triomf, cercana al lugar donde se hacía la fiesta. Oyó música a lo lejos y se interesó, pero al llegar ya se había desatado el enfrentamiento entre la policía municipal y los asistentes, a raíz del clásico “no entra nadie más”. Los guardias urbanos forcejeaban con una veintena de jóvenes que querían entrar a la fiesta cuando, según Inés Garrido y el entonces alcalde Clos, una maceta arrojada desde dentro del local golpeó al guardia en la cabeza, que cayó contra el piso y desde entonces está en coma.

Ayer, los tres sudamericanos sostuvieron que llegaron a los disturbios “sin querer” y que trataron de huir porque “la policía estaba desmedida”. Sin embargo, se los acusa de “dirigir una agitación de entre 20 y 30 personas y apedrear” al efectivo malherido, que desde entonces tiene una invalidez permanente, y a otros tres heridos leves. Frente a la acusación de la fiscal, Juan y los chilenos Rodrigo L. y Alex C. contaron cómo fueron reprimidos mientras no hacían “nada salvo huir”. A Rodrigo lo habría golpeado un guardia mientras le consultaba a otro qué pasaba, a Alex lo habría alcanzado un macanazo en la pelvis y a Juan, que cayó en medio del alboroto, le habrían asestado patadas en la cabeza y fracturado las muñecas cuando intentaba cubrirse de los golpes.

De esa forma, discutieron las acusaciones de la familia del policía que está en coma, que solicita once años de prisión efectiva para los nueve acusados, y del Ayuntamiento y los otros efectivos con heridas menores, que piden elevar a doce años la condena para Juan, Alex y Rodrigo y dictar prisión de entre tres y cinco años para los otros seis acusados. Cuatro de ellos, que estaban en la fiesta, dijeron no haber visto objetos lanzados desde dentro ni afuera de la casa contra los policías, pero sí que éstos reprimían. Los otros dos aseguraron que ni siquiera estuvieron cerca de la calle Sant Pere més Baix, sino que fueron detenidos en el Hospital del Mar de Barcelona, donde fueron trasladados luego de un accidente en bicicleta. No obstante, policías que habían ido allí a llevar heridos los detuvieron porque, según argumentaron, los reconocieron como partícipes de la fiesta. Los seis, todos europeos, fueron dejados en libertad esa misma noche.

Informe: Luis Paz.

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Juan Pintos Garrido, en el centro de los tres acusados por los disturbios de febrero de 2006.
 
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