SOCIEDAD › ALDO PAGLIARI, EN EL BAJO FLORES

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 Por Pedro Lipcovich

El problema de la tuberculosis, muy presente en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, no es sólo el del diagnóstico y tratamiento a cargo de los médicos: es el de las dificultades que –ante riesgos como el de que lo echen del trabajo por la enfermedad– puede tener el paciente para hacer la consulta; es el de cómo lograr que los enfermos cumplan un tratamiento que puede requerir quince pastillas por día; tratándose de chicos o bebés, es disolver cada pastilla para que puedan tomarla (no hay jarabes, que sólo laboratorios públicos querrían elaborar); es encarar estas condiciones tratándose de “familias con muchas dificultades, donde la tuberculosis es una más”. Así lo explicó Aldo Pagliari, titular del CeSAC de la Villa 1-11-14, en el Bajo Flores. Otra actividad que su conducción prioriza es la salud reproductiva, en articulación con instituciones barriales. Otra –que desarrolló desde cero en los últimos años– es el diagnóstico y tratamiento temprano de chicos con problemas de motricidad y lenguaje. Pagliari, que dirige el CeSAC desde hace doce años, no podrá concursar para el cargo que ocupa porque no es médico, sino psicólogo.

–¿Cómo llegó usted a la conducción del CeSAC de la Villa 1-11-14?

–Siempre trabajé en centros de salud. Estaba en el de Soldati cuando, en 1995, se abrió éste; surgió de manera muy interesante porque gente del barrio se había organizado para que hubiera un centro de salud; yo pedí pasar ahí. En 1999, la que era jefa se fue a cumplir otras funciones y quedé yo a cargo.

–¿Cuáles son las principales problemáticas que aborda ese CeSAC?

–Se destacan las enfermedades propias de la pobreza. Trabajamos mucho la cuestión de la tuberculosis, que tiene una incidencia importante en la zona sur. En casos de personas internadas, generalmente en el Muñiz o en el Piñero, nos corresponde el control epidemiológico de los convivientes, que son los que han compartido por lo menos cuatro horas diarias con la persona infectada. La tuberculosis no se contagia en todos los momentos, especialmente con tratamiento adecuado, pero muchas veces la persona demora la consulta, porque vive sus síntomas con vergüenza o porque teme perder el trabajo. Por eso, cuando consulta ya debe ser internada y se plantea el riesgo de que haya contagiado a familiares. Con éstos, muchas veces alcanza con un abordaje preventivo, pero a veces se diagnostica la enfermedad. Hay muchos casos de chicos, y en este último año una rareza: tres bebés.

–¿Qué respuesta se da a la tuberculosis en el CeSAC?

–Los médicos se hacen cargo del tratamiento, que es prolongado: unos nueve meses. Se plantea el tema de la adherencia de los pacientes a estos tratamientos, que a veces requieren quince pastillas por día. Para cualquiera es difícil sostenerlo durante tanto tiempo. Cuando es necesario hacemos el tratamiento directamente observado, en el cual los pacientes acuden todos los días al CeSAC. La dificultad se agrava para los chicos, porque los medicamentos no vienen como jarabe. Entonces, para ellos hay que disolver las pastillas; es un trabajo arduo. Trabajamos con las madres y con los bebés. No es fácil porque se trata de familias con muchas dificultades y la tuberculosis es una más.

–¿Qué otras problemáticas destacaría?

–Otro tema es el trabajo en salud reproductiva. Según estudios, la segunda causa de internación en la ciudad de Buenos Aires es la atención postaborto y en nuestra zona es una problemática importante. En todo caso, concierne a una cuestión de derechos: la posibilidad de decidir, de cuidarse. Este tema lo trabajamos barrialmente: en los comedores, los colegios.

–¿Señalaría algún otro tema prioritario?

–Lo que se denomina estimulación temprana: intervenciones oportunas en la primera infancia, de cero a tres años. Se detectan chicos con dificultades importantes en la motricidad o el lenguaje. Empezamos hace algunos años y hoy atendemos a muchísimos chicos, ya no nos alcanza el lugar. Para detectar a los que necesitan esta atención no nos limitamos a la consulta pediátrica: articulamos nuestro trabajo con instituciones como los colegios y jardines maternales; es cierto que hay muy pocos de éstos en la zona sur.

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