CONTRATAPA

El Arca de Noé

 Por Patricia Suárez

La historia más linda de la Biblia ilustrada para niños que me lee mi madre es la de Noé. Tengo cuatro, cinco años, tal vez y ella me lee. Después ya no me leerá más, porque viene al mundo mi hermana y mi madre está muy cansada. Mientras tanto, estoy echada en la cama con un piyama de payasitos y ella va un poco leyendo y un poco contando. Porque las madres leen así, sacando los ojos de las líneas impresas para mirar los de sus hijos y ahí, en general, es cuando se hace el lío.

Noé es un tipo fantástico. Dios le habló y le dijo que tenía un ataque de rabia, porque los hombres no son como El quiere que sean y además son todos unos ingratos que ni siquiera le dan los buenos días. Por eso, Dios va a provocar un diluvio universal. Una lluvia que no cese, como sucede a veces en febrero y yo lo veré desde la barranca del Paraná a los once o doce años, la lluvia y un caudal de río inmenso, cargado de camalotes y a veces, en los camalotales, trae animales vivos o muertos del norte, donde empezó la crecida. Una vez, llegó un tigre encima de los camalotes. Otra vez un lagarto. Y dicen, que una vez una señora desmayada o muerta, con los hijitos. Acá a Dios no le tiembla el pulso para inundar la tierra y si no fuera porque es bueno creer en Dios, según mi madre, pensaríamos que Dios es malo. Le sugiere a Noé que construya un Arca, para navegar por la tierra inundada. Le dice Arca y no Barca, ¿por qué Dios no le dice barca si es para navegar sobre las aguas? ¿Se saltea una letra? ¿Habla Dios, como dice mi madre que habla mi tía, con una papa en la boca?

Noé, ni lerdo ni perezoso, fabrica un arca - y "éste es un cuento cierto", aclara ella, "porque el Arca quedó estacionada en el Monte Ararat, en Armenia, de donde es el marido de tu tía"- y mete a todos los animales del planeta de a dos en dos para salvarlos. Los hijos ayudan a Noé en la tarea, a regañadientes, porque eran un poco haraganes. Se llamaban Sem, Cam y Jafet, y Jafet era negro y hacía renegar mucho a Noé. No era chistoso, lo hacía renegar siempre. Y un día Noé se enoja tanto con Jafet que le echa una maldición. Una maldición es cuando le deseás lo peor a una persona y se lo decís a los gritos o apretando los dientes, explica mi madre, y tenés toda la intención de que se cumpla. Asiento y así me entero qué es una maldición. Noé le dice a su hijo Jafet: "A vos y a todos tus hijos les va a ir mal en la vida, y todos tus hijos van a ser negros".

Acá mi madre y yo hacemos silencio.

Pero mientras hacemos silencio, Noé y sus hijos siguen cargando animales en el Arca. Dos elefantes, dos rinocerontes, macho y hembra, dos leones, dos papagayos, dos hámsters (esos ratones de Siria que no me dejan tener), dos perros pekineses como los de la vecina del 2do piso que se queja cuando bailo el twist. Yo pienso que eso debe ser una asquerosidad. Mi madre, que no me deja tener ni una mascota en casa, porque dice que ensucian, no puede estar de acuerdo con la idea de Noé. ¿Quién limpiaba la Barca?

La esposa de Noé y las esposas de los hijos.

Jafet, será el padre de los negros africanos, explica ella, y Sem el padre de los semitas, es decir, los judíos. Porque nosotros somos judíos, aunque mi madre no me lo quiere admitir porque está peleada con su padre, mi abuelo. Cuando lo admita, habrán pasado veinte años. Y Cam, será el antecesor de los camitas.

¿Quiénes son los camitas?

No tiene ni idea de quiénes vienen a ser lo camitas y apretada por mí contesta:

Bueno, los alemanes deben ser.

¿La esposa del hijo negro era negra también?

No, era blanca, pero se volvió negra después, contesta mi madre al cabo de unos segundos. Es que la negrura se contagia a veces. Pero en la Biblia se refiere a la maldad, dice poco convencida. Más adelante, a los seis, los siete años, cuando vaya a la escuela, tendré una compañera negra: su nombre es Luz Marina, usa anteojos gruesos y andando el tiempo se convertirá en dibujante. Pero es negra, por eso conservaré en el aula y en los recreos la distancia física, por miedo a que se me pegue el color de la piel. Parece que si uno es negro, en la Argentina no lo pasa muy bien. Por eso hay tan pocos negros en la Argentina, porque lo pasan mal. Mi padre dice que lo de la Libertad de Vientres de la Asamblea del Año 13 es un poco otro cuento, porque por más que eran libres nadie les daba trabajo, y si no trabajaban, no comían. Así que se conchababan en el ejército y los mandaron a todos los negros argentinos a la Guerra del Paraguay, como carne de cañón. Cuando entiendo eso tengo doce, trece años, y mi padre es sabelotodo de la familia, mi padre sabe tanto como Dios.

El único negro rico, es el Rey Mago Baltazar. Hasta los parientes judíos de mi madre le rinden culto, porque le hicieron una promesa: que cure la pierna enferma de la esposa correntina de mi tío judío y como se la curó, hacen fiestas y bailes todos los 6 de enero, en el campo, en un lugar que se llama Oliveros y donde hay además un manicomio grande como una ciudad.

Noé y su familia navegan mucho tiempo y la tierra, todo, los árboles, los sicomoros - en la Biblia ilustrada aparece la palabra sicomoro- , todo perece bajo el agua. Pasan muchos días y la comida empieza a escasear en el Arca; Noé está muy preocupado. Las fieras pueden comerse a los animales inocentes en un ataque de hambre y los inocentes pueden picotearse entre sí, arrancarse las plumas de desesperación; esas cosas que provocan los ataques de hambre. Noé tiene una idea: por un ojo de buey manda a volar a un cuervo. Le dice: Vuelve con buenas noticias, de sitios adonde haya bajado el agua y podamos anclar. El cuervo se marcha y no regresa jamás.

Estaba harto del Arca.

El cuervo se marcha y no regresa jamás. Por aquel tiempo el cuervo era blanco. Pero como no volvió a traer noticias, Noé montó en cólera y lo maldijo para que se convierta en negro. Por eso el cuervo es negro hasta el día de hoy.

Era la única maldición que le salía bien.

Después, envió una paloma. La paloma también era muy blanca y espumosa. Voló, voló y al tiempo volvió con una ramita de hierbabuena en el pico. Había encontrado tierra.

La paloma continuó siendo blanca.

Dios, reconciliado con el hombre, extendió en el cielo su arco iris, en señal de paz.

Noé bajó en el Monte Ararat y así se repobló la tierra. Con los hijos de los hijos de Sem, Cam y Jafet.

Mi madre cierra el libro y está por darme un beso en la frente.

¿Dios no se arrepintió? ¿Hizo semejante daño y no se arrepintió?

No, responde ella.

Noé lo habrá maldecido también.

Noé lo amaba porque era Dios.

Pero lo habrá maldecido también. Lo hizo pasar por estúpido.

Era un mandato de Dios que construyera el Arca y Noé debía obedecerlo.

Lo habrá maldecido, seguro que sí. Y seguro que ahora Dios es negro.

Mi madre se marcha.

Le grito desde mi cuarto:

¡Dios es negro, mamá! Date cuenta: ¡es negro!

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