UNIVERSIDAD › DEBATE SOBRE LA ENSEÑANZA DE DERECHOS HUMANOS EN LA UNIVERSIDAD

“Un cambio de paradigma”

Juan Navarrete, Mónica Pinto y Norberto Liwski, tres especialistas en el tema, analizan la necesidad de incorporar la formación en derechos humanos en las carreras universitarias desde un enfoque que atraviese todos los saberes.


La inclusión de los derechos humanos en los contenidos curriculares de las universidades es aconsejada por los organismos internacionales de derechos humanos. Mientras que en algunas universidades argentinas funcionan cátedras libres sobre el tema, como sucede en las casas de estudios de Buenos Aires, Córdoba o Cuyo, otras instituciones ofrecen posgrados –como las universidades nacionales de San Martín y Lanús, por ejemplo–. Consultados por Página/12, especialistas en el área coinciden en que, pese a que se está transitando un momento histórico que asigna “gran valor” a los derechos humanos, a las universidades de la Argentina les cuesta mucho incorporar esos temas en los planes de estudios. Los expertos aseguran que, para tener un impacto real en la formación universitaria, esos contenidos deben atravesar todos los saberes, lo que “va a generar un cambio de paradigma en la construcción de una sociedad democrática”.

El objetivo, señalan, es impulsar políticas académicas que sean transversales a todas las disciplinas y no sólo al Derecho, como sucede en muchos casos. “Los derechos humanos no se agotan en desapariciones forzadas o libertad de expresión, sino que también abarcan principios y valores para tener una sociedad democrática, en donde la convivencia debe ser un factor fundamental”, coinciden Juan Navarrete, Mónica Pinto y Norberto Liwski.

“La universidad debe convertirse en el elemento transformador y de cambio de paradigma, pero desde un enfoque interdisciplinar y multisectorial, que es a lo que se debe apuntar”, explica Navarrete, subdirector del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), uno de los centros mundiales más importantes de enseñanza e investigación académica sobre derechos humanos, con sede en Costa Rica. “Parece obvio –agrega– que las universidades debieran estar comprometidas con los derechos humanos. En América latina, y en especial en Argentina por el tema de la memoria histórica, debería haber un compromiso más allá. Pero ha sido muy difícil llevarlo a cabo, ya sea por razones políticas o filosóficas.”

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, dice que la educación tiene por objeto el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos. En la misma línea, la Declaración Universal de la Educación en el Siglo XXI, de 1998, destaca que “la enseñanza de las normas relativas a los derechos humanos y la educación sobre las necesidades de las comunidades del mundo entero deberían quedar reflejadas en los planes de estudio de todas las disciplinas”.

La Universidad de Buenos Aires cuenta con cátedras libres sobre derechos humanos (en las facultades de Filosofía y Letras –la pionera–, Ciencias Sociales, Ciencias Económicas). En la Universidad Nacional de Córdoba existe un programa de formación y capacitación para las facultades. La Universidad de Cuyo también cuenta con una cátedra optativa y con un instituto. En las universidades nacionales de San Martín y de Lanús se dictan maestrías en derechos humanos, y la UNLa cuenta con un centro específico. Hay, por supuesto, muchos otros casos y experiencias en el sistema universitario nacional.

Norberto Liwski, profesor de la cátedra que funciona en Sociales (UBA) y presidente del Comité para la Defensa de la Salud, la Etica y los Derechos Humanos, entiende que en los últimos años se han generado mecanismos para la protección de los derechos humanos en la educación superior. “Las jóvenes generaciones, aquellas que no habían nacido durante la dictadura militar y conocieron sus efectos mucho tiempo después, se están apropiando de la memoria porque interpretan que esa apropiación incluye el nacimiento de una cultura contra la impunidad. El camino que se está recorriendo es el camino de perfeccionamiento de la democracia.”

“La construcción ciudadana y todos los emprendimientos políticos y jurídicos resultarán mucho más efectivos si se acompañan con una gran cultura de apoyo a los derechos humanos, y la cultura de apoyo pasa porque cada uno de no-

sotros, sin declamar amor por el prójimo, respete la libertad y la dignidad del de al lado en lo que hace cotidianamente. En el caso de las universidades públicas, ése es un mandato central”, considera Mónica Pinto, decana de la Facultad de Derecho (UBA) y coordinadora del programa Nuevas herramientas y desafíos para la formación universitaria en derechos humanos, recién lanzado por la universidad (ver aparte). Con reconocido recorrido en el área, Pinto enfatiza que todas las disciplinas deben incluir un enfoque en derechos humanos en sus planes de estudios.

Informe: Federico Funes.

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