DEPORTES › JULIO GRONDONA TRAS LA PURGA EN LA FIFA

El otoño del patriarca

El presidente de la AFA va apenas una vez por semana al edificio de la calle Viamonte y reparte sus días entre su piso de Puerto Madero y su tambo en Coronel Brandsen. El negocio de su nieto Pablo.

 Por Gustavo Veiga

Julio Grondona va cada vez menos al edificio de Viamonte al 1300.
Imagen: Télam.

Los días de Julio Grondona transcurren entre el paisaje náutico que propone el selecto Puerto Madero y la ganadería de pedigrí que lo rodea en su tambo de Coronel Brandsen. El único hombre fuerte del fútbol sudamericano que esquivó la purga anticorrupción en la FIFA sigue en su puesto, aunque ahora más retirado. João Havelange, Nicolás Leoz y Ricardo Teixeira tuvieron que renunciar a sus cargos por recibir coimas millonarias. Pero él, aun cuando controla la Comisión de Finanzas del fútbol mundial, zafó de las salpicaduras del caso ISL. Ni siquiera Joseph Blatter, el presidente de la federación, quedó a salvo. Un informe del auditor estadounidense Michael García dice que, como mínimo, tuvo “una conducta desacertada”, porque no aclaró internamente qué hacían los corruptos.

Grondona ya no gasta como antes su cómodo sillón de la AFA desde donde hacía sentir su poder de lunes a viernes. Hoy, como mucho, va una vez por semana al viejo edificio de arquitectura racionalista construido en 1941. El dirigente maneja los asuntos más importantes del fútbol argentino desde su piso de Juana Manso al 400 en Puerto Madero. Todos los días que resulta necesaria su firma, lo visita ahí el secretario general de la AFA y vicepresidente de Arsenal de Sarandí, Miguel Silva. El es como sus ojos ante los pequeños detalles que pierde de vista por no estar, donde estuvo siempre sentado, desde el 6 de abril de 1979.

En la torre de Puerto Madero donde vive, el patriarca está rodeado de sus principales afectos. Sus hijos, y sobre todo Liliana, la hermana de Humbertito y Julio Ricardo Grondona, cuidan de que todo esté en orden. Quienes lo conocen al presidente desde hace décadas, cuentan en privado que “se lo ve mucho mejor y más descansado, desde sus últimas vacaciones en Mar del Plata”. Quedó viudo de Nélida Pariani, su compañera de toda la vida, el 16 de junio del 2012. Ese fue el golpe más duro que recibió en casi 82 años (los cumplirá el 18 de septiembre próximo). Desde entonces bajó su nivel de presencia en la AFA y cuando va, junta todo lo que pueda hacer en un solo día a la semana.

Si el presente laboral de Grondona pasa más por Puerto Madero que por su viejo despacho de Viamonte 1366, su lugar en el mundo, ese en que encuentra sosiego, no se modificó. El tambo de Brandsen y sus intereses agropecuarios lo mantienen distraído. Incluso, en su entorno familiar tiene un continuador que se volcó a los generosos negocios que ofrece el campo. Es su nieto, Pablo Humberto Aversa, el hijo de Liliana y su yerno, Genaro Aversa.

El joven de 28 años fundó el 28 de mayo del año pasado el haras La Pesadilla, situado muy próximo al campo del abuelo, en Loma Verde, sobre la ruta 58. Es socio en el emprendimiento con su madre y una odontóloga, Sofía Caprile.

Los objetivos de la sociedad anónima, según se desprende de su constitución refrendada por el escribano Fernando Mitjans, son la “explotación de establecimientos rurales propios o de terceros para la cría, engorde e invernada de ganado vacuno y equino; la cría de toda especie de animales de pedigrí, en especial los dedicados a la cría de caballos de pura sangre de carrera para actuar en pistas; la producción de especies cerealeras, oleaginosas, graníferas, forrajeras, algodoneras, fibrosas, tabacaleras, yerbateras, tés, frutícolas, forestales, apícolas y granjeras; el arrendamiento de instalaciones para la producción y preparación de alimentos para ganado, aves y animales de pedigrí y la realización de todas las operaciones emergentes de la consignación, intermediación, transporte y comercialización de productos agropecuarios”. Del capital de 100.000 pesos con que se creó la sociedad, el 80 por ciento de las acciones pertenece a Aversa y el 20 restante se lo dividen entre su madre Liliana y Caprile. Don Julio dejó su impronta en el fútbol y también en el mundo de los negocios agropecuarios. En alguna ocasión hasta se hizo presente en remates de hacienda, donde departió con el actual presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, el ex titular de esa entidad Luciano Miguens y la empresaria María Carmen “Munchi” Sundblad Béccar Varela de Pérez Companc, la dueña de una cadena de heladerías. El ojo del amo engorda el ganado.

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