EL PAíS › OPINION

Nada menos

 Por Martín Granovsky

No viajó cualquiera a inaugurar la universidad fundada por un sindicato. Llegó a la Argentina nada menos que Lula, el nordestino que venció al hambre y la sed cuando su mamá emigró a San Pablo, el tornero, el secretario general de los metalúrgicos, el cofundador del Partido de los Trabajadores, el presidente de Brasil durante ocho años desde el 1º de enero de 2003 y el líder sudamericano de mayor proyección mundial.

La visita comenzó a gestarse cuando Pablo Gentili, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, participó en enero de un encuentro de intelectuales convocado por el ex presidente en el Instituto Lula. Gentili es argentino y a la vez tiene el reconocimiento del PT, a tal punto que es uno de los expertos consultados para cuestiones educativas. El puente lo completó muy pronto el ex ministro de Educación Daniel Filmus, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y uno de los dirigentes políticos argentinos que respeta más la amplia construcción de alianzas por parte del PT y las reformas encaradas por Lula y Dilma Rousseff. Filmus es, a su vez, miembro del Consejo Académico de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo que fundó el gremio de encargados de edificios (SUTERH) y que Lula y Cristina Fernández de Kirchner inauguraron ayer. Hoy Filmus y Gentili abrirán la ceremonia de entrega de siete doctorados honoris causa a Lula: de las universidades de La Plata, Córdoba, Cuyo, Tres de Febrero, San Martín, Lanús y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Elegir a Lula, y que Lula aceptara el convite, significa el comienzo de un nivel de relación que no existía entre el PT y la dirigencia sindical peronista, encabezada ayer por Antonio Caló, secretario de la CGT más cercana al Gobierno. La relación originaria, que de todos modos no se rompió porque Lula suma sin romper, era la que en los ’80 tejieron el secretario del PT y el secretario de la Central de Trabajadores Argentinos Víctor De Gennaro.

Tender lazos entre sindicalistas de la región es uno de los objetivos que Lula se propuso cuando se acercaba al final de su último mandato y ya había decidido que no buscaría una reforma constitucional para habilitar la rereelección.

Sus preocupaciones de estos días apuntan a fortalecer la coalición que encabeza el PT antes de las elecciones del 2014 y, afuera, que disminuyan las fricciones con los vecinos. “Entre Dilma y yo no hay diferencias”, dijo ayer antes del acto, en una reunión previa con invitados especiales celebrada en el octavo piso de la UMET. “Y no podrá haberlas, porque si existieran yo me pondría al costado.” En cuanto a la Argentina, comentó: “Les dije a Dilma y a Cristina que no deben tener ni una pelea”. También analizó que si Michelle Bachelet gana las presidenciales de este año habrá tres mujeres gobernando al mismo tiempo.

Otro tema recurrente de Lula últimamente, que ayer repitió, es su idea de que no existe el político perfecto. “Les digo a los jóvenes que cuando se sientan desalentados por la política no desistan, porque el político perfecto que buscan y que algunos periodistas imaginan no existe: el político puede estar dentro de cada joven.”

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