DEPORTES › PRACTICA A PUERTAS ABIERTAS DE LA SELECCION ARGENTINA EN BELO HORIZONTE

Un rato de recreo con público

El entrenamiento del equipo de Sabella fue muy liviano. En el final, fanáticos brasileños irrumpieron en la cancha para saludar a Messi.

 Por Facundo Martínez

Desde Belo Horizonte

Fútbol-tenis en la práctica argentina. Luego apareció “Ronaldinho”...

La Selección cumplió la cita con los hinchas que le exige la FIFA y se entrenó a puertas abiertas en el estadio Independencia, sede del Mundial de 1950 y que, ubicado en modesto barrio de Horto, luce remodelado y moderno. El plantel hizo una práctica liviana y anodina, pero igual recibió el cariño de unos 6500 visitantes, entre argentinos y brasileños, muchos con la casaca celeste y blanca. El único momento intenso de la jornada vespertina ocurrió en la despedida del plantel, cuando un grupito de hinchas brasileños, burlando la seguridad, saltaron hacia el campo de juego para saludar y rendir tributo a Messi, y de paso para llevarse algún que otro buzo oficial de la AFA y hasta las pelotas que en el alboroto quedaron sin custodia.

El ingreso del público al estadio del América Futebol Clube, que juega en la Segunda División, fue paulatino pero constante y superó las expectativas previas que indicaban que sólo se entregarían 4000 entradas gratuitas; finalmente ingresaron más de 6000 fanáticos a las tribunas, teniendo en cuenta las 2500 entradas que repartieron entre el Consulado Argentino, la AFA y la Municipalidad de BH.

Un grupito de fanáticos argentinos se exaltaba de tanto en tanto frente a las cámaras de la televisión que buscaban capturar el color de la jornada. Todo demasiado forzado. Unos minutos más tarde, el fresco de la tarde-noche se rompió cuando Lionel Messi ingresó al campo de juego, liderando al resto de sus compañeros, pasadas las 18.

Los hinchas, en su mayoría brasileños, le dedicaron cantitos y hasta gritaron por Argentina, con el característico acento portugués. Otra ovación se oyó cuando los jugadores argentinos comenzaron a trotar alrededor del campo de juego de la cancha donde también juega Atlético Mineiro, que según se cuenta le arrendó al América el estadio por 30 años. Los jugadores hicieron la entrada en calor, y luego se dividieron en grupos para jugar al loco y posteriormente al fútbol tenis, todo bajo la mirada relajada del entrenador Alejandro Sabella y el resto de sus colaboradores. Lo que los hinchas presentes y la gran cantidad de periodistas que se acercaron a cubrir la noticia no pudieron prever era que Sabella, fiel a su escuela, no tenía pensado mostrar nada del fútbol de su equipo, secreto que guarda bajo siete llaves y sólo se puede espiar de a ratos por algunos rincones de la Cidade do Galo. Si la tarde se salvó del espanto fue sólo gracias a alguna que otra perlita de Messi jugando con la pelota: una chilena en el fútbol tenis, un toque rápido y preciso, alguno que otro firulete.

En el cielo negro y encapotado de la Belo Horizonte, un helicóptero iba y venía, daba vueltas en círculos, como queriendo ver lo que pasaba en el centro del iluminado campo de juego. Apenas media hora después de su ingreso, los jugadores se juntaron en el mediocampo y levantaron los brazos para despedirse; los hinchas silbaron la fría actitud de la delegación argentina, pero luego volvieron a vivar a los jugadores. En eso estaban cuando un grupito de hinchas locales aprovecharon el momento para ingresar saltando las barreras al campo de juego con actitud de querer llevarse algún recuerdo de los futbolistas argentinos. El primero tuvo suerte. Messi le entregó el buzo azul que llevaba en la mano; otro, que esquivó con varias fintas al personal de seguridad, llegó hasta el crack del Barcelona, se tomó las manos como pidiendo perdón y, rodilla sobre el pasto, le rindió reverencia al delantero por su calidad. Y hasta le robó una sonrisa al rosarino, por su look y su extraordinario parecido a Ronaldinho.

La situación se les fue un poco de las manos a los encargados de seguridad cuando ya no uno ni dos, sino una treintena de hinchas saltaron al campo de juego para saludar o llevarse alguna prenda oficial de la AFA. Uno de ellos se encontró con una pelota y haciendo jueguitos se fue como saltando de regreso hacia la grada desde donde no pudo ver nada del fútbol de Messi, porque para Sabella mostrar vendría a ser algo así como una mala acción, acaso un puerta abierta a la debilidad o vaya a saberse qué otra cosa importante, más que devolver con un poco de juego el esfuerzo de las almas que ayer dijeron presente.

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