DEPORTES › LA PATRIA TRANSPIRADA

La media naranja

(24 pulgadas, en reposo)

 Por Juan Sasturain

Grande, muchachos. Muy bien. Nos bajamos los huevos de la garganta y analizamos. Me alegra –como a todos los argentos futboleros– haber ganado, y me gusta sobre todo porque el trámite nos invita / obliga a pensar cómo se logró. Y es muy estimulante, casi ejemplar. No porque haya sido un buen partido, lindo e interesante como tantos otros de este Mundial: fue horrible, de ajedrez (en el peor sentido), y los de afuera deben haber apagado la tele temprano ante tanta insoportable cautela. Sin embargo, digo que es muy estimulante porque nos hace reflexionar –en este caso a partir de una trabajada victoria, que podría no haberlo sido– sobre las múltiples pelotudeces con las que solemos rellenar nuestro excesivo tiempo previo a los hechos y nuestra ansiedad prospectiva.

En el caso puntual de la Selección Argentina –ayer, sobre todo– fue flagrante lo que se venía insinuando desde los partidos anteriores: cómo los picos de rendimiento individual y colectivo se trasladaban hacia el sector defensivo (o, mejor: hacia las tareas defensivas) del equipo. Es decir; tras suponer largamente todos que nuestra fortaleza estaba en el ataque (Messi, Di María, Higuaín y Agüero asociados) y que había que armar un fondo sólido (del que dudábamos) para no descompensarse, hemos llegado, tras diversos avatares (lesiones claves, apariciones / desapariciones fugaces del Pibe, defecciones y puntos altos varios) a ganar un partido semifinal en los penales con muy poco (aunque más que ellos) en función de ataque: hubo una actuación excepcional en términos de estrategia de control del rival y administración cuidadosa y cautelosa de la pelota, sin errores ni distracciones defensivas, pero también un paupérrimo aporte de los responsables de producir maniobras, desequilibrios en ataque. Una cosa vale por la otra, se dirá: no es lo mismo Gago-Di María que Biglia-Enzo Pérez. Es cierto. Sin embargo, tampoco en lo individual hubo respuestas superadoras en un sector; en el otro, sí.

Con mezzo Messi –no pateó al arco excepto en el tiro libre y el penal... –, esta vez sin el Fideo fundamental, con un buen trabajo de Higuaín y Lavezzi lejos del área y sin peso adentro, con un excelente Enzo Pérez hasta que se cansó, y con Rodrigo y el Kun absolutamente inofensivos, gran parte del mérito y de la gloria (les cabe) queda para el inclaudicable Mascherano (otra vez), para el negro Garay (otra vez) y ahora también para Romerito, que en la estirada ante el pobre Sneijder sacó chapa de héroe.

Grande, Sabella. Ha llegado, nos ha traído hasta acá con lo que eligió, bancó y supo motivar. Mérito suyo haber potenciado a los jugadores en los que creía. Ayer, en un feo partido entre fulleros, nos alegra además haberle ganado al colorado Van Gaal, por tacticista y miserable, con los jugadores que tiene... Claro que es mérito de los nuestros que Robben tuviera sólo una que salvó Masche y que Van Persie se fuera con una chilena en offside como mejor llegada.

Cumplimos la media naranja: ellos en el ’74, nosotros en el ’78, ellos en el ’98, nosotros ayer. Con los alemanes es otra la cuenta. Vamos, todavía.

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