DEPORTES › NO JUGO BIEN ANTE CERRO PORTEÑO, PERO SE LLEVO UN VALIOSO TRIUNFO POR 1-0

A Boca le sobraron ganas pero no ideas

El equipo de Arruabarrena buscó constantemente el arco rival, pero sin mucha claridad y abusando demasiado de los pelotazos y recién lo ganó en el final con un gol de rebote del ingresado Gigliotti.

 Por Facundo Martínez

Un buen rato estuvieron los jugadores de Boca esperando la salida del conjunto paraguayo y eso les sirvió para ver y sentir la euforia de los hinchas que colmaron la Bombonera para alentarlos y exigirles “la Copa”. El clima de fiesta era ideal, parecido quizás a esos días en que Boca daba cátedra de cómo se debía jugar la Libertadores, sólo parecido porque la historia actual es otra, y este Boca no es siquiera la sombra de ese equipo multicampeón que infundía respeto aplastando rivales.

En ese marco, Boca salió a jugar frente a Cerro Porteño con cierta intensidad, pero enseguida se encontró con un equipo, el de Leonardo Astrada, bien parado atrás y con un mediocampo aguerrido que lo presionó en la zona media y lo obligó a equivocarse justo donde debía generar juego. Fue por esa dificultad que la primera llegada de Boca fue recién a los 12 minutos, en un contragolpe que Chávez definió con un remate fuerte pero impreciso que terminó desviándose en un defensor.

Cuando el reloj marcó los primeros 20 minutos, los hinchas comenzaron a recordarles a los xeneizes que era “la hora de ganar”. Pero los jugadores de Boca no le encontraban la vuelta al duro rival paraguayo y, para colmo, por momentos sufrían las réplicas y el asedio sobre el arco de Orion.

Con más garra que ideas, los dirigidos por Rodolfo Arruabarrena se adelantaron unos metros y consiguieron arrimar algo de peligro al arco de Barreto. Meli probó suerte con un lindo remate desde afuera del área, apenas desviado, y después probó Fuenzalida, de tiro libre. Pero el partido le demandaba a Boca menos pelotazos y un poco más de paciencia al momento de armar las jugadas ofensivas. Eso impacientaba a los visitantes, que se iban cargando de faltas porque el árbitro peruano Hugo Carrillo dirigía con riendas cortas.

En los momentos en los que lograba ese juego pensado, Boca se volvía más peligroso y ganaba confianza, tanta que hasta Chiqui Pérez se animó de chilena y pronto se le sumaron sobre el final de la primera parte Calleri y Meli, con dos remates frontales que Barreto consiguió controlar en dos tiempos.

Para la segunda parte, Cerro Porteño no pensaba tanto en atacar como en defenderse y por eso Orion tuvo poco trabajo y no sufrió al bueno del chico Romero como lo sufrió Marchesín, el arquero de Lanús, en la serie de octavos de final. El Vasco buscó un poco más de sorpresa y desequilibrio con el ingreso del Burrito Martínez por el chileno Fuenzalida.

Boca tuvo una chance muy clara a los 64, pero Barreto se anticipó bien a Chávez cuando éste se preparaba a rematar al arco casi desde un vértice del área chica, y a los 76 con otro remate de Chávez, que se fue apenas por arriba del travesaño. La suerte cambió para Boca recién a los 82, cuando el ingresado Gigliotti tomó un rebote en el área chica y como pudo la mandó contra la red para darle a su equipo una victoria valiosa, para encarar la revancha el próximo miércoles en el Defensores del Chaco, de Paraguay, sobre todo si se tiene en cuenta que apenas un minuto más tarde Gamarra se perdió el empate porque se enredó con sus propias piernas tras dejar en el piso a Orion.

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El Puma Gigliotti grita su gol de corajeada.
Imagen: Télam
 
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