ECONOMíA › EL ORGANISMO DE CRéDITO ESTIMó QUE ARGENTINA SE ESTANCARá EN 2009

Con la probada sabiduría del FMI

El Fondo Monetario corrigió a la baja sus proyecciones de crecimiento económico para este año y el próximo, a causa del agravamiento de la crisis. A la Argentina le reserva un peor pronóstico que a Brasil.

 Por Tomás Lukin

El Gobierno espera un avance del PIB cercano al 4 por ciento, pero el Fondo Monetario Internacional estima que la Argentina no crecerá nada este año. El organismo volvió a corregir sus proyecciones internacionales, ante el agravamiento de la crisis, y estimó que en el caso argentino habrá estancamiento en 2009 y un avance de apenas 1,5 por ciento en 2010. La tasa de crecimiento global quedó en su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial. Para Brasil, el organismo proyecta un avance de 1,8 por ciento este año y 3,5 el próximo. Aunque el país vecino viene sufriendo despidos masivos, una fuerte salida de capitales y una devaluación importante, el FMI parece mostrar debilidad por las políticas ortodoxas que aplicó en los últimos años, hasta ser “premiado” por las calificadoras de riesgo con la nota investment grade (grado de inversión). A la Argentina, que hasta el momento sufrió un menor impacto por el shock externo, le proyecta un futuro peor.

Hasta ahora, el organismo desempeñó un rol irrelevante en los intentos para frenar la debacle financiera. Los países como Islandia, Ucrania o Hungría, que firmaron acuerdo con el Fondo, tuvieron que aceptar los mismos condicionamientos de política de siempre: fuerte ajuste fiscal, recortes presupuestarios en los sectores sociales, congelamiento de salarios y suba de tasas, mientras todas las potencias en crisis reducen las suyas para estimular sus economías. Pero ahora, el organismo que conduce el francés Dominique Strauss-Kahn reconoció que los paquetes fiscales y de inversión impulsados por gran parte de los miembros del G-20, grupo que Argentina comparte con las principales potencias mundiales, son necesarios –aunque no siempre efectivos– en un momento en el que la política monetaria no está logrando sus objetivos.

Pero la tolerancia de la entidad con las políticas de expansión del gasto público para sostener los niveles de demanda es limitada y se debe solamente a la profundización de la crisis. En el mediano plazo, advierte que estas medidas erosionarán el resultado fiscal y, como muchos países del G-20 son altamente deficitarios, retoma su recomendación histórica de mantener las cuentas fiscales equilibradas.

El FMI considera que las diferentes medidas, como el plan de inversiones anunciado por el Gobierno, tendrán un impacto positivo sobre el crecimiento de entre 0,3 y 1,1 por ciento en 2009 en la economía local. Como sus proyecciones indican 0 por ciento de crecimiento, este impulso será contrarrestado por los efectos adversos de la crisis, como la caída en el precio de los commodities y una menor demanda interna y externa que debilitarán la recaudación y el resultado comercial. En 2010, el plan anticrisis jugará un papel negativo en la evolución del PIB de hasta 0,2 por ciento. Pero de todas formas espera que el país crezca un 1,5 por ciento ese año.

Para los países más desarrollados del G-20 el organismo espera que los paquetes fiscales generen un impulso para el producto de entre 0,25 y 1,25 por ciento. Pero en cualquier momento podría modificar sus estimaciones nuevamente. “Con las limitaciones que enfrenta la política monetaria, la política fiscal deberá jugar un rol determinante para impulsar la demanda, pero tiene que mantenerse consistente con la sustentabilidad de mediano plazo”, señala el organismo en un informe que presentó al G-20. Aunque sostiene que las políticas de expansión del gasto deben ser aplicadas “de manera generalizada y por tiempo prolongado”, el FMI no puede evitar salirse de sus históricas recomendaciones de política y advierte con preocupación “la profundización de los déficit fiscales” que generará este tipo de políticas. El documento no hace referencia a las políticas que debería seguir ningún país de manera explícita. Tampoco a Argentina.

“La llave ahora es diseñar paquetes que den el máximo impulso a la demanda”, afirma, pero remarca que en el largo plazo este tipo de medidas no es sostenible: “Para prevenir una reacción adversa de los mercados, el FMI sostiene que los hacedores de política deben fortalecer el escenario fiscal y comprometerse con políticas creíbles de largo plazo que reviertan el déficit acumulado mientras sus economías se recuperan”.

A lo que sí se animó el Fondo, mientras aumenta la presión del establishment local para que el Gobierno vuelva a pedirle prestado al organismo, fue a no utilizar los datos de precios del Indec. Para el FMI, la inflación del año pasado fue de 8,6 por ciento, mientras que para las controversiales estadísticas oficiales ascendió al 7,2. De todas formas el valor informado por el Fondo dista del rango 19-23 por ciento que registraron las consultoras privadas en 2008. Para este año, el FMI estima una inflación de sólo 6,8 por ciento, mientras que en 2010 sería del 7,3.

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La sombra de Dominique Strauss-Kahn, jefe del FMI, muestra más de lo mismo.
Imagen: AFP
 
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