ECONOMíA › EMPRESARIOS ANTE LA CRISIS

Llorar y mamar

 Por Cledis Candelaresi

“Las empresas tenemos que hacer ajustes. La crisis nos encontró a todas sobregiradas.” La sentencia con la que el empresario agrícola Gustavo Grobocopatel arrancó ayer su exposición ante ejecutivos de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina) resultó una síntesis común al panorama de caída que también pintó el resto de los expositores. El hombre de Los Grobo advirtió que el campo sufre un “proceso de descapitalización”, cuyo fin podría conseguirse mediante cambios impositivos. Los constructores apuestan a iniciativas oficiales como la ley de repatriación de capitales para frenar la caída que se esboza en el que fue uno de los sectores más dinámicos de la post-convertibilidad. Y las terminales locales miran con celo cuánto mejor están las automotrices de Brasil gracias a que éstas son más competitivas, con el riesgo que eso entraña.

El último panel de la jornada sobre Perspectivas Económicas y Políticas para 2009 que organizó la entidad patronal tuvo el oportuno título de “Reacción empresaria ante el nuevo ciclo económico local”, con expositores de aquellos tres sectores, de historia y capacidad de respuesta diferente ante los cimbronazos de la crisis global. Faltó a la cita Oscar Mina, el gerente general de Frávega, cuya visión prometía arrojar luz sobre una actividad termómetro del consumo doméstico como es el comercio de electrodomésticos.

Uno de los mayores obstáculos que enfrenta hoy el campo es cómo financiar la próxima campaña, cuando bancos o traders no miran muy entusiasmados el negocio agropecuario, menos en el medio del conflicto con el Gobierno. A decir de Grobocopatel, hasta ahora el 40 por ciento de los recursos invertidos en cada siembra provenía del capital propio, que fue menguando de modo importante, en gran medida por la sequía: a la caída de los precios, se sumó la menor producción por la falta de agua. Así, la producción total derrapó de más de 90 millones de toneladas a 68 de un ciclo a otro, en una estimación exagerada. “Estamos en el límite de autoabastecimiento de trigo”, advierte. A la escasez de lluvia y la crisis internacional, se añade la presión fiscal a través de las retenciones que, según el empresario, “absorbe el 75 por ciento de la ganancia” agrícola. “Si no nos dejan renta, no podemos invertir”, se quejó.

Gerardo Bovone, director general de Fiat Auto, apuntó que la retracción de la industria automotriz es más acentuada en la Argentina que en Brasil, donde la producción cayó un 24 por ciento, pero el patentamiento sólo un 4. Amén de esa fortaleza, dejó en claro dos cosas: que resulta mucho más barato producir allá que acá y que existe una gran dependencia del socio del Mercosur, en parte porque la Argentina no fabrica limpiaparabrisas, entre una larga lista de carencia de autopartes.

Diego Buracco, directivo de la Cámara Argentina de la Construcción, admitió cuánta fe tienen los empresarios en el constante aumento de las partidas presupuestarias que, sólo en la Nación, este año son un 32 por ciento mayores que el pasado. Pero tanto como la obra pública los animan los incentivos para construir viviendas para la clase media y, básicamente, la ley de blanqueo. Aunque no arriesguen ningún pronóstico sobre los capitales a seducir con esa norma.

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