ECONOMIA › OPINION

Agresión e intolerancia

 Por Martín Granovsky

En materia de prensa y libertades individuales, la última semana será recordada como un período signado por el ataque y la intolerancia.

En Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, explotó un coche bomba frente a Televisa, la mayor cadena de televisión de México. Nadie se atribuyó el atentado. Tampoco hubo muertos ni heridos. Solo daños materiales, pero a tal punto que la transmisión debió ser interrumpida por varias horas. La bomba dañó no solamente a Televisa sino a las construcciones del vecindario.

El argentino Carlos Lauría, del Comité de Protección de Periodistas, que por cierto también suele ocuparse de la discusión sobre Papel Prensa y los diversos argumentos en juego, dijo que “las autoridades mexicanas deben poner fin a esta ola de violencia que pone en peligro seriamente a los medios y limita el derecho de los ciudadanos a ser informados”. “Exhortamos al gobierno federal a lanzar una investigación exhaustiva para dar con los responsables”, pidió Lauría.

El 15 de agosto otro coche bomba había sido colocado y lanzado contra el local de Televisa en Monterrey, al norte del país. El día anterior un grupo no identificado arrojó una granada en la oficina de Matamoros, en Tamaulipas.

El 5 de julio otro coche bomba telecomandado había explotado en Ciudad Juárez, en el norte mexicano que desde hace dos años azota la violencia entre los narcos o entre los narcos y los brazos del crimen organizado con articulación estatal.

Ser periodista en México se convirtió en uno de los oficios más peligrosos. Y no es el estrés lo que mata. Es el plomo. Ya murieron 64 periodistas. En Ciudad Juárez los medios recomiendan a sus empleados el uso de chalecos antibalas. Por primera vez los periodistas organizaron una manifestación en el Distrito Federal de México por su derecho a trabajar sin sufrir ataques contra su integridad física.

El 25 de agosto último el diario La Jornada publicó que la concentración de la propiedad mediática y el control limita el pluralismo, según los relatores de libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Catalina Botero, y de la Organización de las Naciones Unidas, Frank La Rue.

Dice La Jornada que “los relatores señalaron que de 2000 a la fecha, México se ha convertido en el país más peligroso de América para el ejercicio periodístico, lo que es responsabilidad del gobierno”. También, según La Jornada, puntualizaron que la mayor amenaza es el “crimen organizado”, aunque “también hay agresiones de grupos armados presuntamente ligados a partidos políticos y de militares y policías”.

Los relatores establecieron que “el Estado no sólo está obligado a garantizar que sus agentes no cometan actos de violencia contra periodistas: también tiene que prevenir razonablemente las agresiones provenientes de particulares (incluido el crimen organizado)”. Agregaron que “además es su obligación investigar, juzgar y sancionar a los autores de dicha violencia”.

Fuera de México el caso más preocupante de la región es Honduras, el único país del continente donde se produjo un golpe de Estado en los últimos años. Desde marzo murieron seis periodistas. Nadie sabe quién cometió los asesinatos.

En México y Honduras campean los ataques físicos contra medios y periodistas. Europa, en tanto, discute un nuevo aspecto de la intolerancia. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, reforzó su ofensiva para deportar a Rumania a un grupo fácil de definir con un nombre, “gitanos”, y simple de estigmatizar: gente nómade, extraña, sin papeles, que roba hijos ajenos o vive adivinando el futuro como un modo de no trabajar.

La palabra que se usa no es “gitanos”, sino el más genérico “roms”, ocho millones de personas en 47 Estados europeos, u 11 según cifras del Consejo de Europa, que suelen acceder en último lugar a los empleos formales y ser los primeros en perderlos cuando asoma una crisis.

El prejuicio instalado es tan profundo que la consultora Opinion Way hizo esta pregunta en un sondeo para el diario conservador Le Figaro: “¿Está de acuerdo o en desacuerdo a las expulsiones hacia Rumania de los roms sin papeles?” El 65 se pronunció a favor de la expulsión. El pequeño detalle es que los roms no son sinónimo de “sin papeles” porque nacieron en países que integran la Unión Europea. En todo caso, si provienen de Rumania o Bulgaria, tienen restricciones para acceder a empleos fuera de sus países de origen hasta la regularización total prevista para el 2013.

“La pregunta inducía a pensar que se trata de una inmigración clandestina”, criticó ante una consulta del diario Libération de París el dirigente comunitario Marik Salemkour.

Originalmente los ancestros de los roms llegaron a Europa desde la India alrededor del año 1000 y se dispersaron en distintos sitios durante el Imperio Bizantino, alrededor del 1150. Son siglos de sedentarización progresiva que las crisis, como la que aqueja a Europa y al mundo desde 2008, interrumpe con manifestaciones de racismo violento. Durante el nazismo, los gitanos fueron el segundo blanco como grupo, después de los judíos y antes que los homosexuales.

“El problema es que a veces la xenofobia es rentable”, dijo Denis Mc Shane, diputado del laborismo británico y ex secretario de Estado para asuntos europeos del Reino Unido.

El Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial recomendó el viernes a Francia que frene la deportación de gitanos o roms a Rumania y expresó su preocupación por los discursos políticos discriminatorios.

martingranovsky.blogspot.com

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