ECONOMíA › LA AGENDA DE CFK

Deuda y crecimiento

Desde San Petersburgo

“Vamos a hablar de la deuda como un severo condicionante del crecimiento de la economía global”, indicó Cristina Kirchner a la prensa argentina a su llegada a San Petersburgo. “Es un tema que está en el documento final de la cumbre, pero nosotros vamos a insistir”, comentó. “Estamos en un momento mundial grave, porque la crisis económica que empezó en 2008 por la caída de Lehman Brothers no sólo no cesa, sino que se reproduce, sobre todo en Europa, con consecuencias muy feas”, alertó. “También vamos a hacer hincapié –siguió– en la necesidad de fortalecer el empleo, la producción y la inversión, que son los únicos elementos que van a sacar adelante la economía global.”

CFK empezará el día hoy temprano con la reunión con el mandatario chino, con quien firmará tres memorándum de entendimiento para fortalecer la “alianza estratégica” y crear mecanismos de diálogo económico permanente, en una relación que ofrece múltiples atractivos comerciales y de inversión, pero también desafíos por el desbalance entre economías de escalas tan distintas. La Presidenta luego tendrá un encuentro bilateral con su par japonés. “Va a anunciar importantes inversiones, pero corresponde que lo haga él”, anticipó Cristina Kirchner. Y por último será el encuentro con el titular de la OMC, organismo con el que la Argentina tiene una relación especial por las quejas europeas a la política de administración de las importaciones. La bilateral con Putin quedó para mañana, lo mismo que con los jefes de Estado de India y Sudáfrica. Con el presidente ruso se tratarían temas ligados a la cuestión energética. Argentina ya tentó a la petrolera estatal rusa Rosneft para que realice exploración off shore junto a YPF en el mar Argentino, y también hay iniciativas en estudio en energía nuclear.

Los presidentes del G-20 fueron alojados por la organización en el llamado Palacio de los Congresos, una suerte de barrio residencial con chalets a dos plantas de seis habitaciones, rodeados de amplios jardines. La prensa internacional los pudo ver a la distancia desde los barcos que hubo que tomar para acceder al centro de prensa. Cada una de esas casas tiene un número. La de Cristina Fernández de Kirchner es la tres y tiene como vecinos al estadounidense Barack Obama, a la brasileña Dilma Rousseff y al mandatario de Sudáfrica, Jacob Zuma.

Como ocurre en las cumbres del G-20 desde hace tres años, cuando las medidas de seguridad se hicieron mucho más estrictas, ninguno de los movimientos de los presidentes son enteramente libres. Cada desplazamiento debe ser negociado con la seguridad, lo mismo que los del resto de los funcionarios que integran las comitivas y de los periodistas acreditados. Sólo se puede ingresar o salir de la zona de exclusión con un enlace, que la organización asigna para cada grupo de personas, todas identificadas con credenciales de distintos colores.

A pesar de tanto despliegue, los presidentes cuando se juntan en un mismo salón están libres de decirse cualquier cosa, antes, durante o después de las deliberaciones. Fue lo que ocurrió la vez anterior en México, cuando el inglés David Cameron se acercó a Cristina para discutir sobre Malvinas. En esta oportunidad la atención estará puesta en el tema Siria, pero cualquier otra cuestión puede aparecer.

A la par de las sesiones generales, los mandatarios de los veinte países aprovechan para mantener encuentros bilaterales formales. Esas reuniones se gestionan con anticipación. CFK esta vez se verá con el presidente de Rusia, Vladimir Putin; de China, Xi Jinping; de India, Monmahan Singh; de Japón, Shinzo Abe; de Sudáfrica, Jacob Zuma, y con el titular de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el brasileño Roberto Azevedo. La Cancillería negó que hubieran existido negociaciones para encontrarse con Obama.

Además de la cuestión de los fondos buitre, la presidenta argentina planteará en esas reuniones y ante el resto de sus pares el tema de la deuda. Advertirá sobre los riesgos de la desregulación financiera para la entrada y salida de capitales especulativos y de los esquemas de endeudamiento permanente, que generan abultadas comisiones para los grandes bancos y resultan un arma de doble filo para los países, en especial los emergentes. Es lo que están viviendo ahora varias naciones de América latina, entre ellas Brasil, que sufre la salida abrupta de dólares por el retiro de estímulos que prepara Estados Unidos. Ese desplazamiento de capitales en busca de rentabilidad produce un efecto desestabilizador en las economías. La Argentina es quizás uno de los ejemplos más claros de la intoxicación que genera esa dependencia del humor de los mercados, con el resultado conocido en la explosión de 2001.

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