ECONOMIA › OPINION

Perspectivas y desafíos del salario mínimo

 Por Eugenia Blasco y
Matías Maito *

Históricamente, el salario mínimo fue concebido como un instrumento para disminuir la pobreza y, en particular, para proteger a los trabajadores no cubiertos por la negociación colectiva. Sin embargo, su implementación no ha estado exenta de controversias.

Desde una mirada económica ortodoxa, una medida de tal naturaleza resulta poco efectiva en economías como las latinoamericanas, donde los altos índices de informalidad reducen sustancialmente la población sobre la cual impacta. A su vez, según la misma perspectiva, también contribuye a aumentar los niveles de informalidad porque desincentiva las contrataciones formales al elevar los costos laborales vía aumento de las remuneraciones. En consecuencia, el salario mínimo perjudicaría justamente a aquellos sectores que pretende proteger.

Sin embargo, en América latina la evidencia muestra que, durante los últimos años, el salario mínimo aumentó no sólo en términos nominales sino también reales y, en simultáneo, los niveles de informalidad disminuyeron. Así, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, en Brasil, el valor del salario mínimo aumentó más del 60 por ciento entre 2004 y 2012, y la tasa de informalidad cayó más de 12 puntos porcentuales; en Colombia se acrecentó más del 4 por ciento entre 2009 y 2012, y la informalidad se redujo en alrededor de dos puntos porcentuales; en Ecuador, el salario mínimo aumentó más del 17 por ciento entre 2009 y 2012, mientras que la informalidad cayó más de 10 puntos porcentuales; en Perú, hubo un aumento del 25 por ciento entre 2004 y 2012, y la informalidad disminuyó más de 6 puntos porcentuales; y en Uruguay, aumentó 25 por ciento entre 2004 y 2012, y la informalidad se redujo más de 15 puntos porcentuales. En todos los casos mencionados, la proporción del incremento de los salarios mínimos señalada es en términos reales. Asimismo, en el conjunto de América latina el valor del salario mínimo se incrementó un 54 por ciento también en términos reales entre los años 2000 y 2012 y, paralelamente, el empleo informal ha mostrado una reducción que fue del 52 por ciento en 2005 (cuando la OIT comenzó a registrar y difundir estos datos) al 47,7 en 2012.

En el caso de Argentina, el valor del salario mínimo aumentó entre 2003 y 2013 más de 1800 por ciento en términos nominales y, en términos reales, más de 130 por ciento (su principal incremento tuvo lugar entre 2003 y 2006, y desde entonces se mantuvo en valores relativamente estables).

En simultáneo, los niveles de trabajo no registrado atravesaron una tendencia descendente durante los últimos diez años, pasando de valores superiores al 49 por ciento en 2003, a rondar el 33 en la actualidad. A su vez, también es relevante destacar que, según demuestra el investigador Fernando Groisman, la franja de trabajadores cuyos ingresos se sitúan alrededor del salario mínimo (y que, por lo tanto, son los más expuestos a sus variaciones) no tuvo más posibilidades que el resto de perder su trabajo registrado durante los últimos años en nuestro país.

Además de la verificada ausencia de impactos negativos sobre el empleo, la capacidad del salario mínimo de incidir sobre el nivel de ingresos de la clase trabajadora también ha aumentado en este período. En primer lugar, el descenso en los niveles de informalidad implicó un crecimiento de la población sobre la cual impacta. Por otro lado, en caso de que el valor del salario mínimo fuera muy bajo o representara una porción muy menor del nivel salarial promedio, su impacto sería débil; pero en nuestro país el mismo pasó de representar menos del 15 por ciento del salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado en junio de 2003, a constituir más del 35 en 2014. Sí podría mencionarse que desde 2005 su valor no es una referencia para la fijación de los salarios sino más bien un reflejo de lo acordado en las paritarias, dado que la gran mayoría de las negociaciones salariales se realizan antes de la reunión del Consejo del Salario Mínimo.

Uno de los principales desafíos que presenta esta institución es ampliar aún más su cobertura, lo cual requiere principalmente continuar con la tendencia a la baja en los niveles de trabajo no registrado.

* Integrantes del Centro de Estudios Laborales.

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