EL MUNDO › EE.UU. E ISRAEL RECURREN A LA DIPLOMACIA INCLUSO CON ENEMIGOS

¿La Argentina debería prohibirse negociar con Irán?

 Por Martín Granovsky

La denuncia de los Estados Unidos sobre un supuesto complot terrorista de Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudita en Washington (ver página 18) añade un nuevo elemento a una polémica argentina: ¿está bien que la Argentina dialogue, eventualmente, con el régimen iraní? La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que aceptaría esa posibilidad cuando habló en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el mes pasado. Cristina dijo que la oferta de diálogo podría ser admitida sólo dentro de un marco: debería servir para la aspiración argentina de que los ciudadanos iraníes comparezcan ante la Justicia. Fabián Galante, directivo de la DAIA, dijo que no avalaba el discurso porque “la Presidenta por un lado pidió justicia pero por otro habló de un diálogo”. Quedó planteada una discusión que podría profundizarse con dos preguntas. Una: ¿hay en el mundo un tipo de países que puede negociar y otro que no? La otra: ¿hay alguna circunstancia por la que un Estado debe vedarse a sí mismo cualquier tipo de negociación?

El canciller brasileño, Antonio Patriota, puso en duda ayer la denuncia porque dijo que tiene “lagunas”. La fuente citada por Patriota para sus dudas es el supuesto blanco, el embajador Abel al Jubeir, quien le informó que tiene “muchas preguntas que no están bien respondidas” y consideró que “hay elementos preocupantes”. El diario Folha de Sao Paulo consignó otra declaración de Patriota: “Así como hay evidencias de que estaban planeando un atentado, no es claro cuál es la lógica (de los responsables del complot) ni qué conocimiento tenían las autoridades iraníes”. Otra de las fuentes citadas por Patriota fue Thomas Shannon, actual embajador en Brasil y ex responsable del Departamento de Estado para América latina.

Si se extrema la hipótesis, ¿sería lícito que la Argentina negociara con Irán en caso de que las lagunas fuesen reemplazadas por certezas? Por lo pronto habría que tener en cuenta un dato: ni la Presidenta ni el canciller Héctor Timerman aceptaron nunca un diálogo que pudiera menoscabar el pedido de la Justicia argentina. Al contrario. Ese punto aparece como una condición. Es decir que sería innegociable incluso dentro de un diálogo diplomático.

Anoche en El Cairo delegados del gobierno israelí negociaban con dirigentes de la organización Hamas el canje de 1027 presos palestinos por el soldado Gilad Shalit, capturado en 2006 y secuestrado desde entonces. La negociación incluye la relajación de las duras condiciones que padecen los presos palestinos. Hamas ya dijo que seguirá actuando porque las tratativas revelan, a su juicio, que así puede obtener la liberación de más presos. De modo que el gobierno israelí negocia con una fuerza que cometió un delito. Y en esa negociación ni siquiera figura una forma de reparación judicial del delito de privación ilegítima de la libertad.

La DAIA no criticó hasta el momento las negociaciones entre Israel y Hamas. Y lo bien que hizo. Todo signo de distensión en Medio Oriente es bueno para una de las zonas más inestables del mundo y, por lo tanto, para el planeta en su conjunto. A diferencia del caso argentino, la posición israelí es tan pragmática que ni exige el esclarecimiento del secuestro de Shalit.

La secretaria de Estado Hillary Clinton solía repetir hasta hace poco la disposición de los Estados Unidos a dialogar con Irán sobre el contenido de los objetivos del programa nuclear iraní. Washington pone en duda que esas metas son pacíficas. Tampoco la DAIA criticó a Clinton. Fue otra muestra de sensatez: el diálogo diplomático no supone renunciar a principios sino conciliar posiciones para encontrar una salida imaginativa a un problema laberíntico. Y en un mundo con crisis de deuda y en proceso de contracción comercial cualquier conflicto haría aún más improbable la salida económica.

Las declaraciones de Tabaré Vázquez, que él mismo calificó de “inoportunas” y la senadora del Frente Amplio Lucía Topolansky de “poco felices”, sirvieron para reexaminar, en la semana que pasó, el diferendo de las pasteras. En 2006 comenzó a crecer por falta de diálogo entre los dos Estados y fue necesario que en 2010 asumiera otro presidente, José Mujica, para restablecer las negociaciones con la Argentina, que a su vez flexibilizó su actitud con Montevideo mientras advertía con acciones penales a los que cortaban el puente. La cuestión ecológica no fue dejada de lado. Al revés. Quedó sometida al monitoreo conjunto. La diplomacia lo consiguió.

La Argentina integra el grupo de los países considerados confiables en términos nucleares incluso por los propios Estados Unidos, que además lanzaron este año el satélite argentino SAC-D desde una base de la NASA.

La pregunta es si la Argentina, a pesar de ser un actor serio en el mundo, puede dialogar con un país que cuenta con funcionarios presuntamente involucrados en el atentado a la AMIA. Respuesta: si lo que se busca es justicia, ¿por qué no negociar para conseguirla?

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Imagen: DyN
 
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