DEPORTES › OPINION

Barros, ni para quejarse

 Por Daniel Guiñazú

Jonathan Barros hizo lo que pudo. Y lo que pudo, que resultó bastante más de lo que había hecho ante el mismo rival hace tres meses en Mendoza, fue insuficiente. Sobre el ring del Luna Park, el panameño Celestino “Pelenchín” Caballero le dio un paseo por toda la técnica del boxeo, le ganó claramente por puntos en fallo unánime y se quedó con una de las versiones del título pluma de la Asociación Mundial.

Caso curioso: Barros (56,750 kg) levantó bastante la puntería respecto de la pelea anterior. Pero ni aun así le alcanzó. Caballero (57,150 kg) es mucho mejor boxeador y volvió a demostrárselo. Con tanta autoridad y suficiencia que salvo el 4º asalto, se impuso en todos los demás. En algunos, como el 5º y el 11º, con margen suficiente como para darle dos puntos de ventaja. Las tarjetas de los jurados reconocieron parcialmente semejante dominio: el mexicano Alfredo Polanco dio 118/111, el sudafricano Stanley Christodoulou 117/111 y el estadounidense Thomas Miller 116/112, todos para Caballero. Página/12 fue aún más generoso y arribó a un 119/109 para el panameño.

Su estilo desgarbado y poco elegante, a veces demasiado saltarín, y algunos excesos de suficiencia, acaso le hayan restado lucimiento a la tarea del nuevo campeón del mundo. Pero de a ratos dio gusto verlo a Caballero. Casi no le quedó nada por hacer. Manejó la distancia con sus piernas y su izquierda en jab, cruzó cuantas veces quiso la derecha a la cabeza de Barros, aplicó con la misma mano muy buenos ascendentes, con una cintura vivaz y flexible, hizo pasar de largo los zarpazos del mendocino y cuando éste se le abalanzó tratando de friccionarle la pelea, lo amarró sin ponerse colorado.

Rápidamente, Barros supo que no tenía boxeo para oponerle a Caballero. Y que ni siquiera le alcanzaba con un arresto temperamental que levantara a las frías tribunas. Sin ser el mendocino un mal pugilista, las diferencias en cuanto a calidad y estilo fueron abrumadoras. Por eso, no hubo posibilidad alguna para el atraco. Si en aquella noche mendocina los jurados le hicieron una finta burlona a la justicia, esta vez en el Luna pusieron las cosas en su lugar. Consagraron campeón del mundo al mejor de los dos sin que Jonathan Barros pudiera esgrimir su derecho a la queja.

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Imagen: Julio Martín Mancini
 
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