EL MUNDO › DIáLOGO CON ESTEBAN ARRIAGA, COORDINADOR DE MéDICOS SIN FRONTERAS EN SUDáN DEL SUR

“Tenemos que ayudar a esas personas”

En los campamentos de refugiados de Sudán del Sur la situación es crítica: la mortalidad infantil duplica el umbral de emergencia y la diarrea que causa el 65 por ciento de las muertes se produce por falta de agua potable, dice Arriaga.

 Por Norma Domínguez

La situación en Sudán del Sur es crítica y desde Médicos Sin Fronteras (MSF) alertan que las tasas de mortalidad que se han encontrado en Jamam, uno de los campos de refugiados de la región del Alto Nilo, duplican el umbral de emergencia. En diálogo telefónico desde Juba, el costarricense Esteban Arriaga, coordinador de Proyectos en Maban, describió el panorama y pidió ayuda para trasladar a decenas de miles de refugiados que podrían quedar bajo el agua.

–¿Desde dónde llegan estos refugiados?

–La gente que está afectada en estos campos viene de Sudán, huyendo de la guerra y de la inseguridad. En Jamam tenemos 33 mil personas y hay unas diez mil que ya han sido reubicadas en otro campo cercano por el tema de las inundaciones. Probablemente en cualquier momento haya otro gran movimiento de refugiados que todavía no han llegado.

–¿Por qué la zona está tan afectada?

–Recién estamos empezando con la época de lluvias y las mayores precipitaciones se esperan para agosto. Pero estamos en una zona pantanosa. Lo cierto es que en este contexto esperamos desafíos aún mayores porque tenemos un gran problema con falta de agua potable y al mismo tiempo tenemos mucha agua. Desde que estamos acá, más del 65 por ciento de las muertes que hemos constatado son por deshidratación general debido a diarreas severas. Si pudiéramos mejorar o aumentar los suministros de agua potable, la mayoría de las situaciones podrían prevenirse.

–¿Ya llegan deshidratados a los campos?

–Sí. He tenido gente que ha estado en movimiento desde noviembre hasta llegar a Jamam. Meses caminando en condiciones terribles hasta cruzar la frontera. Tenemos que ayudar a esas personas y el reto logístico es impresionante cuando van arribando porque el acceso es muy limitado, los servicios a veces no llegan a tiempo y son muy pocos. Hemos organizado programas médicos, de higiene, de producción de agua, dado materiales esenciales (coberturas de lana, plástico, baldes), pero no alcanza.

–¿Cómo es el clima en este momento?

–Si no está nublado, durante el día puede llegar a hacer calor y en la noche la temperatura suele bajar. Pero la gente que está saludable y tiene medios para entrar en calor puede resistirlo. No así quien no lo tiene: que pase la noche al descampado y mojado lo afecta directamente. Hemos visto una correlación directa entre lluvia e infecciones respiratorias al día siguiente.

–¿De quiénes reciben ayuda?

–Con las otras organizaciones que están acá, como Acnur, por ejemplo, tratamos de coordinarnos y colaborar. Todavía estamos en estado de emergencia y queda mucho por hacer. Para ponerlo en contexto, en este momento aquí, en Jamam, mueren nueve niños por día.

–¿Cómo es la convivencia dentro de los campos?

–En lo que respecta a nosotros, como organización médica internacional, la ayuda se aplica a todo quien lo necesite, sin discriminación. El principio de imparcialidad y neutralidad se aplica en todos los contextos y son la base que nos permite dar esta ayuda. Y respecto de la gente, en todo momento lo que vemos es que son 33 mil personas y la convivencia es amena. Cuando hemos hecho distribuciones de materiales esenciales a las familias, siempre ha sido de una forma organizada y la gente ha respetado como se le ha dado. Hemos visto un ambiente de gran concordia en esa población, lo cual nos permite y facilita la tarea.

–¿Hay solidaridad?

–Diría que sí. Hay muchos niños y mujeres y hasta ahora hemos podido trabajar relativamente en calma, aun con las circunstancias. Estamos felices de poder colaborar con esta comunidad.

–¿Puede saber lo que pasa en las afueras de los campos de refugiados?

–Jamam en general es sumamente inaccesible. Yo camino fuera de la base, en medio del campo de refugiados, y todo lo que nos rodea son más refugiados. Esto nos permite tener una cercanía. Este es un pueblo en su mayoría de refugiados oriundos de Sudán, que huyen de la violencia y de la guerra en busca de un lugar donde puedan sentirse más seguros. Tengo poco acceso a lo que sucede afuera.

–¿Por qué cree que eligen emigrar a Sudán del Sur?

–En general vienen acá porque en este momento está en calma. He estado con gente que viene porque escuchó que parte de su familia había venido y llegaron siguiéndola. A veces parece una decisión bastante espontánea: van al lugar más cercano donde no hay conflicto.

–¿Qué están pidiendo ustedes en lo inmediato?

–Estamos esperando una movilización más grande de recursos, pero sobre todo de equipos humanos. Con lo que tenemos no es suficiente todavía para escapar de estos niveles de mortalidad que tenemos en Jamam. Además estamos previendo que para agosto, si no antes, este lugar va a estar bajo el agua. Esto acarrea muchos otros problemas, como la malaria, que ya estamos viendo casos en los campamentos. Este escenario es espacio para que surjan otras enfermedades transmisibles y podría empeorar la situación aún más. También podría haber cólera y eso sería terrible. Tenemos que poder reubicar a estas personas en otro lugar más seguro. Dentro de poco ya no van a poder desplazarse en camiones porque no hay caminos y no sé cómo haremos.

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Los refugiados llegan a Jaman después de viajar miles de kilómetros a través del desierto.
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