EL MUNDO › FRANCIA ASUME SOLA EL RIESGO DE UNA ACCIóN MILITAR DIRECTA

Alerta por la intervención en Mali

París reforzó ayer su dispositivo antiterrorista luego de que los islamistas de Mali amenazaran con golpear “el corazón de Francia”. La alianza atlántica OTAN saludó la operación militar, pero dijo no estar implicada.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

París reforzó ayer su dispositivo antiterrorista luego de que los islamistas de Mali, donde Francia lleva a cabo una intervención militar desde finales de la semana pasada, amenazaran con golpear “el corazón de Francia”. La amenaza fue proferida por un responsable del Movimiento para la Unicidad del Jihad en Africa del Oeste, Mujao, uno de los grupos que, junto con Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) y Ansar Eddine, se aliaron para lanzar una ofensiva en el sur de Mali. Pese a que hacia finales de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 2085 que autoriza el despliegue de una fuerza de la Unión Africana (UA), París se adelantó y asumió solo el riesgo de una intervención militar directa. El presidente francés, François Hollande, aclaró varias veces que el operativo apuntaba a detener el avance de las milicias islamistas que controlan el norte del país y avanzan hacia el sur.

Francia intervino a finales de la semana pasada en un contexto de relativo consenso nacional. Recién en las últimas horas algunas voces se levantaron para interrogarse tanto sobre la pertinencia como sobre la legalidad internacional de esta operación. En el terreno militar, luego del éxito de las primeras horas, los islamistas cambiaron su estrategia. Los grupos rebeldes abandonaron los bastiones del norte bajo su control y atacaron por el oeste. Lejos de rendirse, Abu Zeid, el jefe de los jihadistas de Al Qaida en el Magreb Islámico, lanzó un ataque contra la localidad Diabali, de la cual se apoderó luego de una débil defensa de las tropas malienses. Situada a 400 kilómetros de la capital, Bamako, Diabali constituye un trofeo de guerra. Nunca hasta ahora los salafistas habían conseguido acercarse tanto a la capital. Al mismo tiempo, diversas informaciones dan cuenta de que los islamistas dejaron importantes bastiones del norte como Tombuctú, Gao o Douentza. Un portavoz del grupo Ansar Dine dijo ayer que esto correspondía a una “retirada táctica” como respuesta a la ofensiva francesa.

El ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, reveló que la pasada noche los aviones franceses bombardearon hacia el Oeste y que es en esa zona “donde transcurren los combates más importantes”. Le Drian aseguró que “las fuerzas de los grupos terroristas son exactamente las que preveíamos. Están muy bien armados, están determinados, están organizados. Lo sabíamos”. Los rebeldes de Mujao, Movimiento para la Unicidad del Jihad en Africa del Oeste, no desmintieron al ministro. Omar Ould Hamaha, portavoz de este movimiento, dijo a la radio francesa Europe 1 que Francia acababa de “abrir las puertas del infierno”.

París puede contar hoy con un aliado suplementario en el norte de Mali. Se trata de los rebeldes tuaregs del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad, MNLA. Azawad es el nombre que se les da a las regiones del norte de Mali ocupadas actualmente por los islamistas. Tan grandes como Francia y Bélgica reunidas, esas regiones áridas son objeto de una disputa territorial desde hace muchos años. La rebelión tuareg del MNLA lucha por la independencia de esa zona, pero luego de haber sido desplazados por los islamistas,los tuaregs del MNLA dejaron de reclamar la independencia y se pronuncian ahora por una negociación con el poder central con vistas a un referéndum de autodeterminación.

Por lo pronto, Francia asume sola el costo político y militar de la intervención en Mali. La OTAN (Alianza Atlántica) saludó la operación francesa para “restaurar el Estado de derecho”. Sin embargo, la portavoz de la OTAN, Oana Lungescun, precisó que se trataba de un operativo nacional y que la Alianza no había recibido ningún pedido de asistencia por parte de las autoridades francesas. La “operación fue decidida por el gobierno francés. La OTAN no está implicada”, declaró la portavoz.

Recién ahora la participación de París en esa guerra que azota a su ex colonia empieza a suscitar cuestionamientos. El primero lo planteó el líder del Frente de Izquierda, Jean Luc Mélenchon, y atañe a la facultad del presidente para comprometer a su ejército en un conflicto sin consultar previamente al Parlamento. La ley estipula, no obstante, que el jefe de Estado no está obligado a pasar por ese requisito. El segundo es más pertinente y concierne a la legalidad de este operativo. La resolución 2085 del Consejo de Seguridad de la ONU dice claramente que el despliegue de fuerzas extranjeras en Mali compete únicamente a una “fuerza africana” con apoyo logístico europeo. Este no es el caso hoy. El gobierno socialista procedió igual que el ex presidente conservador Nicolas Sarkozy con la resolución 1373, que autorizó en 2011 el empleo de la fuerza en Libia, es decir, interpreta las resoluciones a su antojo. Son las tropas y los aviones franceses quienes pelean ahora en el terreno en apoyo al derrotado ejército maliense.

En este sentido, Francia interviene fuera del marco de la resolución de la ONU, incluso si las autoridades pueden alegar que el gobierno interino de Mali pidió la intervención expresa de París. Las paradojas se suman en una infinita red de contradicciones. Fuentes del ministerio francés de Defensa citadas por el semanario Le Nouvel Observateur admitieron su “sorpresa” ante el poderoso arsenal en posesión de los islamistas. Todo termina por ligarse. Sarkozy utilizó la resolución de las Naciones Unidas para cazar al líder libio Muammar Khadafi. El régimen se derrumbó y es en gran parte de ese desmembramiento libio de donde proceden las armas que hoy utilizan los jihadistas del norte de Mali.

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