EL MUNDO › EL VETERANO POLITICO INTENTARA SACAR A ITALIA DE SU CRISIS DE GOBERNABILIDAD

Napolitano, primer presidente reelecto

A pesar de sus 87 años, en medio de una crisis económica sin precedentes y una desorientación mayúscula en el campo de la política, la elección del ex dirigente comunista fue, para los legisladores, la mejor solución posible.

 Por Elena Llorente

Desde Roma

Napolitano (centro) se dirige al país tras ser reelecto presidente de Italia.
Imagen: EFE.

Por primera vez en la historia de Italia, un presidente de la República es reelegido para ejercer un nuevo mandato de siete años. Así ocurrió ayer, cuando las dos Cámaras del Parlamento y los 58 representantes de las regiones reeligieron a Giorgio Napolitano por 738 votos, contra 217 que consiguió su principal oponente, Stefano Rodotá, el candidato, del Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Un encendido aplauso estalló en la Cámara de Diputados cuando Napolitano superó la mayoría absoluta de los votos requeridos. Aunque en realidad consiguió dos tercios de los votos.

Al aceptar la candidatura ayer por la tarde, el presidente Napolitano en un comunicado dijo que “no podía sustraerse a esta responsabilidad respecto de la nación”, pero al mismo tiempo llamó a todas las fuerzas políticas a asumir su propia responsabilidad. Algunos vieron en estas palabras una tácita alusión al M5S que ha obstaculizado todo tipo de acuerdo para formar un gobierno. Pero otros creen que no se refirió sólo a ellos. El lunes, dijo Napolitano, cuando le fue confirmada oficialmente su reelección, informará sobre qué intentará hacer y los límites de su nuevo mandato, y volvió a llamar a todos a cumplir con el propio deber, mirando, como él dijo, la difícil situación del país, sus problemas, su imagen y su papel en el mundo.

Es difícil creer, de todas maneras, que el presidente Napolitano, un hombre de 87 años que ha tenido una intensa trayectoria política prácticamente desde la Segunda Guerra Mundial en las filas del Partido Comunista y sucesivamente en los partidos que fueron derivando de aquél hasta el actual Partido Democrático, pueda aguantar los extremadamente agotadores dimes y diretes de la política italiana por otros siete años. El mismo había desestimado un segundo mandato cuando en varias oportunidades algunos periodistas se lo preguntaron tiempo atrás. Pero dadas las circunstancias, en medio de una crisis económica sin precedentes y una desorientación mayúscula en el campo de la política, fue por lo visto la mejor solución posible.

Desde el jueves, 1007 electores, entre las dos Cámaras y los representantes de las regiones, intentaron elegir un nuevo presidente en cinco votaciones en las que quedaron “quemados” varios candidatos, como el ex sindicalista y ex presidente de la Cámara de Diputados Franco Marini, y el ex jefe del gobierno italiano, Romano Prodi. Ambos habían sido propuestos por el Partido Democrático y apoyados por Silvio Berlusconi y su gente, pero discutidos por la base y por algunos diputados del PD que, en efecto, les votaron en contra. Inédita también, al menos en los últimos años, fue la crisis que se desató dentro del Partido Democrático (centroizquierda) y que llevó a la renuncia de su presidenta Rosy Bindi y de su secretario, Pierluigi Bersani, así como de los demás miembros de la secretaría, supuestamente los artífices de las candidaturas equivocadas. Bersani fue muy criticado por su base porque durante todos estos meses había levantado como bandera que jamás haría un acuerdo con Berlusconi. Y en cambio, ahora en la elección del presidente, el acuerdo habría existido. Los disidentes, varios de los cuales quemaron sus carnets de inscripción al PD frente al Parlamento, también protestaban porque consideraban a Marini, sobre todo, pero también un poco a Prodi, como ejemplares de la vieja política y no de la renovación que está requiriendo Italia a gritos. Uno de los más críticos, sobre todo respecto de la candidatura de Marini, fue el alcalde de Florencia, Matteo Renzi joven dirigente del PD y símbolo de los cambios que muchos querrían hacer.

Pero el que se demostró furioso literalmente por la elección de Napolitano y no de su candidato Rodotá fue Beppe Grillo, el líder del M5S, que acusó a los demás partidos de haber hecho un “golpe de Estado” porque habían decidido todo al margen de la gente, es decir, principalmente, de ellos. “Cuatro personas, Napolitano, Bersani, Berlusconi y Monti –escribió Grillo en su blog–, se encontraron en una sala y decidieron mantener a Napolitano, nombrar a Giuliano Amato (N. de R.: jefe del gobierno en varias oportunidades pero hasta ahora no oficializado, ni mucho menos, como nuevo primer ministro) como jefe de gobierno y aplicar las recomendaciones de los ‘sabios’ del área PDL-PD que convocó Napolitano, como programa.” “Es un golpe de Estado –repite Grillo en un tweet–. Los espero a millones esta tarde frente al palacio del Parlamento para protestar”. Pero Stefano Rodotá, jurista, profesor universitario, parlamentario de la izquierda independiente en varias oportunidades, dijo claramente que no se plegaría a la “marcha hacia Roma” que Grillo quería hacer. Mientras tanto, la plaza que circunda al Parlamento se fue llenando de gente. Tal vez Grillo estaba disgustado además porque él no fue invitado para hablar con el presidente ayer. En realidad, los partidos que asistieron lo hicieron aparentemente por su propia cuenta. El PD, el PDL y los centristas de Monti fueron separadamente a pedirle a Napolitano que aceptara su reelección. Al menos para dar una respuesta, no sólo a los ciudadanos que cada día están más perdidos ante el maremágnum de dichos y contradichos, sino a nivel internacional.

Quizá Napolitano, en esta nueva etapa, logre la formación de un gobierno. Algunos temen que ese gobierno pueda surgir por un acuerdo PD-PDL que podría provocar más divisiones dentro y fuera del centroizquierda. Por ejemplo, respecto de Izquierda, Ecología y Libertad (SEL) de Vendola, que era hasta el sábado el aliado principal del PD pero que en la votación por el presidente se declaró abiertamente a favor de Rodotá y no de Napolitano.

El proceso que ha vivido Italia desde el jueves no ha sido otra cosa que el reflejo de la gran confusión reinante entre los políticos italianos que desde las elecciones parlamentarias de fines de febrero no logran ponerse de acuerdo para formar un gobierno. Y no se trata sólo del PD o del PDL de Berlusconi. Sino también de los “grillinos” que han tirado de la cuerda, impidiendo eventuales acuerdos, oponiéndose a todo lo que no fuera lo que ellos decían o proponían, y empujando al PD –que en las elecciones consiguió la mayoría relativa y buscaba aliarse con ellos– al borde del abismo, es decir a renunciar a la formación del gobierno como por los resultados electorales les correspondía. A partir de la semana que viene se verá si esto se confirma o si Napolitano logra que se haga un gobierno diferente. De lo contrario, el presidente tiene siempre el derecho de disolver el Parlamento y llamar a nuevas elecciones. ¿Pero esto resolvería el egocentrismo y el individualismo que caracteriza a muchos políticos italianos y les impide hacer que la política sea, como decían los estudiosos, el “arte de lo posible” en beneficio de una población?

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