EL MUNDO › MIENTRAS AL MALIKI RESISTE Y AL ABADI INTENTA FORMAR GOBIERNO, LOS BOMBARDEOS CONTINúAN

Irak, entre la crisis política y la guerra

Al Abadi señaló que la lucha contra el terrorismo será su prioridad porque amenaza directamente al Estado iraquí, aunque destacó que Irak afronta muchos retos para mantener su unidad, su tejido social y sus componentes.

El primer ministro designado de Irak, el chiíta Haidar al Abadi, pidió a los iraquíes que se unan para luchar contra los jihadistas. Su predecesor, Nuri al Maliki, sigue sin aclarar si cederá para poner fin a la crisis política. Al Abadi, encargado de formar el nuevo gobierno, señaló que la lucha contra el terrorismo será su prioridad porque amenaza directamente al Estado iraquí, aunque destacó que Irak afronta muchos retos para mantener su unidad, su tejido social y sus componentes, según señaló un comunicado de su oficina.

Al menos 80 combatientes del grupo Estado Islámico (EI) murieron ayer en ataques de la aviación iraquí en la ciudad de Mosul, que se encuentra bajo control jihadista hace cuatro días, mientras la crisis política persiste en el país pese al apoyo de Washington y Teherán al recientemente designado primer ministro chiíta.

Al Abadi hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas que creen en la Constitución y el proceso político democrático a unir esfuerzos en respuesta a los desafíos y a “abrir la mente para sentarse juntas, no a formar gobierno, sino a desarrollar una voluntad nacional que permita afrontar los problemas”. Además, el primer ministro iraquí pidió la cooperación de países socios y organizaciones internacionales para luchar contra el jihadista EI que, aseguró, representa una amenaza para toda la región, para la paz y la seguridad internacionales.

El líder chiíta se refirió en esos términos un día después de ser designado nuevo primer ministro; recibió felicitaciones del rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdelaziz, quien le deseó que consiga estabilidad y prosperidad. En tanto, el saliente Al Maliki no aclaró si está dispuesto a dejar su puesto. Quizá para allanar el terreno, Al Abadi le tendió ayer la mano y elogió sus esfuerzos para luchar contra el terrorismo y construir el Estado iraquí, además de asegurarle que seguirá siendo “hermano, compañero y un socio clave” en el proceso político.

Asimismo, Al Maliki exhortó al ejército y a la policía a quedarse al margen de la crisis política y a limitarse a sus funciones de mantener la seguridad y proteger el país. “Insto a los comandantes, oficiales y demás miembros de los servicios de seguridad a mantenerse alejados de la crisis política para evitar que los jihadistas aprovechen la situación”, indicó durante un encuentro con altos mandos militares.

Otro bombardeo de la aviación iraquí tuvo lugar en la localidad de Sinyar, a 90 kilómetros al oeste de Mosul, donde fueron atacados la sede del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) –tomada por los rebeldes del EI– y un convoy de los jihadistas en el Monte Sinyar, lo que provocó al menos 73 muertos. En uno de los vehículos del convoy viajaba un destacado líder del grupo jihadista, informó el jefe de seguridad de la provincia de Nínive, Mohamed al Bayati.

Los ataques dejaron también un gran número de heridos entre las filas del EI –grupo que busca instaurar un califato en la región y protaganiza un arrollador avance hace semanas que desdibuja la integridad territorial del país asiático– y causaron daños materiales en vehículos y armamento. Según Al Bayati, otros dos misiles atacaron una posición del EI en la zona de Al Kaiara, a 50 kilómetros al sur de Mosul, lo que provocó la muerte de ocho combatientes, entre ellos un dirigente radical.

El uniformado explicó que son los aparatos de guerra iraquíes los que llevan a cabo bombardeos contra posiciones del EI, mientras que la aviación estadounidense centra sus ataques en las proximidades de Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán. La ofensiva jihadista en el norte de Irak se afianzó con la toma de Mosul, la segunda ciudad del país, el 10 de junio, fecha desde la que el grupo radical continúa sus conquistas con el objetivo de ampliar el califato que proclamó en los territorios bajo su control en Irak y la vecina Siria.

La rebelión en el interior del país dejó fuera del control del gobierno central una buena parte del norte del país y provocó una crisis política que complicó la elección de las nuevas autoridades iraquíes que debían ser designadas tras los comicios parlamentarios de abril. Anteayer, el presidente iraquí, Fuad Masum, ordenó al chiíta Haidar al Abadi, dirigente de la coalición Estado de Derecho, de formar gobierno en su rol de primer ministro recientemente designado en sustitución de Nuri al Maliki.

La jugada política recibió el inmediato apoyo de Washington ya que “representa las aspiraciones del pueblo iraquí mediante la construcción de un consenso nacional que rija de manera inclusiva”, señaló un comunicado de la Casa Blanca.

Ayer, el presidente Barack Obama calificó como prometedor el relevo, mientras el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, dijo que su país considerará los pedidos de asistencia militar y de otro tipo una vez que Al Abadi forme un gobierno para unir el país. La decisión de Masum también recibió el apoyo de Irán –tradicional antípoda diplomática de Washington–, donde el secretario del poderoso Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Shamjaní, dijo que la república islámica “apoya los procedimientos legales que preparan el camino para la elección de un nuevo primer ministro iraquí”.

Al Maliki, quien esta semana desplegó al ejército en puntos clave de Bagdad y anunció en un combativo discurso que llevaría a Masum a los tribunales por no atenerse al plazo constitucional para encargar gobierno, pretende seguir al frente al gobierno y sostiene que el nombramiento de Al Abadi es anticonstitucional. “Algunos querrán aprovecharse de la situación actual moviéndose a sus anchas dentro de las regiones para saquear las instituciones estatales”, manifestó ayer Al Maliki y lanzó además un llamamiento para que se refuercen las posiciones militares.

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Un soldado kurdo iraquí toma posición en Bashiqa, cerca de Mosul, para resistir la ofensiva del Estado Islámico.
Imagen: AFP
 
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