EL MUNDO › LA MILITANCIA SOCIALISTA FRANCESA BUSCA RECUPERAR EL ENTUSIASMO

Renovarse, el desafío del PS

Cada moción, incluso la oficial, refuta el camino social-liberal (el actual) y pone como bandera un “eco-socialismo” o “social-ecología” que no figura ni en los sueños más osados de quienes gobiernan en Francia.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

“En el Partido Socialista nos pasamos el tiempo disparándonos en el pie.” Lapidaria y radiográfica, la frase aparece en la primera plana digital del vespertino liberal Le Monde justo el día en que los militantes socialistas votan para elegir entre las cuatro ponencias que se plantean de cara al congreso del PS que se celebrará del 4 al 7 de junio próximos. Un total de 160 páginas y 200 propuestas concretas destinadas a reformular la identidad difusa de un partido que en los últimos ocho años ha perdido una suma extravagante de militantes: 280.000 en 2006, 170.000 en 2012, 131.000 hoy. De las cuatro ponencias que se presentan, la moción “A” pertenece a Jean-Christophe Cambadélis, el actual primer secretario del PS. Este dirigente sale a la arena con una propuesta llamada “la renovación socialista” y apuntalada por todo el gobierno. La moción “B” es defendida por los críticos de la actual línea social liberal y el ala izquierda del Partido Socialista. Esta opción plantea un “nuevo contrato” para la “mayoría” gobernante y la reunificación de la parcelada izquierda. La “C” se plantea “un nuevo pacto ciudadano y republicano” mientras que la última se refiere a una ambigua “fábrica socialista”.

La base socialista da muestras de una desmovilización tan blanda como agria. La presidencia del socialista François Hollande ha dejado un tendal de ilusiones rotas en el camino desde que, en el 2102, Hollande accedió al sillón presidencial tras derrotar al presidente saliente Nicolas Sarkozy. Muchos creyeron que, de una u otra forma, un período de la historia política y económica de Francia había terminado luego de las tres derrotas consecutivas que el PS había encajado en las presidenciales. Pero la historia siguió igual y las zonas de fricción y de ruptura entre los electores de la izquierda y su presidente se fueron acumulando. De lo esencial a lo pequeño, Hollande renunció a llevar a la práctica un considerable paquete de promesas. Este socialismo gobernante es una masa de contradicciones en evolución. Cada moción, incluso la oficial, refuta el camino social-liberal (el actual) y pone como bandera un “eco-socialismo” (moción “A”) o “social-ecología” que no figura ni en los sueños más osados de quienes gobiernan. Toda la incógnita radica en saber si se trata de otra astucia retórica o de un auténtico esquema global de reactualización del pensamiento socialista. Lo primero es más verosímil que lo segundo. El postulado dice situarse a mitad de camino entre la ecología política y la social democracia. Luego, en todos los textos aparece el catálogo de ideas “llaves maestras”: los valores “republicanos”, la “libertad”, la “igualdad”, la “laicicidad”, el “progreso social y ecológico”. La novedad muestra sus sombras en las mociones “A y “B”. Ambas mueven los espectros de un tema intocable, eternamente prometido y nunca asumido por ningún poder, es decir, la sacrosanta reforma fiscal. Estas ponencias articulan la reforma en torno del cobro de los impuestos desde la fuente (cada mes, cuando se cobran los salarios) y no en un cálculo a finales de año. En todo lo que toca a las ideas, las mociones son un espejo de unas y otras. Por ejemplo, la “A” y la “B” están de acuerdo con la idea de que es posible “sobrepasar el socialismo”. El abismo entre los textos se agranda cuando se trata de economía. Por ejemplo, la ponencia del actual primer secretario alaba los resultados de la política económica del Ejecutivo mientras que la “B” fustiga un cambio de línea “tan drástico como doctrinario” al tiempo que deplora que la acción del gobierno no se haya separado “lo suficiente de las políticas de rigor impuestas en toda Europa por la pareja Merkozy” (la canciller alemana Angela Merkel y el ex presidente Nicolas Sarkozy.

Al cierre de esta edición, Jean-Christophe Cambadélis se adjudicó, sin sorpresa, la victoria. Era el texto favorito en todas las percepciones previas. Esta moción “A” respaldada por el gobierno habría obtenido 60 por ciento de los votos, la “B” (el sector más a la izquierda) 30 por ciento, la “C” y la “D” 10 y 2 por ciento, respectivamente. Serán entonces las ponencias “A” y “B” las que se enfrentarán en el congreso de junio, del cual saldrá el futuro nuevo primer secretario. En suma, nada apasionante hasta ahora. Todo está jugado de antemano. Con 60 por ciento de los votos la moción de la dirigencia socialista tiene la reelección garantizada. La “B” no puede hacer tambalear los cimientos de este partido que parece seguir engañando a los electores de una forma escandalosa en vez de convertirse oficialmente en lo que es desde hace varios años, un partido socialdemócrata, medio liberal, con inclinaciones sociales y afanosamente adepto del euromercado. Lo más irreverente es que de la ponencia ganadora, en cuya redacción participó medio gabinete, surgen propuestas y se defienden ideas rechazadas drásticamente en la práctica por los gobernantes actuales. Un paseíto más por los indeseables senderos de la retórica sin convicción ni fundamentos en los hechos.

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La presidencia de François Hollande provocó decepción en el ala más de izquierda dentro del PS.
Imagen: AFP
 
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