EL MUNDO

La policía iraquí, una aprendiz de los abusos que comete Washington

Estados Unidos admite que podría haber usado en Irak “fósforo blanco”, un agente químico mortífero. Paradójicamente piden a Washington que investigue un centro de detención donde se tortura.

Andrew Buncombe,
Kim Sengupta y Colin Brown*
Desde Washington, Bagdad y Londres

El gobierno iraquí va a investigar el uso militar que Estados Unidos les dio a las bombas de fósforo blanco durante la batalla de Faluja, una investigación que podría revelar si las fuerzas estadounidenses traspasaron el límite del Tratado Internacional de Armas. El ministro iraquí de Derechos Humanos, Narmin Othman, dijo anoche que un equipo sería enviado a Faluja para tratar de comprobar si civiles habían sido muertos o heridos por el uso del arma incendiaria. El uso de fósforo blanco (FB) y otras armas incendiarias, tales como el napalm, contra civiles está prohibido. Por otra parte, líderes sunnitas pidieron a las fuerzas estadounidenses que se investigue el centro de detención donde se aplicaba tortura, descubierto el domingo pasado en Bagdad y donde encontraron a 173 prisioneros que habían sido torturados.
Un vocero del Pentágono dijo que “no se sorprendería” si las fuerzas de Estados Unidos hubieran usado FB en otros lados de Irak. La admisión del Pentágono del uso de FB, que puede quemar a una persona hasta los huesos, resultó una gran molestia para algunos elementos del gobierno. El Pentágono señala que el uso de bombas incendiarias contra blancos militares no está prohibido. Sin embargo, el artículo dos, protocolo III de la Convención de la ONU de 1980 sobre Ciertas Armas, prohíbe el uso de tales armas contra civiles. De gran importancia para los investigadores iraquíes, el tratado también restringe su uso contra blancos militares “en concentraciones de civiles, salvo cuando tal objetivo militar esté claramente separado de una concentración de civiles y se tomen todas las precauciones necesarias para limitar los efectos incendiarios al objetivo militar y para evitar pérdidas incidentales de vidas civiles, heridas a civiles y daño a objetos civiles”.
Simultáneamente, los líderes políticos en Irak exigieron ayer una investigación internacional sobre el descubrimiento de que 173 personas habían sido torturadas y mantenidas en cautiverio en un bunker en el Ministerio del Interior. Afirmaron que tal abuso era llevado a cabo regularmente por los paramilitares conectados con el gobierno y acusaron a las fuerzas estadounidenses a dar “luz verde” a esa práctica. La investigación independiente fue apoyada por el investigador especial de tortura de la ONU. Pero la Organización Badr, una milicia chiíta sospechada de maltratar a los prisioneros, en su mayoría sunnitas, negó estar involucrada.
El descubrimiento de los prisioneros, la mayoría muertos de hambre, algunos desollados, es un asunto de gran incomodidad y vergüenza para la administración estadounidense, que se está tratando de recuperar del escándalo de Abu Ghraib. Hussein Kamal, el viceministro de Interior iraquí, que visitó el bunker, dijo: “Nunca pensé que podía ver escenas como ésas. Vi señales de abusos por palizas brutales; uno o dos de los detenidos estaban paralizados y a algunos les faltaba la piel en varias partes de sus cuerpos”. También reveló los instrumentos de tortura que vio en el edificio.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Se encontraron 173 prisioneros, que habían sido torturados en un centro clandestino en Bagdad.
 
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