EL MUNDO › TRAS CONOCER EL FALLO, EL DEPUESTO LIDER AFIRMO QUE ES EL LEGITIMO PRESIDENTE DE IRAK

Saddam fue condenado a morir en la horca

Saddam Hussein recibió la sentencia por su implicación en la muerte de 148 chiítas de Djail, al norte de Bagdad, en los ochenta. El juicio estuvo marcado por el carácter dudoso de la imparcialidad del tribunal y habrá apelación. Existen supuestos de que EE.UU. tuvo que ver con la fecha del anuncio, cercana a los comicios legislativos.

El ex dictador iraquí Sa-ddam Hussein fue condenado a morir en la horca tras ser declarado culpable de crímenes contra la humanidad por un tribunal iraquí en Bagdad. La condena llegó más de tres años después de que Saddam fuera depuesto por una ofensiva militar de Estados Unidos y a sólo dos días de las elecciones legislativas en ese país, que tendrán lugar mañana. El presidente norteamericano, George W. Bush, calificó la sentencia de “hito” que abre el camino hacia la democracia en Irak, mientras organizaciones de derechos humanos condenaron la medida, cuestionando la capacidad del tribunal para impartir justicia.

“Levántese”, ordenó a Saddam Hussein el juez que preside el tribunal iraquí. Pero al ex dictador no se le pasó por la cabeza obedecer al kurdo Rauf Abdel Rahman. Sa-ddam no se puso en pie hasta que el juez hubo llamado a los ujieres para que lo levantaran y sujetaran. “¡No me tuerzan los brazos, no me tuerzan los brazos!”, exclamaba el acusado. Apenas fue pronunciada la sentencia de “muerte mediante la horca”, el depuesto líder comenzó a gritar con voz firme “Alá es grande”, mientras sostenía el Corán en su mano izquierda. El juez tuvo que elevar la voz para que pudieran escucharse las consideraciones en que se basa el fallo. Mientras era conducido de regreso a su silla, con los brazos aún sujetos a la espalda, Saddam seguía gritando. “¡Larga vida a Irak, larga vida a los iraquíes!”.

La entereza de Saddam durante el anuncio de la sentencia no sorprendió a los observadores del proceso. Desde el comienzo, el ex mandatario se mantuvo en la misma línea. “Todavía soy el legítimo presidente de Irak”, afirmó una y otra vez. Saddam despreció a los jueces, la fiscalía y el nuevo gobierno iraquí calificándolos de lacayos de los estadounidenses. Sa-ddam fue condenado por su implicación en la muerte de 148 habitantes chiítas del poblado de Djail, al norte de Bagdad, a comienzos de los años ’80. El juicio estuvo marcado por el carácter dudoso de la imparcialidad del tribunal y la naturaleza de la jurisdicción elegida para juzgar los crímenes imputados al antiguo régimen.

Dos de los más estrechos colaboradores de Saddam también fueron condenados a la pena capital, mientras el ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan fue sentenciado a cadena perpetua. Los otros sentenciados a muerte en la horca son su hermanastro y ex jefe de los servicios de inteligencia iraquíes, Barzan al Tikriti, y Awad Ahmed al Bandar, ex presidente del tribunal ilegal que ordenó la ejecución de los chiítas. Otros tres ex responsables del partido Baas en Djail fueron sentenciados a 15 años de prisión cada uno y un cuarto responsable local fue absuelto.

Pero a Saddam todavía le quedan días de vida. Los estatutos del tribunal prevén un procedimiento automático de apelación en caso de condena a muerte o cadena perpetua, lo que podría aplazar semanas o incluso meses la ejecución de las sentencias. Dicho proceso se iniciará hoy y Saddam sería ejecutado en un plazo de 30 días desde la fecha en que la Corte de apelación confirme la condena. Pero otros hechos podrían retrasar la ejecución, ya que Saddam está en juicio por la masacre de decenas de miles de kurdos a fines de los ’80.

“El juicio marca un hito en los esfuerzos de los iraquíes para reemplazar el papel de un tirano por el de la ley”, indicó Bush. “La condena a muerte es un feliz recordatorio lanzado a todos los iraquíes de que la autoridad de la ley puede prevalecer sobre la del miedo”, afirmó por su parte la secretaria de Estado norteamericana, Condo- leezza Rice. En tanto, los demócratas, que se enfrentarán a los republicanos en las elecciones legislativas de mañana, respondieron con cautela. “Saddam Hussein es un criminal de guerra y recibió lo que se merece. Pero no pienso que tenga impacto alguno sobre la seguridad de nuestro país”, dijo Howard Dean, presidente del Partido Demócrata (ver aparte).

Frente a la satisfacción mostrada por la Casa Blanca tras conocerse la sentencia, la Unión Europea (UE) fue más moderada y, aunque saludó el veredicto, instó a Irak a no aplicar la pena capital. “La presidencia recuerda la posición de la Unión Europea contra la pena de muerte. La UE se opone a la pena capital en todos los casos y toda circunstancia, y llama a no aplicarla en este caso”, señaló la presidencia finlandesa de la UE en un comunicado. Por su parte, la organización de derechos humanos Amnistía Internacional deploró la condena estimando que el caso estuvo “marcado por graves errores que ponen en duda la capacidad del tribunal (...) de administrar una justicia justa, en conformidad con las cánones internacionales”.

En Medio Oriente, la sentencia provocó reacciones contrapuestas, desde la alegría en Kuwait, Irán y entre los chiítas iraquíes, a la cólera del movimiento islamista palestino Hamas y los sunnitas iraquíes. Sadr City, el principal bastión chiíta al este de Bagdad, estalló de alegría al conocer el veredicto. Un millar de personas caminaban, agitaban banderas y denunciaban a Sa-ddam. El resto de la ciudad se hallaba bajo un férreo toque de queda para prevenir reacciones violentas de los simpatizantes de Saddam en el seno de la minoría sunnita, favorecida durante los 24 años de su régimen. En la localidad sunnita de Dawr, cerca de Tikrit (norte de Bagdad), pueblo natal de Sa-ddam, grupos de manifestantes se congregaron para apoyar al presidente derrocado en 2003 por Estados Unidos. “Saddam vivió como un héroe y morirá como un héroe”, dijo el jeque al Nadawi, líder del grupo de tribus baigat al que pertenece el ex dictador.

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El depuesto líder iraquí comenzó a gritar con voz firme “Alá es grande”, con una mano en el Corán, luego de conocer la sentencia de muerte.
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