SOCIEDAD › EN SAN MARTIN, DOS POLICIAS BALEARON A UN VIGILADOR

Una confusión muy confusa

Dos policías de la Bonaerense confundieron a un vigilador con un delincuente. Uno de ellos era investigado por un hecho grave.

 Por Horacio Cecchi

Este es uno de esos casos donde la versión policial se choca con la realidad de tal manera que lleva a suponer que alguna de las dos miente. Según la primera, el sábado por la noche, una oscura mano del azar se cruzó en el final de un operativo accidental en San Martín, a dos cuadras de la estación San Andrés, del ex Mitre. Siguiendo ese hilo del relato, “por una lamentable confusión” dos hombres de la Bonaerense balearon a una persona que llevaba un arma en el cinto. El hombre se resistió o quiso sacar su arma y fue baleado. Después resultó que el hombre vivía a escasos metros del lugar, que llevaba un arma porque era vigilador privado y que creyó que intentaban asaltarlo. Un día después se informó que uno de los policías estaba de franco y el otro pasado a disponibilidad preventiva, o sea, estaba sumariado por un hecho lo suficientemente grave como para estar obligado a entregar su arma y a no realizar ningún operativo en la vía pública.

El vigilador privado se llamaba Gustavo Visciglia, de 35 años, vivía en Marengo al 3200 junto a su hermano Marcelo y su padre. Según la versión de Marcelo Visciglia, alrededor de las ocho de la noche del sábado pasado, salió de su casa y se dirigió a su auto, un Peugeot 206 gris oscuro. En ese momento, los oficiales Fabián Rubén Pereyra y Miguel Angel Ojeda (el primero de la comisaría 8ª de Villa Concepción, y el segundo de la DDI de San Martín) pasaban por el lugar en el Senda rojo de Pereyra vestidos de civil. Según el hermano de Visciglia, los policías intentaron asaltarlo y el vigilador quiso desenfundar su arma y fue baleado. Recibió un disparo en la tetilla izquierda que salió a la altura de la garganta y otro con orificio de entrada en el glúteo y de salida en una pierna. Y murió en su auto.

La versión policial difiere: sostiene que en el cruce de Marengo y Santa Rosalía, o sea, Marengo al 3700, a cinco cuadras de la vivienda de Visciglia, los dos policías, Ferreyra y Ojeda, de civil, vieron a un hombre con una pistola en su cinto. La versión asegura que Ferreyra dio la voz de alto y que Visciglia creyó que lo iban a asaltar porque los policías estaban de civil e intentó sacar su 9 milímetros. A su vez, “la confusión” siguió porque los policías entendieron que el supuesto delincuente intentaba resistirse y dispararon o disparó uno de ellos, Ferreyra, con el final ya relatado.

Los peritos deberán determinar si las versiones discordantes lo son, además, con la realidad de los hechos. Algunos datos apuntan en sentido contrario: Pereyra estaba de civil porque tenía franco. Ojeda, que también estaba de civil, en realidad estaba en disponibilidad preventiva desde el 16 de mayo pasado, investigado bajo infracción al artículo 59 de la ley policial, que castiga actos gravísimos con la exoneración de la fuerza. La disponibilidad preventiva implica que el policía debe ser alejado del servicio, entregar su arma y placa, y cobrará la mitad del sueldo hasta que se decida su estado. Por lo tanto, Ojeda no estaba en condiciones de intervenir en ninguna acción policial. Por el momento, la versión policial indica a Pereyra como quien disparó, pero resulta sugestivo que sea el menos complicado.

Por el otro, será tarea de los peritos determinar si los disparos recibidos por Visciglia pertenecen a la misma arma reglamentaria de Pereyra, y el porqué de la extraña trayectoria de los dos disparos, como si uno hubiera sido de abajo hacia arriba y el otro de arriba hacia abajo.

Lo más curioso de todo es la capacidad nuclear de la mirada del oficial franco de servicio y del otro, a punto de dejar de serlo: cómo llegaron a descubrir el arma de Visciglia en su cinto, si supuestamente el conductor del Peugeot estaba sentado en el vehículo y con la puerta cerrada.

El vecindario no estaba muy conforme con la versión policial ni con que al detener a los dos policías no los hubieran esposado. Hubo pedrea contra el patrullero.

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