EL MUNDO › DONALD RUMSFELD, IMPULSOR DE LA DOCTRINA DE “GUERRA PREVENTIVA”

Cayó el halcón de George Bush

El mazazo electoral del martes forzó la salida del funcionario más cuestionado de la administración Bush, el secretario de Defensa Rumsfeld, quien había promovido la invasión a Irak desde el atentado a las Torres Gemelas, aún antes de la invasión de Afganistán, y que apoyó la legalización de la tortura y el uso de cárceles clandestinas.

En Washington ya empezaron a rodar cabezas. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, principal estratega de la guerra de Irak, se convirtió ayer en la primera víctima política de la derrota de los republicanos en las elecciones legislativas del martes. El presidente George W. Bush anunció su remoción en una conferencia de prensa en la que también anunció que Rumsfeld será sustituido por el ex director de la CIA Robert Gates. Los comicios legislativos, en los que los demócratas reconquistaron la mayoría en la Cámara de Representantes y podrían imponerse también en el Senado, fueron considerados como un referéndum sobre la política de gobierno, principalmente por la situación en Irak. A pesar de que el anuncio está hecho, Rumsfeld deberá esperar a vaciar su oficina hasta que el Senado apruebe el nombramiento de Gates.

La noticia se conoció por la tarde y dio la vuelta al mundo: Rumsfeld no seguiría al frente del Pentágono, donde pasó los últimos seis años. El cuestionado secretario de Defensa fue artífice de la invasión y la ocupación de Irak, y los demócratas habían pedido reiteradamente su cabeza por el empeoramiento de la situación en ese país. Incluso reclamaron un cambio de rumbo el martes por la noche, después de que se confirmó su control de la Cámara de Representantes. “Señor presidente, necesitamos una nueva dirección en Irak”, reclamó la futura presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi.

Bush dijo ayer que la salida de Rumsfeld del Gobierno fue una decisión de mutuo acuerdo, y afirmó que se tomó el lunes, antes de las elecciones legislativas. “Ambos opinábamos que era necesaria una nueva cara al frente del Pentágono y de la guerra en Irak”, dijo el mandatario, quien confirmó que el domingo pasado se reunió en su rancho de Crawford (Texas) con Gates. “Rumsfeld comprende que Irak no está funcionando suficientemente bien, suficientemente rápido”, afirmó Bush. Pero a pesar de que el presidente asegura que la decisión fue tomada antes de conocer los resultados de las urnas, los analistas afirman que la caída de Rumsfeld es un reconocimiento de que los votantes penalizaron a los republicanos por la política en Irak y de que cambió el balance de poder en Washington.

Rumsfeld, de 74 años, casado y padre de dos hijas, fue nombrado secretario de Defensa por primera vez durante la presidencia de Gerald Ford, cuando tenía 43 años. Estuvo en el cargo entre 1975 y 1977. En el 2001 Bush le volvió a ofrecer el puesto, donde se mantuvo con el apoyo presidencial hasta ayer. “Servir a Estados Unidos a lo largo de estos seis años ha sido el mayor honor de mi vida”, subrayó Rumsfeld en la conferencia de prensa conjunta con Bush y Gates. Además, agregó que la guerra en Irak “fue incomprendida”.

Por su parte, Bush agradeció a Rumsfeld los servicios prestados, lo calificó de líder “sólido y firme” y aseguró que fue un secretario de Defensa “excelente durante un período de grandes cambios”. “Se lo va a extrañar”, aseguró Bush. A su vez, indicó que no había anunciado antes la dimisión de Rumsfeld ya que “no quería presentar públicamente una decisión de tanta envergadura en la etapa final de una campaña electoral”. Sin embargo no se había expresado de igual manera la semana pasada, cuando en declaraciones a la prensa insistió en que tanto Rumsfeld como el vicepresidente, Dick Cheney, permanecerían en sus cargos hasta el final de su mandato, en enero del 2009. “He querido tomar la decisión correcta, sobre las personas, la estrategia y el lugar adecuado”, se justificó ayer Bush. “Bob Gates brindará una perspectiva fresca y una buena capacidad de gestión.”

Los pedidos de renuncia a Rumsfeld no provenían sólo de los demócratas, sino también de los militares. Justamente el lunes pasado un influyente grupo de publicaciones militares pidió la dimisión del secretario de Defensa. “Rumsfeld ha perdido la credibilidad ante los mandos militares, ante las tropas, ante el Congreso y ante el público. Su estrategia ha fracasado y su capacidad de liderazgo se encuentra debilitada”, decía el editorial de las revistas Army Times, Navy Times, Marine Corps Times y Air Force Times, que pertenecen al grupo “Military Media Group”, de propiedad privada. “Ha llegado el momento, señor presidente, de hacer frente a la dura verdad: Donald Rumsfeld debe marcharse”, agregaba. La Casa Blanca salió a defender al jefe del Pentágono. El portavoz Tony Snow indicó que el artículo era un trabajo desastroso que daba la impresión falsa de que los militares están en contra de Rumsfeld, cuando realmente se trataba de la opinión de los responsables de esas revistas.

Pero los reclamos no eran nuevos. Pedidos similares se habían producido en abril del año pasado cuando varios generales retirados criticaron el estilo de Rumsfeld al frente del Pentágono y varias de sus decisiones en la conducción de la guerra en Irak, a la que Estados Unidos entró unilateral y preventivamente, tal como marca la llamada “doctrina Bush” que Rumsfeld diseñó junto a su segundo, Paul Wolfowitz, y al vicepresidente Dick Cheney.

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El renunciante, Donald Rumsfeld, seguido por el presidente George W. Bush y su nominado, Robert Gates.
 
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