EL MUNDO › SE DESPEGA DEL MAGNICIDIO DE LA LIDER PAQUISTANI

Al Qaida dice que no la mató

Al Qaida dijo que no fue y lamenta la muerte de Benazir Bhutto. Tanto los mandos en Pakistán como sus aliados tribales protalibán salieron a rechazar las acusaciones del gobierno de Pervez Musharraf y de su aliado, Washington. “El asesinato de Benazir Bhutto es una cuestión política y existe una gran posibilidad de que las agencias de inteligencia paquistaníes estén detrás del ataque”, le dijo a la cadena británica BBC Maulvi Omar, vocero de Tehrik-e-Taliban Pakistán, el grupo cercano a Al Qaida que había señalado Islamabad.

El jefe de la red terrorista en Pakistán también rechazó su presunta participación en el atentado del jueves pasado y culpó al presidente Musharraf. “Es una conspiración del gobierno, del ejército y de los servicios secretos paquistaníes”, aseguró su vocero, el maulana Omar. Según explicó, atacar a una mujer contradice las leyes tribales por las que ellos se rigen. Omar fue aún más lejos y elogió a la ex primera ministra, una dirigente tradicionalmente opuesta a los grupos islámicos radicales. “Benazir no era sólo una líder de Pakistán, sino también una líder de renombre internacional. Expresamos nuestro profundo dolor y la conmoción que nos ha provocado su muerte”, señaló.

Para los grupos protalibán de la zona tribal lindante con Afganistán, tanto el atentado como toda la convulsión posterior es un “teatro” del gobierno para deslegitimar a los jefes tribales ante el resto del país y el mundo. Desde la crisis de la Mezquita Roja, cuando un grupo de clérigos radicales se atrincheró y enfrentó al gobierno con fusiles y ametralladoras, Musharraf se encuentra en una guerra verbal y militar contra los jefes tribales del norte, que, dice, serían los principales promotores de los atentados terroristas en el país.

En esta guerra, Al Qaida se alió públicamente con los jefes tribales y Musharraf recibió una nueva palmada en la espalda de Wa-shington. Según publicó la prensa norteamericana ayer, este enfrentamiento impulsó un crecimiento inédito de Al Qaida en Pakistán, dificultando aún más la guerra en el país vecino, Afganistán.

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